viernes, 10 de septiembre de 2021

 

04·09·2021

30. Alto del Campillo - Atalaya de Peñaflor

El Libro de la Selva

Y en eso que regresaban Baloo y Mowgli hacia la espesura de la selva tras haber seguido, bien ocultos y con la máxima discreción, los pasos de la grupeta de alazanes que al punto de la mañana habían salido del Azud con dirección al Alto del Campillo y la Atalaya de Peñaflor, cuando aprovechó el gracioso y gigantón oso gris para impartir nuevas enseñanzas a su alumno aventajado:

-¿Te has dado cuenta Mowgli como a pesar de sus coloridas vestimentas y los raros artilugios que utilizan para desplazarse no son tan diferentes a nosotros?

- Pues no les veo yo gran parecido contigo Baloo, quizás alguno por el prominente panzón que luce con orgullo pero poco más.

- No hablo del cascarón sino del comportamiento. ¿Recuerdas la lección sobre las "cinco libertades del bienestar animal"?. Te haré memoria y así comprobarás por tí mismo como estos singulares animalitos las tenían más que asumidas e instintivamente las aplicaban en la ruta de hoy:

1. LIBRE de sed, de hambre y de malnutrición: 

Una de las premisas que se inculca a los noveles y se recuerda constantemente a todos es que “hay que comer sin hambre y beber sin sed”. 

Por eso vimos como cada cierto tiempo echaban mano del bidón para hidratarse sobre todo en esos caminos de paisaje estepario, cuarteados por falta de riego y carentes de sombra y cobijo por los que con ligereza transitaron desde Villamayor hasta el vedado y por algún otro similar ya de vuelta por San Mateo, Villanueva y San Juan de Mozarrifar. Por fortuna el sol estival había sido benevolente con ellos en esta ocasión y tan solo apretó al final de la ruta.

 También te habrás dado cuenta como al coronar las dos ascensiones del día, la del Alto del Campillo por la parte más tendida y llevadera y la típica entre pinares hasta la Atalaya de Peñaflor, aprovecharon el reagrupamiento para ingerir alimentos, bien algún plátano de esos que tanto nos gustan a nosotros o bien esas barritas de hojarascas, cereales y frutos secos prensados que deben saber a quién sabe qué demonios.

 Y no te digo nada de la última parada en el bar donde las jarras de cerveza colmaron las mesas de tal manera que tan solo quedó hueco para los platos de esas suculentas patatas que devoraron con pasión. Y más cuando invita por su cumpleaños un miembro de la manada como fue en esta ocasión el caso de Enrique. Canta y sé feliz.

2. LIBRE de disconfort:

Por ello fuimos testigos de como se esmeraron en crear un ambiente de seguridad y tranquilidad que los envolvía paternalmente a todos.

Así contemplamos por ejemplo como en caminos de cierta dificultad rodaban en fila como nadan los patos para ahorrar energía, o como en trayectos que permitían acelerar la marcha lo hacían en formación de V como vuelan los gansos para aprovechar el empuje generado, o como se desplazaban todos en la misma dirección girando siempre a la derecha en el sentido de las agujas del reloj como hacen los ñus azules sobre las llanuras de África. Bueno, hacia esa derecha o hacia la otra derecha pero siempre hacia la derecha. 

Eso sí, recuerda como rodaron siempre en compañía pues esto les ofrecía un efecto tranquilizador y motivador al sentirse arropados en todo momento evitando de esta manera, que como el pez que nada en solitario y aislado de la protección del banco, les invadiera la angustia y la desesperación.

3. LIBRE de dolor y enfermedad: 

¿Te diste cuenta, verdad?. 

Al comienzo de la ruta y nada más salir de Santa Isabel Maria Luz sufrió un pinchazo en la parte interior de la rodilla que la obligó a parar. Lejos de abandonar y volver a casa se tomó, al amparo de los compañeros que permanecieron junto a ella, el tiempo necesario hasta que la dolencia menguó lo justo para pasar a ser una mera molestia que le permitió reiniciar la marcha, eso sí, siempre atendiendo a los sabios consejos de algún marisabidillo que por su avanzada edad había sufrido percances similares en su dilatada experiencia ciclera.

 También Oscar sufrió una estocada en su muslo al final de la subida de un puente sobre la autovía pero sin más consecuencias. Unos estiramientos y a rodar. Poder liberarnos del dolor te devuelve el bienestar.

4. LIBRE de expresarse: 

Y es que si prestaste atención te darías cuenta la cantidad y variedad de señales de todo tipo que emitían sin cesar.

 Señales visuales, pues con gestos avisaban de cualquier peligro sobre el terreno. Señales auditivas para complementar las anteriores (bujeeero!!! raaama!!! din don... ...) y que con cantos, bailes y música acallaron hasta los aullidos de los lobos. Incluso señales químicas, pues entre los arbustos o a lo largo del recorrido iban marcando el territorio por el que pasaban para dejar constancia de su paso por allí emulando el tipico proceder de los perros.

- Ahí te has columpiado Baloo, yo creo que esto último no tenía más historia que la del pis-stop de toda la vida.

- Tienes razón, pero no me negarás que había quedado muy ilustrativo y pedagógico. Pero acabemos con el repaso de la lección:

5. LIBRE de miedo y estrés: 

Solo tenías que mirar sus caras para darte cuenta que la angustia, tensión, ansiedad, temores y desasosiegos no formaban parte de su mochila.

 Ni tan siquiera cuando se retorcían sobre sus bicis para alcanzar las cumbres, ni cuando se lanzaban a tumba abierta en los descensos arriesgados y vertiginosos como el del “Mortirolo”, ni cuando al final apretaba el calor, ni cuando las angustiadas y machacadas nalgas rogaban a Dios un respiro.

 Cada uno era hábil para ciertas cosas y no tanto para otras pero todos desafiaron sus capacidades para superarse a sí mismos y de esta guisa liberarse de lo pernicioso y nocivo que les podía rondar por la sesera.

- Gracias Baloo, cuanto aprendo contigo. Pero... ¿además de procurar labrar y cosechar estas "cinco libertades del bienestar animal" nos parecemos en algo más?

- En mucho Mowgli, en mucho. 

Ellos, al igual que nosotros, no olvidan que no son los dueños de la naturaleza que los rodea sino tan solo sus huéspedes. Saben que está ahí fuera, aprecian su belleza, disfrutan de ella y son felices así. 

Al igual que tú llegaste a la selva amparado por la pantera Bagheera para después ser adoptado por la loba Raksha, la cual te crió como un miembro más de la manada, ellos aceptan de buen grado, con ilusión, gozo y auténtico placer a quien se quiere unir a su grupeta de alazanes como últimamente han sido los casos de Luis C. los tres Carlos, Giorgi, Fran, Javier, Jose Luis y otros tantos que no recuerdo ahora. Perdón por ello.

 Al igual que Raksha hizo contigo ellos intentan aconsejar, guiar por senderos seguros, rodearlos de un ambiente placentero y si es preciso lamer sus heridas y aliviar sus dolencias. Unos por otros todos velan por la seguridad del grupo. 

Ellos, al igual que nosotros, valoran la amistad y el compañerismo así como su goce y disfrute en un entorno tan genuino como la montaña. Es un lujo de vida, salud y alegría que emana calma y tranquilidad y ellos, al igual que nosotros, lo saben.

- Me voy con la lección bien aprendida Baloo

- Si, pero no olvides que, como humano que eres, tus conocimientos puedes usarlos tanto para mejorar como para destruir: Hacer el bien o el mal es solo una decisión. A tomar decisiones y aceptar las consecuencias se le llama vivir.

Y así, poco a poco, las siluetas del vivaracho mozuelo y el oso gigantón se fueron perdiendo entre la frondosidad de la selva mientras cantaban y bailaban felices de haber disfrutado de un día genial.


“La vida es tan incierta que la felicidad debe aprovecharse en el momento en que se presenta”

Alejandro Dumas


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