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miércoles, 8 de mayo de 2024

 

51. 

11·05·2024

III Aniversario. La Fuente de la Felicidad 

I

LA FUENTE

   Había trascurrido un año, un año ya, un año más. Un año desde aquel 6 de mayo del vigesimotercero de su era, un año desde aquel en el que celebraban otro aniversario de la fundación de la Orden de los Caballeros Alazanes y de sus primeros pasos y andanzas. Aquellos dubitativos inicios en los que las sangrantes espinas de los zarzales se tornaron en plácido follaje y las maliciosas piedras del camino en liviana arenilla de playa.

   Aquel día se presentó ante ellos, surgiendo de entre las sombras y sin que nadie se diera cuenta, un enigmático personaje, más vagabundo que peregrino, más ermitaño solitario que aldeano oriundo. Sus andrajosos harapos y sus roídos calzados lo delataban. Para nada mejoraba su imagen la mugre que recubría su piel tostada por el sol, la cual desprendía una apestosa estela tan solo seguida por una horda de moscas que, a buen seguro, eran las únicas acompañantes en su maltrecho viaje.

    Hambre y sed, toda la que un hombre puede sufrir y soportar, pues de tal saco de huesos no había indicio alguno de haber ingerido alimento consistente en mucho tiempo. De ello se percataron los comensales al ver como sus lánguidos ojos, ahogados en lágrimas y desencajados de las órbitas, contemplaban las viandas que cubrían las mesas y acompañaban con su mirada el baile de las jarras de cerveza que danzaban de brindis en brindis.

- Acérquese pobre hombre y coma algo, pues buena falta parece que le hace.

- Mil gracias mi señor, que los dioses me libren de rechazar tan gentil invitación.

- Y mientras repone fuerzas con estos manjares, díganos quien es y que hace por estos lares.

- Para unos soy un chamán, curandero o sanador, para otros, un maléfico vidente o brujo endemoniado que merece arder en la hoguera y para el resto tan solo un vividor charlatán que va contando fábulas mientras mendiga un mendrugo de pan que llevarse a la boca. Si aquí me encuentro es por la curiosidad que se ha apoderado de mí, atraído por el jolgorio y algarabía que resuena más allá de los lindes de esta aldea y que, guiado por el sonido de los cantos y risotadas, me han hecho llegar hasta la presencia de tan honorables caballeros.

- Cierto es. Quizás la ilusión desmesurada que nos brinda el poder celebrar nuestro aniversario en grata compañía ocasione un alboroto mayor del esperado y seguramente del deseado por los vecinos del lugar. Pero también es cierto que el evento así lo requiere.

- Seguro que sí. Ojalá puedan mantener tanta gloria y ventura durante los años venideros, incluso para siempre. Y no tengan dudas que en sus manos está que dicho anhelo pueda ver la luz y se haga realidad durante su longeva y fructífera existencia.

- ¿Para siempre? ¿De verdad existe alguna pócima milagrosa o algún método ancestral que pueda garantizar tal deseo?

- Cuenta una mística leyenda popular que en algún lugar oculto y desconocido se alza la llamada Fuente de la Felicidad Eterna, nutrida por un manantial de agua sagrada tocada por los dioses y que, al parecer, quien bebe de alguno de sus caños le sonríe la fortuna y le envuelve una nebulosa de alegría y gozo que le acompaña y perdura hasta el fin de sus días.

- ¿Y de ser cierta tal historia, dónde podemos hallar tal valioso tesoro?

- Poco puedo aventurarles, pues no está en mi mano desvelar el paradero exacto de dicha fuente, pero sí sugerirles una manera de encontrarla.

- ¿Y cuál es esa propuesta que nos ofrece?

- Sencillo. Tan solo tendrán que descifrar un acertijo que juglares y trovadores han cantado durante generaciones y que reza de esta manera:

 

“No busques más allá del horizonte,

pues está más cerca de lo que crees.

Cierra los ojos, que el corazón te guíe.

 

Pero esto ten presente:

cuanto más tú te alejes,

al trote o a veloz galope,

más se alejará la Fuente”

 

   Dicho lo cual, y habiendo cargado copiosamente de sustento su zurrón, se despidió de los comensales para proseguir su camino con la firme promesa de volver un año después y comprobar si el éxito les había sonreído en la misión y el reto que les acababa de conferir.

   Porque así lo tomaron, como un propósito para las siguientes semanas y meses, un objetivo esperanzador y una búsqueda ilusionante: encontrar esa reliquia que les abriría las puertas de la felicidad eterna. Hacer realidad esa leyenda y agrandar así la suya propia.


II

AL GALOPE

     Y de esta guisa, ataviados con sus más rutilantes atuendos, cotas de malla, cascos y armas en perfecto estado de revista, al igual que con las monturas, riendas, estribos y demás arreos de sus corceles bien lustrosos, centelleantes y encerados, iniciaron sus cabalgadas semanales, de norte a sur y de este a oeste, padeciendo y tolerando sin afligirse los ardientes dardos del verano, el manto gélido del invierno, el mazo del cierzo acosador y otros tantos percances, contratiempos y desventuras que vertieron sobre ellos sus más perniciosas garras.

   Lances que, lejos de minar su pétrea moral y su fe en ellos mismos, endurecieron su armadura y acrecentaron la voluntad de hacer realidad el sueño marcado.

   Aprovecharon los últimos coletazos de la primavera y sus suaves temperaturas para emprender, en las últimas semanas de mayo, gestas que requerían cierto esfuerzo como la ascensión a la Atalaya de Peñaflor y al Alto del Campillo, o por Vallobera y Bosque Alto hasta Jaulín. 

   Ya en junio galoparon por los montes de Villamayor para coronar los vértices geodésicos de Francés y Flora, por los caminos de Estepa y Salada hasta el parque eólico Arias, y por Valdeatalaya y el Palú hasta Abejares. 

   Con julio y agosto llegaron las ardientes temperaturas, pero no por ello permanecieron los corceles en los establos. La Muela, las sendas de Cagarroz, pinares, torres, masías, ermitas y conventos fueron, estos meses, testigos de sus andanzas. 

   La barcaza de Sobradiel y la desembocadura del río Jalón, Torrecilla y los montes de Valmadrid, el Cabezo de la Horca y las ruinas de Rodén Viejo, Bárboles y Alagón, Pastriz y la Loma de los Franceses, Hermenegildos y la Cueva de la Hiedra también sufrieron el azote de sus herraduras antes de la arribada del crudo invierno.

    En más de una ocasión se vieron obligados a planificar rutas antibarro. Antibarro sí, pero de esas con las que tornaban a sus hogares tan rebozados en lodo que los guerreros de terracota de Xi´An parecían a su lado reyes de la pulcritud. 

   Antes de finalizar el año aún tuvieron arrestos de cabalgar por Acampadero y el Corral de la Pica, la Ermita de San Jorge, presa de Pina y La Puebla de Alfindén, las Planas y la senda de los Sapos, San Esteban y la calzada romana, Juslibol, Alfocea y Monzalbarba, Villafranca y el casino de Montesblancos.

   Con la Navidad aparcaron su búsqueda de la Fuente para disfrutar de la tradicional Ruta de los Belenes y de la celebración de estos días festivos tan señalados con un espectacular almuerzo en hermandad, donde se rindió un merecido homenaje a uno de los jinetes que goza de más aprecio y estima por parte del resto de la milicia. Veterano, fundador, alma y corazón.

   Año Nuevo, nuevas rutas. Mozota, Muel y Botorrita, Cuesta del Arzobispo y Urbanización fantasma, Karting de Zuera, Alfajarín y Petrusos, Perdiguera y la Sabina milenaria también visionaron el paso fugaz de esta incansable hueste en su afán de rastrear cualquier indicio que los llevara a resolver su cometido.

   Como las batidas próximas a la villa de Saraqusta no daban el resultado esperado también organizaron caravanas fuera de sus lindes. Con carromatos, carruajes y tartanas con los que trasportar las cabalgaduras visitaron, entre otros poblados, Belchite, Valdejasa, Rueda de Jalón, Tardienta, Remolinos, Quicena y Paniza, desde donde iniciaron respectivamente espectaculares rutas al Castillo de Sora, Ojos de Pontil, Ermita de Santa Quiteria, La Puntaza, Castillo de Montearagón y el Santuario de la Virgen del Aguila. 

   El broche dorado de todas ellas al finalizar la correría era similar: taberna acogedora, larga mesa con un buen número de Caballeros Alazanes en torno a ella, menú consistente, bromas y risas, tiempo de tertulia y extenso repertorio de batallitas. Un lujo, sin más.  

   Y no solo eso. También se tomaron la libertad de organizar un peregrinaje hacia otro de los Reinos de la Corona de Aragón, hacia tierras valencianas. Una decena de aguerridos combatientes, con las alforjas cargadas de lo necesario para tal proeza, y empacados en una nube de sensaciones dispares, iniciaron la marcha en busca de la fina línea donde el cielo besa al mar. 

   Cruzaron la estepa maña, los montes turolenses, los bosques castellonenses y cabalgaron por la Vía Verde para presentarse frente a las murallas de la capital del Turia. Pecado mortal hubiera sido regresar sin degustar el plato típico de allí, por lo que, no sin un esfuerzo sobrehumano, devoraron hasta el último grano de una fastuosa paella. Pero paella, paella. No ese “arroz con cosas” que tanto le daña el paladar y la vista al talibán de la terreta. 

   Tiempo hubo también, mientras les seducía la brisa mediterránea, para gozar de unos momentos de reflexión y paz interior frente al mar antes de retornar a Saraqusta.

   Y allá donde engendran torneos la presencia de la Orden no podía faltar. Justas, lides y otros desafíos semblantes se tercian como ocasiones idóneas donde mostrar y lucir sus habilidades y excelencias para el combate. Y que mejor oportunidad que uno de los de mayor prestigio y participación: el Orbea Monegros.

   Hasta allí acudieron sin temor alguno a pesar de tener la certeza de que tendrían que aguantar frío, lluvia y viento en una misma jornada. Sin olvidar el barro y el polvo en ingentes cantidades, de sobra para donar y regalar. Con ese manto que los envolvía hicieron realidad las palabras cristianas de las Santas Escrituras: “polvo eres, y en polvo te convertirás”.

   Aún con todas estas penalidades dejaron el pabellón bien alto, como gloriosos héroes, como ídolos, como lo que son.

   Pero de la Fuente, ni un vestigio o señal. Ya dudaban de la salud mental de aquel farsante embaucador y se preguntaban si no los había seducido con una odisea de desenlace poco honroso y que más bien se asemejaba a la fábula delirante de un trastornado. ¿O los trastornados eran ellos por perseguir esa visión fantasiosa?


III

EL ENIGMA

     Los recuerdos dieron paso a la realidad y las historias vividas al presente. Allí estaban de nuevo, un año más tarde, en la misma taberna, en la misma aldea, coloreando el lugar con sus casacas rojiblancas y ondeando con orgullo el estandarte de la hueste.

    Todavía resonaban los castañazos de jarra contra jarra y los bramidos de los concurrentes a la celebración cuando una figura fantasmagórica se presentó ante ellos. Les costó reconocer a aquel vagabundo del año anterior, pues su aspecto aún era más decrépito y lastimoso y, de no ser por la sonrisa que asomaba entre sus huesos faciales y la nube de moscas fieles que seguían con él, hubieran jurado que se trataba del espectro de un alma huida de los infiernos.

- Pero buen hombre, que mal ha propagado en este tiempo para que el destino le haya deparado tal esquelética compostura?

- Como podrán apreciar vuestras mercedes, escasos son los soplos de buenaventura con los que he sido favorecido por el azar y la providencia.

- Y aún así mantiene, cual hoja perenne, la sonrisa en su rostro.

- Como ha ser, pues este es el mejor regalo que podemos ofrecer al prójimo los que carecemos de todo bien material. Y si de sonrisas hablamos me gratifica constatar que sus arcones se hallan rebosantes de ellas, con lo que puedo deducir sin temor a equivocarme que lograron completar el desafío y fueron capaces de toparse con la Fuente de de Felicidad Eterna. ¿Estoy en lo cierto, verdad mi señor?

- Siento defraudarle pero me veo en la obligación de informarle de todo lo contrario. Hemos cabalgado sin tregua, recorriendo cuantos caminos, montes y aldeas conocemos, incluso algunos desconocidos y alejados de nuestras lindes, lugares misteriosos y recónditos, castillos con historia, rutas marcadas por leyendas populares, hemos devorado millas y millas bajo las herraduras de nuestros corceles pero sin el resultado esperado.

- Que los dioses perdonen mi osadía por contradecirle pero doy fe que, sin lugar a dudas, han logrado su propósito. Es más, convencido estoy que desde hace mucho tiempo ya están tocados por esa agua bendita, pero no han sido capaces de verlo. Quizás han galopado en busca de una fuente material, una fuente que no existe como tal. De haber dedicado algo de su tiempo a descifrar el acertijo tengan por seguro que, antes de voltear el reloj de arena, habrían encontrado la respuesta.

- Puede ser, pero entienda que somos hombres de armas, amazonas y jinetes, guerreras y paladines, todos curtidos en mil batallas, héroes en un sinfín de legendarias andanzas, pero lo de las letras... lo de las letras debo reconocer que para nosotros es algo testimonial, lo justo para no pecar de incultos y poco más. El uso de pergaminos, plumas y tinteros se los cedemos a eruditos, escribientes, monjes y otros hombres de Fe. Por ello si tuviera a bien ofrecernos la resolución a esta incógnita estaríamos agradecidos de por vida.

- Pues que así sea. Bien simple y evidente es. No tienen más que mirar a su alrededor y contemplar el semblante de la tropa y el ambiente de fraternidad y concordia que los envuelve. Como bien les dije no había que buscar más allá del horizonte, que la fuente estaba más cerca de lo que podían pensar y que cuanto más se alejaran, más se alejaría ella. ¿Y por qué? Porque LA FUENTE DE LA FELICIDAD ETERNA SON USTEDES MISMOS, y cada uno de ustedes son un riachuelo que aporta al manantial sus mejores valores. Y así, mientras vuestras mercedes no cesen de verter sus dotes y esencias personales a la fuente, esta permanecerá rebosante de contagiosa y eterna felicidad. Como hoy, como el año pasado, como siempre lo han hecho.

     Dicho lo cual, y habiéndolos dejado boquiabiertos y pensativos, marchó por donde había llegado y de igual forma: sosegado, sigiloso, discreto y con su perpetua sonrisa, pero en esta ocasión con una bolsa repleta de monedas como pago a su altruista y generosa enseñanza.

    Poco les duró el tiempo de reflexión, tan solo hasta que el tabernero repartió una nueva ronda de jarras de cerveza. Un brindis más y ya habían olvidado al peculiar caminante y a su enigmática docencia.

    Aunque, por fortuna, no todos procedieron así. Algunos grabaron a fuego sus palabras para que no quedaran relegadas en las tinieblas del olvido, la ignorancia y el oscurantismo.


EPILOGO

   Pocas semanas después les llegó la triste noticia desde una aldea cercana. Habían prendido, encarcelado y sometido a todo tipo de vejaciones y torturas a un mendigo vagabundo con una bolsa de monedas que según aseguraban  debía de ser robada. 

   Predicaba locuciones escalofriantes, sobrecogedoras y sin sentido, lo tomaron por un maleante perturbado y por ello fue condenado a la horca. Camino al patíbulo canturreaba algo desconocido para los asistentes a la ejecución y que no lograban entender: 

“...cuanto más tú te alejes... más se alejará la fuente...”. 

    Mayor sorpresa aún fue observar cómo, ya con la soga al cuello y balanceándose, mantuvo la sonrisa mientras le quedaba un hilo de vida. Y fue a partir de ese instante cuando algunos se dieron cuenta que aquel pobre hombre puede que hubiera perdido la cabeza, pero ellos habían perdido el corazón.

Por ello, y desde ahora, estarían condenados a vagar eternamente por los senderos de las lágrimas y la oscuridad.


“Ya no mana la fuente, se agotó el manantial;
ya el viajero allí, nunca va su sed a apagar.


Ya no brota la hierba, ni florece el narciso,
ni en los aires esparcen su fragancia, los lirios.


Sólo el cauce arenoso de la seca corriente
le recuerda al sediento el horror de la muerte.


¡Mas no importa! a lo lejos otro arroyo murmura
donde humildes violetas, el espacio perfuman.”

 

(Rosalía de Castro)


viernes, 15 de diciembre de 2023

50. 

16·12·2023

Almuerzo Navidad

Navidad del vigésimo tercer año de nuestro Siglo. En algún lugar de Saraqusta... ...

Paseaba por las embarradas calles de la villa cuando observó un tumulto en la plaza y decidió acercarse y comprobar como los vecinos hacían corro en torno a un juglar arribado desde quien sabe donde y que, acompañado de la melodía que resonaba al pulsar las cuerdas de su laúd, contaba y canturreaba las hazañas de ciertos jinetes muy célebres y afamados del territorio. Llegó a tiempo de escuchar atentamente parte del cantar que entonaba así:

 

“ Y ahí estaba Sir Fer, aposentado en un lugar privilegiado de la mesa, junto al Gran Maese de la Orden de los Alazanes, pero con la mente alejada del bullicio, abstraído y ajeno a cuanto acontecía a su alrededor mientras disfrutaba observando los rostros dichosos y risueños de sus Caballeros en un día tan especial como era este.

 La correría con la que previamente habían cabalgado hasta la aldea de Pastriz no entraría en los anales de la historia por su distancia ni dureza, pero tampoco esa era la pretensión. Su fin no era otro que el de disfrutar de un día de convivencia, fraternidad y compañerismo celebrando como se merecía, y un año más, la llegada de la Navidad.

 Una vez despertó de esa burbuja de aislamiento y ensoñación que lo envolvía y retornó al mundo terrenal logró, a duras penas, adoptar una digna posición erguida y golpeando bruscamente y repetidas veces su jarra contra la maciza tabla, donde tan solo resistían pequeñas muestras de los manjares devorados y engullidos por los comensales allí presentes, logró acallar la algarabía y el jolgorio reinante y dirigiendo la mirada al infinito alzó la voz para clamar este brindis:

 - Por el pasado y el presente, por las andanzas, aventuras y desventuras que forjan nuestra leyenda.

- Por la Vieja Guardia y los fundadores de la hueste que son como las raíces profundas de las que se alimentan el resto de las plantas y flores.

- Por los nuevos jinetes que a lo largo de estos años han ido engrosando nuestras filas y que al igual que las nubes, que de primeras no saben dónde van, confían en el viento y se dejan llevar.

- Por aquellos que, con fé, tesón, constancia y fuerza de voluntad, han dejado escapar sus miedos internos para perseguir los retos personales y poder soñar con ser un río bravo antes que agua estancada.

- Por los que no temen a las cumbres más abruptas y escabrosas y afrontan las ascensiones sin dudarlo, con cierta dosis de heroicidad y conscientes de que no se puede atravesar el mar solo mirando el agua, sin mojarse, sin intentarlo.

- Por los que disfrutan en los descensos, por arriesgados y osados que sean y que los acometen con pericia y cierto tinte de temeridad, pero emulando al agua del río que no teme lanzarse al vacío porque de ello nacen las cascadas más bellas.

- Por los que incitan y participan en esas danzas cuya popularidad ha alcanzado cotas insospechadas y que aún hoy se desconoce el motivo real pues carecen de coordinación, armonía y entendimiento pero que hacen las delicias del pueblo llano.

- Por los que plasman en coloridos lienzos las estampas, retratos y paisajes que componen las escenas más relevantes de las correrías para que queden resguardadas a buen recaudo, a disposición de todos y no caigan en el pozo del olvido.

- Por los que en las rutas no se acobardan ante la lluvia, niebla, frío, cierzo y en vez de retirarse y buscar cobijo, al igual que harían otras aves, imitan a las águilas que atraviesan las tormentas hasta volar por encima de ellas.

- Por los que han padecido y padecen enfermedades, lesiones y heridas de guerra pero que, como el romero, pueden doblegarse ante el viento pero nunca se quiebran y vuelven con más fortaleza y con su esencia y fragancia intactas.

- Por los optimistas que siempre ven el vaso medio lleno y contagian su ánimo a la tropa con cantos, bromas, chanzas y tertulias. Los que son conscientes que el viento puede nublar el cielo pero prefieren pensar que también lo puede despejar para que el sol pueda brillar.

- Por más días como este, rodeado de hermanos, compartiendo mesa repleta de viandas variadas, unas sanas y otras no tanto, vino, cerveza, licores e incluso agua, con los poros de la piel obstruidos con las grasas porcinas, las mejillas con matices rojizos y los ojos inundados de lágrimas de alegría, gozo y regocijo.

- Habéis podido percibir como he eludido mencionar vuestros nombres porque jamás me perdonaría olvidarme de alguno. Pero, bien cierto es que seguro que cada uno de vosotros os habréis sentido identificados con alguna de las citas de este breve y escueto brindis.

- Y para acabar:

- Por el futuro, para que al menos iguale lo disfrutado hasta ahora, para que los Dioses nos protejan, amparen y auxilien y para que el Destino sea benévolo, magnánimo, nos pille confesados y sea indulgente con nuestras pifias y pecados.

- Por todos vosotros, por todos nosotros y por todo ello: alé alé !!! 

Y el festín continuó, desenfrenado, ahuyentando los malos espíritus y compartiendo los mejores deseos, como si se hallaran en un salón vikingo antes de emprender una nueva travesía hacia lo desconocido, bragando con mares embravecidos, pero saliendo airosos de todos ellos, agrandando así su historia, su epopeya... ... como la de nuestros legendarios Caballeros Alazanes."

 

Pero el reloj de sol de la fachada de la iglesia le advirtió que era la hora de partir y por ello se vio en la obligación, muy a su pesar, de alejarse del lugar. Y mientras en la plaza aplaudían y vitoreaban al juglar instándole a continuar con su relato a él le conquistaba la esperanza de que en un tiempo no muy lejano sus caminos volverían a cruzarse para escuchar nuevos cantares que poder plasmar sobre los pergaminos con su pluma y tintero.

 

FELICES FIESTAS !!!

viernes, 21 de octubre de 2022

 

47. 

21·10·2022

Si la Naturaleza te susurra al oído... escúchala.

“Nunca he visto a un árbol avergonzarse de sus ramas y flores,

nunca he visto a un águila escondiendo sus divinas alas,

nunca he visto a un pájaro sin cantarle a la mañana,

nunca he visto a un río estancarse ante una piedra,

nunca escondas tus sueños, lucha por ellos.”

 

 

Allí estaban, abuelo y nieto, guerrero y aspirante, maestro y discípulo, sabiduría y curiosidad, la placidez que dan los años frente al ardor juvenil, ambos sobre la cima más elevada que encontraron y desde donde la naturaleza se plasmaba ante ellos con todo su esplendor: ríos y afluentes, arboledas y mantos de flores, sotos y galachos pero también secarrales casi esteparios así como un variopinto repertorio de aves, mamíferos e insectos.

 

A sus pies Salduie, la ciudad íbera donde habitaban, con sus casas fabricadas con un zócalo de sillares de alabastro recrecidos en adobe, sus muros decorados con pinturas o simplemente enlucidos con cal y sus pavimentos de ceniza o gravilla apisonada, donde los más lujosos se mostraban con mosaicos de dibujos hechos de teselas embutidas en mortero. De entre todos los edificios resaltaban como joyas el Foro público y el mercado cubierto. Atrás quedaron las cabañas de los primeros asentamientos en la confluencia de los ríos Ebro y Huerva de la Edad de Bronce Final y las viviendas, ya de adobe, de la Primera Edad de Hierro. Porque desde esos tiempos inmemoriales el emplazamiento ya no paró de crecer.

 

Ellos, los sedetanos, conocieron la prosperidad, capaces incluso de acuñar su propia moneda, la cultura urbana y el desarrollo político, inducido por el contacto con las civilizaciones mediterráneas, griega y fenicia, y transmitida a lo largo del canal de comunicación que suponía el río Iberus antes de la llegada de los romanos.

 

Al contrario que sus vecinos los celtas y celtíberos hostiles a Roma como los titos, belos, lusones... ... que ofrecieron una resistencia larga y consistente a la ocupación romana, pues su vida se orientaba a exaltar el valor personal, el honor y la guerra, los antecesores de nuestros protagonistas colaboraron con ellos. Sus aristocracias fueron combatientes que lucharon en escuadrones de caballería como parte de los contingentes militares romanos y a los que se les erigían monumentos funerarios adornados con estelas en las que se representaban jinetes, caballos y lanzas.

 

Porque el caballo era parte de ellos, de su vida, de su muerte. Así continuó durante siglos, con los visigodos, la invasión musulmana, la Reconquista, el Medievo y sus Órdenes militares como la de los Alazanes, incluso en la actualidad, dando nombre a cierto grupo ciclista que rueda forjando su propia leyenda. Pero eso es otra historia.

 

El abuelo, en su lucha contra el tiempo, se negaba a que toda la sapiencia y conocimiento con el que le habían ilustrado y que se había transmitido de boca en boca durante generaciones se diluyera y quedara en el olvido y el ostracismo ante el empuje de las nuevas culturas. Por ello apuraba cualquier oportunidad o coyuntura para inculcar al inquieto mozalbete todo el saber que había heredado y con el que había pulido su carácter, cultivándose y actuando tan solo como un espectador privilegiado de cuanto le rodeaba, de cuanto le ofrecía la naturaleza, de cuanto le brindaba la tierra.

 

Divisaron en el horizonte y en las puertas de la ciudad como los valerosos jinetes montados en sus flamantes alazanes iniciaban una nueva correría hacia las Portilladas y los montes de Alfajarín donde siglos después sería edificado un Castillo que acabaría en manos de una noble familia y donde aún más tarde se alzaría una estatua para rendir culto al Toro y cuya visita era, y es, de obligado peregrinaje.

Verlos partir desencadenó un revoloteo en la mente avispada del zagal y un aluvión de preguntas que pondrían en jaque la serenidad, el temple e incluso la paciencia del abuelo.

 

- Abuelo... ¿Algún día yo también cabalgaré con el resto de los guerreros de la tribu?

- Por supuesto, pero tranquilo. Fíjate a tu alrededor: la naturaleza solo florece en primavera, hasta entonces las raíces se mantienen fuertes bajo tierra. A ti también te llegará tu primavera, pero has de tener paciencia. Todo florece cuando tiene que florecer, los árboles no fuerzan para que nazcan sus frutos, simplemente salen cuando toca.

 

- Si, ya, pero... ¿Cuándo estaré preparado? ¿Cuánto me falta aún?

- Todo tiene su tiempo y lleva sus pasos. ¿Has intentado alguna vez encender un fuego empezando con un tronco grueso? ¿A que no se puede? ¿Verdad que primero hay que ir poniendo ramita a ramita? Pues tu aprendizaje y entrenamiento ha de ser igual, ramita a ramita. ¿Tú crees que sin el adiestramiento necesario nuestros guerreros hubieran coronado las Planas por Vallobera con la facilidad con la que alcanzaron la cumbre la semana pasada?

 

- Es que cuando duermo me veo trotando con ellos y soy tan feliz...

- Pues entonces se fiel a tus sueños y al camino que te has marcado para alcanzarlos. Mira allí abajo. ¿Ves el río? Si no siguiera su llamado hacia el mar se convertiría en agua estancada. Pregunta a veteranos por el grandullón de sonrisa eterna, por su tesón, su fuerza de voluntad y la satisfacción que le da superar sus propios retos, miedos y desafíos. Tanto en aguas mansas como en rutas hacia la Presa de Pina o en otras más bravas como en el Alto del Campillo y por los Montes de Villamayor, nunca se estanca. Y como él hay otros tantos que ahora idolatramos por su ejemplaridad.  

 

- Ahora que has hablado de miedos... Lo de salir de casa la primera vez a recorrer nuevos caminos, hacia lo desconocido... buff, no sé...

- Me lo pones fácil. Observa aquel pajarillo, seguro que él también creía que su nido lo era todo hasta que abrió las alas, voló y descubrió inimaginables nuevos mundos. No tengas miedo a saltar del nido, peor es quedarse toda la vida enjaulado. Eres testigo de cómo cada semana nuevos jinetes han cabalgado con la hueste por primera vez. Arropados y al amparo del resto ahuyentaron sus temores galopando hacia Rodén Viejo, Toro de la Muela, o parque de Muel. Habla con ellos y seguro que disipas los tuyos.

 

- ¿Y si fallo o no estoy a su altura?

- Y seguro que te pasará, y en más de una ocasión. Pero... ¿Acaso has visto algún árbol perfecto, recto y erguido? Todos están torcidos y tienen ramas rotas como cicatrices tenemos los que ya hemos vivido lo nuestro. Pero cuando falles no pongas excusas y sigue luchando por tu sueño, como el árbol al que se le rompe una rama y no por ello se paraliza sino que sigue creciendo en su empeño de acariciar las nubes. Además... ¿Quién no ha tenido un mal día, ha pasado mala noche antes de cabalgar, ha tenido problemas con las herraduras de su corcel, no ha comido o bebido como debiera, o ha tocado suelo por desmontar de forma poco ortodoxa?

 

- Seguro que nada es tan fácil como lo cuentas

- Por supuesto que no, pero vuelve a mirar al río y aprende de él. Un día se cansó de tropezar con las piedras hasta que comprendió que si estaban allí era para que pudiera fluir por encima de ellas y desde entonces no pierde su tiempo en cada una que se le aparece sino que las abraza con ternura y las pule. Si aun así le impide el paso abre un nuevo camino y se aleja. Con los problemas que surjan en el tuyo no veas piedras sino puentes. En cualquier ruta, ya sea por los montes de Peñaflor como siguiendo el cauce del Jalón, pueden surgir piedras que entorpezcan la marcha, pero no por ello nuestros jinetes se han rendido, ni lo harán.

 

- Da gusto ver como salen a galopar juntos y como siempre vuelven así.

- Claro, son como las nutrias que habitan en el cauce del río. Cuando duermen se toman de la mano para que la corriente del agua no las separe. Así se aseguran que van a estar siempre en compañía. Ellos hacen igual, cabalgando en vanguardia o más rezagados nunca lo hacen solos.

 

- Pero durante la ruta no rivalizan entre ellos?

- ¿Tú crees que las flores compiten unas con otras? ¿No, verdad? Lo que hacen es esparcir y compartir sus propios aromas y fragancias para sumar en beneficio de todo el prado. Pues ellos hacen algo similar, sumar, sumar y sumar, aportando cada uno su propio perfume y esencia en favor de toda la hueste.

 

- ¿Y si alguno se siente fuerte y decide espolear a su alazán y marchar por delante?

- Alza la vista y observa aquella imponente águila entre las nubes. Ella no puede estar pendiente de si a los demás animales les gusta o no su vuelo. Si ha nacido para ser águila tiene que abrir sus celestiales alas y volar. No esperes verla feliz encerrada en una jaula. Pero sí te puedo asegurar que no se alejará mucho del nido y ante cualquier adversidad acudirá a él con premura. Y es más, aún sintiéndose poderosa no siempre mueve sus alas, también se deja llevar por el viento al igual que nuestros jinetes mas fornidos también cabalgan a menudo protegiendo al resto y no siempre a galope tendido hacia el lejano horizonte.

 

 - Es reconfortante verla volar así de libre y tan afortunada por ello...

- Sí, y volvemos al principio de nuestra conversación. Ahora la ves reinando como señora y ama del cielo pero no olvides que primero fue un polluelo que rompió el huevo y no dudó en saltar del nido, como en su día lo harás tú. Llegado ese momento también te sentirás dichoso y agraciado de compartir aventuras y desventuras con el resto de los guerreros de la tribu.

 

- Si fuera todo tan perfecto como lo pintas, sin conflictos ni desacuerdos...

- Y quien dice que no los hay, claro que sí. A lo largo de los tiempos han surgido discordias y desavenencias de toda índole, pero entonces es cuando hay que ponerse en el lugar de los caballos que montan. ¿Tú crees que si estos se enojaran con cada mosca que se acercara a molestarlos tendrían tiempo para cabalgar libres y salvajes por la tierra? Pues eso, solo hay que darle importancia a lo que realmente la tiene.

 

- Pero... ¿Si se da el caso en que el enfado va a más y de la confusión se llega a la desunión?

- Pues no sería ni la primera ni la última ocasión que esto sucedería. Entonces es cuando hay que emular a los arboles como los que tienes frente a ti. Estos, durante el crudo invierno sueltan las hojas sin aferrarse a ellas pues saben a ciencia cierta que una vez separadas de la rama ya no pueden regresar y aún así no tienen miedo a empezar de nuevo, sin enojarse con la tormenta que se las arrebató.

 

- Ya, pero las tormentas no benefician a nadie ¿verdad?

- Probablemente no aunque, tú que ya has vivido algunas, habrás comprobado como también de las nubes más negras nacen gotas de agua puras y cristalinas y si te fijas en el cielo en una noche cerrada verás como las estrellas brillan más cuanta más negrura las envuelve.

 

- Entonces para manejar con orden una tropa de guerreros como la nuestra hará falta un cabecilla con dientes afilados como los del lobo y el porte de un oso de las montañas ¿no?

- Raro se me hace que hagas esta pregunta pues bien conoces a nuestro adalid y guía. ¿Te parece que posee la envergadura y fortaleza de, por ejemplo, aquel que como cuenta la leyenda hizo llorar a una piedra al caer sentado sobre ella? ¿No, verdad? Pero, por el contrario, si que maneja con maestría otras armas y excelencias que suplen a esas con creces: la complicidad, confianza, el respeto y algunas más.

 

- ¿Tan importantes son esas virtudes?

- Esenciales diría yo, pues si fallas en una corres el riesgo de perder el resto y con ellas el carisma e incluso la lealtad de la milicia que hasta entonces se había mostrado fiel, adepta e incondicional.

Por eso nunca olvides que realmente grande es aquel que para brillar no necesita apagar la luz de los demás mientras que el frágil es aquel que necesita mostrarse continuamente en primera fila para creerse y hacer creer lo que ciertamente no es, aunque para ello tenga que pisotear las huellas y los caminos de los demás.  

 

- Y ahora que empieza a anochecer es hora de volver al calor del hogar, a nuestra ciudad, a la íbera Salduie, a este asentamiento centenario en el que ahora confrontan las nuevas doctrinas arribadas de tierras lejanas con las enseñanzas y el magisterio que nos brinda desinteresadamente y día a día la Madre Naturaleza. Espero que te hayas impregnado de ellas y al menos te haya hecho reflexionar. Con eso me doy por satisfecho. ¿Vamos?


- Vamos!!!

 

 

PD. Este texto rinde homenaje a quien un día decidió romper con todo lo que había sido su vida para retirarse en el corazón de las montañas de México junto a los indígenas Wirrarikas, en comunión con el silencio y la naturaleza y donde encontró gracias a ella la pasión de su existencia: la poesía.

 

Está escrito sin ánimo de señalar ni ofender a nadie, pero si aún así alguien lo lee con ojos nublados o pájaros negros en la cabeza y llega a sentirse de esa manera, desde aquí y públicamente le pido disculpas.

 

AU I ADEU

 


miércoles, 23 de marzo de 2022

19·02·2022

41. El Año de los Lodos

“Veo la cera y veo el barro, al fuego,
ésta ablandarse, aquél endurecerse,
que uno se rinde y otro se resiste”

(Lope de Vega)

Hubo un tiempo donde tal vez el barro se sublevó, donde sus demoniacos tentáculos dificultaron el transitar por los caminos, donde la arcilla en infame alianza con la lluvia se jactó de disfrutar con el padecimiento de carros, caballerizas y viandantes incapaces de vagar libremente y donde por causas insólitas pero cargadas de odio, ira y rencor  juró venganza contra esos seres concebidos con sus propios lodos según las mitologías más ancestrales. 

Mitología como la griega donde Prometeo creó a los hombres moldeándolos con barro a imagen de los Dioses porque según él faltaba un ser que fuera capaz de albergar dignamente el espíritu y que, mientras el resto de animales miraban inclinados a la tierra, a ellos les otorgó un rostro alzado y les ordenó que miraran al cielo y a las estrellas.
O como la Diosa china Nüwa que sintiéndose sola comenzó a crear animales y seres humanos valiéndose para estos últimos de arcilla del río Hwang-ho (río Madre) y agua de lluvia, dotándolos con piernas para que pudieran caminar erguidos y buscándoles en hermosura un parecido a ella misma.

Pero el barro no respeta ni perdona y aún siendo fruto de su propio ser, bien por despecho, bien por malicia innata o simplemente por locura, su cólera se cebó sobre los descendientes de los primeros hombres, los llamados homus (“tierra fértil”). En ciertas lides resultó vencedor alardeando de ello por doquier y de forma grotesca, engreída e insultante. Pero no todas las batallas cayeron de su lado, no siempre fue así, porque doblegar el arrojo, ímpetu y tesón de los Caballeros de la honorable Orden de los Alazanes no era cometido sencillo y asequible. 

Así lo cantaron juglares y trovadores y fluyó de boca en boca y de padres a hijos esta historia. Y he aquí algunas pinceladas y retales de ella: 

· 19 de Febrero del Año de los Lodos:

Amanecía y el cielo amenazante teñía de colores grisáceos tanto el horizonte como el destino de quien no se dejó amedrentar y estuvo dispuesto a cabalgar una vez más. La lluvia caída durante la noche y esos dardos líquidos que aún lanzaban las nubes mermaron la voluntad de algunos de nuestros héroes quienes, quizás con el criterio más cuerdo y sensato, optaron por mantener sus modelados corpachones en el calor del lecho emitiendo estruendosos, acompasados y molestos resoplidos. Pero otros, menos juiciosos y prudentes, no dudaron en plantar cara a la adversidad, se ataviaron con sus clásicos atuendos y decidieron cabalgar como estaba previsto hacia Perdiguera por el vedado de Peñaflor.

En avanzadilla partieron Sir Daniele, el Caballero de la eterna juventud, el inagotable y humeante explorador Javier Moskitt y el soriano sin frío Louis O´Gimen. Tiempo tuvo el hidalgo Fernán, mientras esperaba a Carlo el Campeador de la túnica negra, de cruzar unas palabras con Maese Paskal, quien había acudido al lugar de la quedada con su flamante carruaje a disculparse por no salir con sus fieles jinetes. Gesto que le honraba y mostraba una vez más el talante, dignidad y nobleza de este veterano gran guerrero.

Picando espuelas y fustigando con dureza a sus corceles no tardaron en alcanzar a los que trotaban en vanguardia para, una vez reagrupados, tomar aliento y relajar músculos. Las nubes esbozaron una burlona sonrisa antes de abrir sus fauces y descargar todo el mal que poseían dentro pero ellos, con su legendaria gallardía, hicieron frente a tal ofensa con las armas de la indiferencia y del buen humor. Más no tardó mucho en que otro implacable enemigo les borrara la sonrisa del rostro. Poco a poco de las entrañas de la tierra se fue formando el tan temido lodazal arcilloso quien, sin piedad alguna y con cruel alevosía, los esperó agazapado en la ascensión a la cota más alta de la ruta para trabar herraduras, pezuñas y patas de los fatigados caballos hasta el punto de paralizarlos e inmovilizarlos haciendo imposible la continuidad de la cabalgada. Les llevó más tiempo del deseado limpiar, adecentar y liberar a los malogrados corceles del repulsivo y mugriento adversario que esta vez sí había ganado la batalla. 

Resolvieron retornar a la villa, sin pesarles en exceso la decisión, puesto que carecía de sentido y lógica bregar contra lo imposible. Les quedaría la espinita clavada de no haber completado el trayecto pero tampoco era momento de flagelarse por ello. Tiempo habría. Al igual que tras la noche llega el día, que tras la oscuridad aparece la luz y que tras la tormenta viene la calma, tras el comprensible disgusto los envolvió una aureola de dicha y placer cuando se deleitaron con unos platos colmados de suculentas viandas de, por supuesto, rica y saludable dieta mediterránea, que sin demora engulleron para paliar cuanto antes la pesadumbre anterior. 
Y hubo más, puesto que a punto de despedirse y dividir los caminos hacia las correspondientes chozas de cada uno, alguien lanzó la incitadora frase en tono provocativo de: a que no hay huev... de parar en la taberna de la Barca a tomar una cerveza?? Creo que no es necesario relatar como acabó tal desafío.

A fin de cuentas y dándole la vuelta a la tortilla quizás no resultó tan aciago y funesto el perder la contienda contra el barro y la lluvia. Para nada.

· 26 de febrero del Año de los Lodos:

Por fortuna la lluvia les dio una tregua y por tanto la maléfica arcilla quedo huérfana de su inestimable y valiosa alianza por lo que, muy a su pesar, en esta ocasión tuvo que soportar estoicamente que los diecisiete Caballeros Alazanes que habían iniciado la correría la pisotearan sin contemplaciones desde el Parque del zigzag, a su paso por el cementerio del Burgo de Ebro, en la escalada a la Ermita de San Jorge y así hasta la Presa de Pina y el consiguiente camino de vuelta.

No siempre en el sorteo de la moneda ha de dar cruz, de cuando en cuando salía cara para gozo de nuestros héroes y eso se palpaba en los risueños rostros y en el ambiente festivo, incluso cuando tuvieron que acometer las rampas de extrema dureza que los elevaría hasta los blanquecinos muros de la ermita.
No hubo mejor forma de celebrar la victoria sobre el lodazal reseco e incapaz de plantar cara al constante martilleo que sufrió por las herraduras de los corceles cuando estos galopaban sobre él, que con una de esas danzas tan populares y afamadas que sin preparación ni ensayos previos solían practicar para agradecer al Dios cristiano, a los Dioses paganos y al destino para los menos creyentes en deidades, la buena ventura que les empapaba de salud y felicidad.

La bonanza del clima y la tranquilidad del trayecto dieron pie a tertulias y chácharas variopintas aunque el tema estrella fue el inicio de una nueva guerra no muy lejos de allí, de la invasión de un país a otro, de la destrucción, de masacres, muertes, éxodos, vejaciones y todo lo que ello conlleva. Un esperpento de añoranza de antiguos imperios, de nostálgicos reinos, de falsedades históricas, de demostraciones de fuerza, de expolio y apropiación de las riquezas ajenas, y lo peor de todo de defender hipócritamente estas viles actuaciones en nombre del pueblo, su identidad y bienestar y bajo la coraza de unas ideas políticas caducas y obsoletas que privan de libertades, oprimen al débil, acallan a opositores, eliminan disidentes y reparten miseria conjugando hoces, martillos, cruces retorcidas, grilletes y cadenas.

Quien lleva a cabo semejantes tropelías no puede descender de los hombres creados con barro a imagen y semejanza de los dioses. Ellos no lo hubieran permitido y ante esto seguro que estarían revolviéndose de rabia e impotencia en el Olimpo y en los demás santuarios míticos.

La taberna, ese centro de culto donde siempre finalizan las cabalgadas, fue testigo de celebraciones con cantos y bailes bajo la batuta y dirección de Sir Mike Lion que contagiaron a buena parte de los aldeanos allí presentes quienes no dudaron en participar con coros y palmas. “Ese, ese, ese es el mejor regalo que me puedes hacer... una sonrisa tuya” fueron las palabras que lanzó a los presentes este sinvergüenza grandullón, alma y pegamento de la tropa, y que al hidalgo Fernán le confirmó la valía de la firma de sus escritos afianzando así el puntal de su pensamiento y filosofía de vida:

“Un día sin una sonrisa, es un día perdido”

· 05 de Marzo del Año de los Lodos:

Tentar de nuevo a la suerte no era la opción más aconsejable y menos cuando la semana anterior había sido triunfal para los Caballeros y la lluvia daba la impresión de estar maquinando su cruda venganza. Quizás por mera advertencia o pretendiendo difundir claramente su amenaza, los días anteriores a la cabalgada dejó palpable su intención de guerrear contra nuestros jinetes dejando caer sutilmente sobre la villa y aledaños pequeñas muestras de su poder y empapando con sus cristalinas gotas chozas, caminos, terrenos y cuanto pudiera abarcar.

Por ello el Mariscal de Campo Gocha Glez planteó una ruta de las llamadas antibarro, sencilla y corta por si el empalagoso enemigo hacía acto de presencia con ganas de fiesta y les obligaba a retroceder o girar sobre sus pasos y humillados tener que retirarse con resignación. El destino no era otro que el conocido Puente de Clavería con la idea de retornar por esas novedosas calzadas de material duro y grisáceo que tanto agradecían las castigadas posaderas de los fornidos jinetes. 

Dicho y hecho iniciaron la marcha pasando en un suspiro de ligero trote a galope tendido. Tal fue el severo fustigamiento y flagelación al que sometieron a los corceles y la velocidad adquirida por momentos que en un verlo y no verlo se encontraron a media mañana con la práctica totalidad de las millas previstas ya consumidas. Y he aquí el dilema ... ...  ¿Retornar pronto al hogar a sabiendas del susto y disgusto que ello podría acarrear a la familia al ver entrar a las estilizadas figuras a estas horas tan poco corrientes o darse un merecido homenaje culinario a sabiendas que ello podría poner en entredicho y afectar a la cuidada apariencia atlética de la que tanto presumían?.

Costó, y mucho, decidirse. Tanto que la hueste se dividió salomónicamente y ambas opciones contaron con jinetes que las secundaron. 
Llámese buena fortuna la que disfrutaron los que, con buen criterio, optaron por volver al calor del hogar a disfrutar de la tierna acogida y de la entrañable compañía de la familia pues de esta forma se libraron de la tortuosa experiencia de digerir el platito de degustación que el tabernero les plantó sobre la mesa y que les vendió con aires de famoso chef francés: delicatessen de ave en dos texturas, clara y yema al punto, acompañadas de barritas de fécula salteadas en aceite con toque de sal y muestras de excelencias porcinas reconstruidas en su propio jugo. Para haberse matao. 

Sin poder evitar caer en la tentación y habiendo sucumbido irremediablemente al pecado de la gula no les quedó otra que, como era de esperar en estos abanderados de la glotonería, darlo todo en esta singular batalla para salir airosos y dejar el plato sin rastro alguno de lo que minutos antes allí se apiñaba.
Y como el mal ya estaba hecho, y el arrepentimiento era nulo e inútil, una vez devoradas las viandas y sin remordimiento alguno decidieron por fin huir del lugar del delito y volver a sus respectivas moradas en esos corceles que estupefactos habían visto minutos antes como los caballeros engullían los manjares mientras ellos esperaban amarrados fuera sabedores del esfuerzo extra que se les venía encima. Y nunca mejor dicho pues el sabor de la victoria está mal repartido: unos se llevan la gloria de la gordura mientras otros acarrean con el indeseable peso de ésta.

En fin, que librarse del barro esa semana... cierto es que se libraron, pero para caer en otro lodazal más sabroso y del que tuvieron serias dificultades para emerger de forma honorable y manteniendo un mínimo de dignidad.

· 12 de Marzo del Año de los Lodos:

La venganza se cuece a fuego lento y se sirve en plato frío. Confiados por la buena suerte de las últimas semanas, en las que habían sorteado casi milagrosamente los enfrentamientos con el fango en cualquiera de sus versiones, planificaron una ruta sin otear el cielo ni considerar los avisos y rumores que recibían del posible estado de los caminos por los que debían galopar. Garrafal error que lamentablemente pagarían con creces.

A priori el trayecto carecía de dificultades desmesuradas, sino más bien lo contrario: no muy larga y con escaso desnivel, iniciando la partida desde el Parque Grande hacia el Canal, Centrovía, Casa de los Cazadores, Paridera Barta, Ciudad Deportiva y vuelta por el CR-11. Cómoda y sencilla salvo por... ... ya se lo pueden imaginar vuestras mercedes. Cierto es que días antes las nubes habían vuelto a firmar unas páginas gloriosas en su gris historia descargando parte de su ser en forma de lluvia, que si no de forma torrencial si fue de manera persistente. Pero aún así todas las misivas recibidas por las palomas mensajeras al menos confirmaban una tregua durante la cabalgada. Quizás el mal ya estaba hecho, la trampa les aguardaba pacientemente, y once incaut@s jinetes cabalgaban hacia ella de forma cándida e ingenua. 

Lo que mal empieza... ... Para los supersticiosos y agoreros la caída del Mariscal Gocha Glez en los inicios de la correría fue un mal presagio de lo que se avecinaba. Otros vieron en este lastimoso lance el principio de la sutil venganza de su pringoso enemigo. Afortunadamente la curiosa manera que tuvo de desmontar de su corcel no trajo males mayores, salvo la desoladora imagen de este bravo Caballero en medio del charco al que fueron a parar sus huesos, afanándose por cobrar de nuevo la verticalidad y dejar de asemejarse a una madalena en un vaso de café con leche. Empapada y dolorida la dignidad pero inmaculado e impoluto el pundonor tuvo los honrosos arrestos de volver a cabalgar con aire marcial el resto de la jornada. Bravo por él, seguro que la mayoría hubiera regresado a la villa a por un baño caliente y de terciarse un reconstituyente y sensual masajito de su doncella.

Superada la primera adversidad continuaron con trote sosegado y apacible, entre chácharas, canturreos y sin obstáculos ni amenazas palpables hasta cerca de la mitad de la ruta cuando inesperadamente se vieron engullidos en un primer lodazal que se agarró a herraduras, patas e incluso estribos como la madre que abraza al hijo al partir a la guerra, obligándoles a desmontar, caminar acompañando a los corceles sobre el fango y una vez salvado el escollo movedizo escudriñar los aledaños en busca de palos, ramas e incluso cantos puntiagudos con los que liberarlos de tan pesada y viscosa carga.

Y no sería el primero, pero ya cabalgaban alertados y ojos avizores por lo que divisaron a tiempo la segunda encerrona que les tenía preparada el barro. No cayeron en la emboscada y con la sensatez que, de cuando en cuando, florece de las escasas neuronas que alguno de esos jinetes aún puede presumir de mantener, decidieron bordear el tramo más peliagudo y escabroso campo a través y por terreno firme y seco. A partir de ese punto el hidalgo Fernán decidió mantenerse en retaguardia y cerrando la partida. Ya lo había hecho en otras muchas ocasiones pero en ésta el motivo principal que prevalecía no era otro que el de salvaguardar su integridad física, resguardar su espalda y mantener una distancia prudencial con aquellos que bramaban improperios y le lanzaban miradas que nada tenían que ver con las que se regalan los tortolitos enamorados. En fin, él había propuesto esta ruta y ahora no le quedaba otra que encajar los golpes o al menos esquivarlos con su espectacular juego de cintura de reconocida fama.

El reloj de arena les advirtió del tiempo perdido y eso, unido a las celebraciones familiares y otros compromisos previstos que tenían algunos de los jinetes, decantó la balanza hacia la idea de volver sin acometer la parte inicial de la subida a La Muela por los pinos. Así que pensado y hecho retornaron por un trayecto más llevadero hasta la villa y una vez allí se fueron dispersando cada cual en busca de su, hoy si que si, añorado hogar. A pesar de que la tropa había menguado drásticamente cinco Alazanes mantuvieron viva la tradición de finalizar la correría en la terraza de una taberna y a la orden de Lady Marian Ligth procedieron al popular y castizo brindis: 

“Bici sin cerveza, no me entra en la cabeza”.

· 19 de Marzo del Año de los Lodos

La desazón se apoderó del hidalgo Fernán pues una semana más veía truncado su anhelo de cabalgar junto a sus compañeros de correrías. Sus obligaciones hacia los mercados de corte británico se lo impedían. En el ropero quedó esperándole su atuendo de la Orden y en la cuadra su jamelgo Scotty resoplaba de satisfacción al comprobar que se libraba de sufrir el peso de las lorzas de su amo sobre su lomo.

Los vio partir desde la atalaya más elevada de las murallas de la villa con añoranza, melancolía y una minúscula dosis de envidia. Sana, pero envidia. Hubiera rezado por ellos, pero no sabía. Hubiera suplicado a los dioses paganos fortuna para ellos, pero desconocía sus nombres mitológicos. Hubiera vendido su alma al diablo por cabalgar junto a ellos pero... ... pero igual, igual, exagero. Tampoco era para tanto, el año era largo y cabalgadas no iban a faltar. Alzó la vista, oteó el horizonte mientras se alejaban y creyó confiado en la buena ventura del destino marcado. 

Con júbilo y regocijo iba recibiendo de lugareños campechanos y confidentes creíbles las buenas nuevas: que si galopaban por el recorrido sin ningún incidente, que si seguían fielmente el mapa preparado por el Maese Paskal, que si ya habían pasado por Cadrete y María de Huerva, que si habían dejado atrás Mozota para entrar en Muel... ... Una sonrisa cruzó su rostro de este a oeste al recibir pruebas fidedignas del llamativo, acompasado y dinámico baile que habían brindado a los vecinos del lugar con la vistosa cascada del parque como telón de fondo. Buen escenario, buenos actores, buena danza... ... cuando los ingredientes son de calidad el guiso siempre sale sabroso y suculento.
Aprovecharon el descanso habitual para dar buena cuenta de las viandas que portaban y dedicar unos minutos a visitar la Ermita de la Fuente y contemplar los frescos del pintor más afamado y reconocido del Reino antes de regresar al jogar por el camino lindante de Mozota a Botorrita.

Por fin rebosó de tranquilidad absoluta al recibir una misiva del tabernero informándole de la presencia de sus añorados caballeros que, jarra de cerveza en mano y dando buena cuenta de los platos colmados de patatas que les había servido, compartían tertulia, bromas, risotadas, brindis y demás. Ahí recordó como firmaba anteriormente sus escritos:

 “Todo lo que ilumina debe permanecer ardiendo”.

Con la mirada fija hacia el cielo buscaba al sol que, además de alumbrar e irradiar calor, debía cegar y marchitar a ese barro que tantas penurias y avatares les había originado. Las nieblas matutinas quedaron atrás, las gélidas temperaturas pasaron al olvido y ya solo faltaba que el pringoso enemigo quedara sin vida o al menos aletargado hasta el inicio de un nuevo Año de los Lodos.

Le vino a la mente el recuerdo de una tablilla tallada a mano con la que se topó en un camino y en la que se podía leer:

“No te adentres en lodazales innecesarios pues la mancha del barro ultrajado permanecerá en ti, por siempre”


jueves, 17 de febrero de 2022

05·02·2022

40. El día de la Marmota

- Oye abuelo, hace tiempo que no me cuentas ninguna historia de los caballeros Alazanes. ¿Acaso dejaron de cabalgar?
- Para nada chiquet, todo lo contrario. Es más, se puede decir que durante semanas y semanas padecieron la curiosa sensación de revivir el Día de la marmota. 
Humm... ... por tu semblante entiendo que desconoces el significado de este dicho ¿verdad?. 
Te cuento:

El origen del Día de la marmota nace de la tradición de los agricultores y granjeros estadounidenses que pronostica la llegada de la primavera. 
Cada 2 de Febrero desde 1887 los habitantes de Punxsuatawney (Pensilvania) confían la predicción del tiempo para las próximas semanas a un roedor: la marmota.
 Al amanecer sacan al animal fuera de su madriguera, si el día es nublado y no se topa con su propia sombra la estación del frío acabará pronto. Por el contrario, si la mañana está despejada y el roedor sí ve su sombra y regresa al agujero el invierno se prolongará.

Esta fiesta local se convirtió con el tiempo en una expresión que refleja una situación que se repite una y otra vez, como caminando en círculos, aplicando a los problemas determinadas soluciones que suelen ser las mismas una y otra vez, insistiendo y reiterando comportamientos y formas de actuar hasta sentir que se vive en un eterno y recurrente... ... día de la marmota.

El hecho de vivir atrapados en el tiempo y que en cada cabalgada el contador se volvía a poner a cero les permitía aprender a servir a otros con pequeños actos cotidianos o con grandes gestos casi heroicos, de forma altruista, sin buscar satisfacer el propio ego y regodeándose de los pequeños placeres que les rodeaban.

Atrapados en el tiempo

Y así es como continuaron sus hazañas nuestros valerosos jinetes: sábado a sábado, una y otra vez, enarbolando por doquier todo y cuanto habían dedicado para forjar su leyenda: valentía, entereza, audacia, desvergüenza, integridad, aplomo, fortaleza, osadía, acogimiento, hospitalidad, altruismo, generosidad, hidalguía, alegría, júbilo, diversión, bailes, canturreos... ... y por supuesto una aureola de quijotismo y caballerosidad que los envolvía y protegía.

Semana a semana cambiaba la ruta, el número de Alazanes que participaban en las correrías, las inclemencias del tiempo y las incidencias particulares de cada jornada pero siempre se revivían situaciones similares: las risas en el punto de quedada, el ambiente festivo y jovial en la cabalgada, la solidaridad con los que trotaban en la retaguardia, el auxilio inmediato a quien desmontaba de su corcel de forma poco ortodoxa, las danzas con las que pretendían ahuyentar a la Dama de Hielo que tanto les torturaba con sus perversas y crueles armas: la niebla, el cierzo y las heladas matinales, los retratos de los miembros de la tropa y con otros jinetes hermanados de la Gran Hueste, las tertulias en las tabernas al finalizar la correría... ... 
Y así podría estar hasta secar el tintero y despuntar la pluma.

Pero sí chiquet, no dejaron de cabalgar:

Con el Año Nuevo, un 08 de Enero once valientes se obcecaron en quemar las últimas grasas saturadas ingeridas en Navidad y, como Pulgarcito en su cuento, dejar un rastro por los montes de Peñaflor, Villamayor y Alto de Campillo, aunque estos zampabollos más que de migas de pan iban marcando el camino con restos del roscón de Reyes. 
Siempre ha habido clases, pero mejor que se lo pregunten a los que en la emboscada que tenía la ruta les pesó con dureza el exceso de dulces de estos días. 
De los dulces... ... y de los salados.

El 15 de Enero, bajo un gélido manto que los cubría a temperaturas bajo cero, de nuevo 11 jinetes plantaron cara a las inclemencias y se reunieron en el asador de La Junquera para, tras retratarse con la mesnada de los Rider´s, iniciar una cabalgada por Vallobera y la senda Goya hasta el mirador de las Planas y desde allí y a galope tendido descender como si los persiguiera el diablo. 
Como cambia la historia cuando la crin del corcel apunta al suelo y no hacia las nubes y el peso de algunos caballeros se hace valer en caída libre.

Una semana después, el 22 de Enero, 18 de nuestros afamados héroes optaron por una ruta corta y sencilla para no castigar de nuevo a los nobles percherones: Torres de Berrellén por Monzalbarba, Utebo y Sobradiel. 
Tan factible y elemental era el recorrido que antes del protocolario pis-stop ya se habían salido del itinerario inicialmente marcado debido al lamentable estado en que la crecida del Ebro y sus riadas habían dejado parte de los caminos.
 Tan factible y elemental que en Torres se confundieron de trayecto y trotaron a la ida por el de vuelta o a la vuelta por el de ida... ... ni a ellos les quedó claro. Quizás la abusiva ingesta del elixir que portaba en la bota de piel Lord Danny Guantelete de Yeso les jugó una mala pasada.
 Tan factible y elemental que incluso llegaron a dudar de si llegarían a tiempo a la taberna para celebrar el cumpleaños de Sir Oskar Ambulanç. Por fortuna, y algo de sensatez a la hora de orientarse, el destino no les privó del festejo y el caballero de la montura dorada recibió su merecido homenaje.

Aún gozarían de una nueva correría este mes y el 29 de Enero 16 bravos jinetes se unieron al reto de superar con creces un auténtico rompepiernas y tomar al asalto la Loma de los Franceses  para retornar por Alfajarín, serpentear por unas sendas por las que les guió el guerrillero Javier Moskitt hasta la Puebla y desde allí a Pastriz y como no... ... a cervecear. 
En esta ocasión contaron con la agradable compañía de una nueva amazona, Lady Mar que junto a nuestra Lady Marian Light capitanearon a la tropa con la disciplina y marcialidad que se presupone a los miembros de la Honorable Orden de los Alazanes. 

De esta guisa entraron en el mes siguiente y un gélido 5 de Febrero marcaron como destino en el mapa el vértice geodésico de Hermenegildos en los montes de Zuera. 
12 guerreros coronaron la cima librando una batalla sin tregua ni cuartel contra el cierzo que los golpeaba a pecho descubierto y con toda la furia que era capaz de expeler pero incapaz de contener el sosegado y calmoso trote con el que paulatinamente y sin pausa cobraban metro a metro la escabrosa ascensión. 
Si no puedes con tu enemigo únete a él, debió pensar y por ello en el retorno los impulsó a velocidades vertiginosas de tal manera que las herraduras de los caballos parecían flotar sin ni tan siquiera rozar el camino. 
Aún así consumó su traidora venganza logrando que el Conde Fran de Cartagena rodara lastimosamente por el suelo tras caer junto a su potro desbocado. Por fortuna la lozanía y el vigor que da la juventud jugaba a su favor puesto que de ser la víctima algún otro entrado en años y sobrepasado de kilos posiblemente hubiera llegado a la cuadra de bote en bote y con magulladuras hasta en las pestañas.
 Para superar el mal trago no hay mejor medicina que unas buenas cervezas y unas patatas bravas que en esta ocasión corrieron a cargo de Sir Jesús Electric para celebrar el día de su ......gésimo cumpleaños, al que todos homenajearon tarareando el típico canturreo con las dulces y armoniosas voces que los han hecho tan célebres.

Y por último, y de momento, el 12 de Febrero 14 valerosos caballeros afrontaron una ruta de las de picar espuelas, amarrar con fuerza las trinchas y fustigar con ahínco al corcel. 
El destino no era otro que Jaulín recorriendo las villas de Cuarte, María y Muel hasta llegar al embalse de Mezalocha desde donde, tras dar buena cuenta de las pertinentes viandas y realizar una danza algo anárquica  para ahuyentar a los malos espíritus, acometer cinco kilómetros de ascensión con una parte final de gran rigor, exigencia y dureza, de las que hay que tirar de riñón y donde todo el aire que intentas aspirar te parece escaso e insuficiente.
 Por fin, tras dos años sin volver por allí, el Hidalgo Fernán pudo quitarse esa espinita que tenía clavada pues en la anterior ocasión no le quedó otra que desmontar y coronar a pie. No nos engañemos, tampoco subió como un ciervo en época de celo pero sí mucho mejor de lo que pensó en un principio. 
Quizás esta ruta haya que bautizarla como la Ruta de las Herraduras pues si a la ida fue Sir Louis O´Gimen quien sufrió una adversidad con la pezuña de su corcel y tuvo que cambiar de herradura, a la vuelta la desdicha y el infortunio se cebó con el Mariscal Gocha quien padeció una fatalidad similar. 
Al final de tan provechosa jornada solo cuatro desdichados, que parecían no tener choza a la que volver, fueron los únicos infelices que debieron sufrir el tormento de engullir unas gélidas cervezas y empacharse con unas patatas en la taberna de El Cazador. Pobrecitos.

- Bueno chiquet, ya es hora de irse a dormir
- Sabes abuelo... ... de más niño mis padres me contaban cuentos infantiles pero ahora prefiero tus batallitas de los Caballeros Alazanes.
- Pues entonces disfruta de lo que te hace feliz, por simple, elemental y humilde que te parezca porque una choza donde se ríe es mejor que un castillo donde se llora. Y hazlo una, otra, otra y otra vez, como si estuvieras atrapado en el tiempo, como hacían tus nuevos héroes reviviendo su eterno y particular Día de la Marmota.

"Hazte un favor y se feliz.
Con mucho, con poco,
con nada, con todo.
Pero hazte un favor, y se feliz"