miércoles, 11 de mayo de 2022

08·05·2022

44. Evento BttZaragoza C.C.

Cuando todos los caminos se funden en uno.

 Hace una semana escribí un comentario en la ruta de Alazanes que hoy considero igual de válido y extensible a lo vivido y disfrutado este domingo. Apuntaba así:

 "Enorgullece formar parte de un Club de gran solera y arraigo, fértil y boyante en virtudes, historia y prestigio, sentirse reconocido por ello, palparlo en las quedadas y en el ambiente que las arropa como la densa niebla invernal, notar que la complicidad es recíproca, que la cordialidad y el compañerismo envuelve la piña tricolor, que las cuantiosas, sinceras y mutuas sonrisas son el mejor regalo y el pegamento más hercúleo, y que a veces con un breve saludo, una mirada limpia y una sencilla mueca al cruzarse en el camino es más que suficiente para el buen entendedor."

 Porque por un día todos los caminos no llevaron a Roma, por un día su destino fue Cuarte de Huerva. Y hasta allí llegaron desde diferentes afluentes y dispuestos a colmar el embalse de La Fraternidad los variopintos grupos que forman este Club. Unos como los carreteros Team desde Alfamén y Cariñena, otros rodando por la ruta de Principiantes propuesta por Paco, eso sí, auténtica de Principiantes Principiantes… … (ahí os la dejo botando). Hubo quienes se escabulleron como pícaras comadrejas y acortaron la ruta con alevosía y determinación e incluso también quienes aparecieron de la nada como los espectros fantasmales de las casas encantadas.

Fuera como fuere, el improvisado corral para las monturas se fue llenando sin tregua ni pausa con un incesante goteo de máquinas, una a una, quedando éstas bien amarradas y seguras al compartir solidariamente sirgas de cable, cerrojos y candados y que una vez entrelazadas formaron una formidable, inaudita y multicolor escultura metálica vanguardista.

 COMPARTIR. Quizás esta palabra sea una de las más indicadas para reflejar lo que fue el alma del evento.

Compartir abrazos, sonrisas, palabras, recuerdos y vivencias.

Compartir saludos entre ilustres veteranos que no coincidían en mucho tiempo, entre compañeros que de cuando en cuando organizamos rutas conjuntas e incluso entre algunos con los que era la primera vez en la que se cruzaban nuestras miradas.

Compartir el aplaudible mérito de aquellos que por diferentes motivos no se quedaron al almuerzo pero que aún así rodaron hasta Cuarte, o el de los que acudieron únicamente para la foto porque por nada querían perderse el momento de posar junto a sus compañeros de andanzas, aventuras y desventuras.

Compartir la invasión organizada de la grada para plasmar el retrato de familia con los colores rojo, blanco y negro de los maillots y con las casacas doradas de los trialeros.

Compartir prendas con aquellos a los que la nueva uniformidad no les había llegado a tiempo pues como contaron las malas lenguas éstas todavía andaban por la ruta de la seda de Oriente o rememorando los viajes de Marco Polo.

Compartir ese doloroso impasse de tiempo con los que la genética, la glotonería y otros excesos gastronómicos nos ha jugado una mala pasada y lejos de poder presumir de unos abdominales tipo tableta de chocolate lucimos con orgullo un prominente melón y por lo cual nos vimos obligados a contener la respiración y contraer la panza mientras duraba el reportaje fotográfico a la vez que manteníamos con dignidad el hilo de aliento justo para compartir los tradicionales cánticos, gritos y brindis tan aplaudidos y afamados en ciertas terrazas de bares bien conocidas por todos.

Y como guinda al pastel del hermanamiento, compartir aposentados en corrillos de cuatro, como tiernos churumbeles de colegio, tertulias, chácharas y parloteos mientras arribaba el ansiado momento de recibir las reconstituyentes viandas encargadas, sabedores, eso sí, de lo complicado que resultaba atender a tantos comensales. Paciencia y comprensión, antes o después, todo llega.

 Como la mayoría no podemos alardear de tener morro exquisito ni paladar fino, somos facilones de contentar y nos conformamos con un sencillo plato de dos voluminosos... (con perdón)... huevos, acompañados de virutas de fécula y una ligera muestra de sabroso producto porcino más que nada por darle algo de color al cuenco. Nada de gula, Dios nos libre.

No hace falta comentar que, como deportistas “pro” tal y como estamos catalogados, somos conscientes de lo fundamental que es la hidratación para un óptimo rendimiento físico por lo que, para evitar que la energía aeróbica de los músculos disminuyera, dimos buena cuenta de jarras de cerveza, refrescos e incluso cuenta la leyenda que hubo quien osó beber agua.

 Tras los pertinentes cafés y algo más de tiempo para coloquios, chistes, bromas y demás, llegó la hora de partir y como las margaritas en otoño nos fuimos deshojando por el camino para que cada pétalo volara a su jardín empujado por una suave brisa y bajo un clemente sol que ya parecía anunciar, por fin, la llegada de la anhelada primavera.

 FELICITAR y AGRADECER a los padres de la idea, a los organizadores y voluntarios que cuidaron hasta el más mínimo detalle y a tod@s los participantes por aportar y compartir su granito de arena para que este Día del Club se celebrara como se merecía, como una maravillosa fiesta que permanecerá en la memoria por mucho tiempo como el día en el que, por una vez, todos los caminos no llevaron a Roma.

 “Todo lo que ilumina

debe permanecer ardiendo

y las sonrisas floreciendo

de entre sus brasas vivas”


martes, 3 de mayo de 2022

30·04·2022

43. Alto de La Muela


Retrato de una piña.

Ahora que quedan días, incluso podríamos decir horas, para celebrar nuestro primer aniversario es de agradecer una vez más que compañeros de otros grupos e ilustres veteranos nos acompañaran de nuevo en una ruta propuesta por este niño que el próximo domingo cumplirá oficialmente un añito. Las buenas costumbres, las que unen, las que hacen piña, esas hay que mantenerlas y revivirlas haciendo valer la firma con la que antaño rubricábamos crónicas y relatos:

"Todo lo que ilumina debe permanecer ardiendo".

 Enorgullece sentirse parte de algo grande, palparlo en las quedadas y en el ambiente que las arropa como la densa niebla invernal, notar que la complicidad es recíproca, que la cordialidad y el compañerismo envuelve la piña tricolor, que las cuantiosas, sinceras y mutuas sonrisas son el mejor regalo y el pegamento más hercúleo, y que a veces con un breve saludo, una mirada limpia y una sencilla mueca al cruzarse en un camino es más que suficiente para el buen entendedor.

Y así ha sido durante estos primeros meses de vida: rutas conjuntas como la de Las Ermitas en Junio y junto a las Women Bikes Mañicas en Marzo, o el almuerzo que organizamos en Octubre para todo el Club superando los cuarenta participantes, o coincidiendo por los caminos y pueblos como con los Riders en Muel allá por febrero,  o la participación en pruebas y marchas ciclistas como las de Aspanoa, Velilla, Pina o Fuentes, y sin olvidar las rutas por los Miradores de Ordesa, Valle de la Gloria y como no Puendeluna donde, como las piñas de los pinos cuando se abren en tiempo caliente y seco, florecieron todas las semillas y virtudes antes reseñadas.

 Y si hasta ahora ha sido así, así debe seguir, como una piña: TOD@S BttZaragoza C.C.

"No avanza el río para llegar al mar,

su único propósito es avanzar.

No tienes que saber adónde vas,

tú solo camina y ya vendrá,

por sí solo, todo lo demás."




martes, 29 de marzo de 2022

26·03·2022

42. Ruta conjunta Women in bike Mañicas & Alazanes

“Todos sueñan con montañas florecidas,

pero pocos siembran semillas todos los días.” 

(Arnau de Tera)

Flores y cactus en un mismo jardín. Sin espinas y con la blanca pureza de los campos de algodón.
Y es que la primavera se adelantó al menos por unas horas. 

¿Quien no ha caído alguna vez en los tópicos de: “a ver si quedamos y...”  ”podríamos hacer...”  ”si eso nos llamamos...” , etc... para luego quedar todo en palabras huecas que caen en el ostracismo y en el olvido?
Pero éste no iba a ser el caso gracias especialmente a dos admirables jardineros, Mar y Enrique, quienes con el beneplácito y colaboración de Noe y Pascual y la complicidad del resto de Wib-Mañicas y Alazanes, labraron la tierra, trazaron los surcos necesarios, plantaron la semilla de la fraternidad y de ésta germinó una ruta donde la armonía, concordia y camaradería se extendió hasta el horizonte. “Pensat i fet” (pensado y hecho).

Como en todo buen cultivo, el agua es imprescindible para que pueda obsequiar un fruto de calidad y desde luego el líquido elemento no faltó, pues la lluvia acompañó durante toda la semana, llegando incluso a sembrar la duda y la tentación de suspender o al menos aplazar la quedada. Las miradas al encapotado cielo pintado en tonos grisáceos eran constantes y por ello el temor permanecía perenne e incluso se acrecentaba por momentos. Pero la buena fortuna se reveló y dispuso cuanto estaba en su mano para que esta entrañable iniciativa no se viera truncada. Y así fue.

Flores y cactus en un mismo jardín. Porque nueve flores de Wib-Mañicas más Mª Luz, la nuestra, la Jefa, acudieron al Azud con la asombrosa puntualidad de la que carecemos algunos de los cactus más pinchudos. Flores desiguales y dispares pero con unas semejanzas en común: la encantadora y contagiosa sonrisa que emergía de entre los pétalos de sus rostros y el cristalino brillo de los ojos que reflejaba un cóctel de inquietud, timidez, jovialidad e ilusión. 
 
Cactus, muchos y variopintos, de todas las hechuras, trazas y composturas. Y más cuando coincidieron en el punto de quedada los sahuarios Team con sus esbeltos y estilizados tallos, los fornidos y vigorosos cladodios de los China Chana y los multiformes Alazanes donde quizás, y sin el quizás, prevalecía el tipo globoso o barrilete. Todos, flores y cactus, posaron como girasoles en busca del mismo sol para la primera foto grupal de la jornada antes de iniciar la marcha.

Comenzó la pedalada y 32 compañer@s, como uno solo, partieron en busca de las aventuras y desventuras que les tenía marcado el destino. Desde la pasarela de Santa Isabel, donde aguardaba Gocha, la imagen del heterogéneo muestrario multicolor que ofrecían a su paso nada tenía que envidiar ni al cuadro de Van Gogh “Campo de tulipanes” ni al jardín floral del Parque Keukenhof de Lisse que lo homenajea. 

Era un día donde el track, los kilómetros, la velocidad, el desnivel y similares no acaparaba relevancia alguna. Para nada. Congeniar, simpatizar, fraternizar y amigarse concentraba el deseo y anhelo de tod@s. Como era de esperar esta pretensión quedó más colmada que los campos de maíz en el segundo semestre del año.

De Villamayor hacia el Vedado de Peñaflor y, desde allí, la tradicional ascensión hasta la atalaya, donde se reagrupó, se cogió aliento, se dio buena cuenta de las viandas y con un marco de fondo de gran belleza y encanto natural llegó el momento de más fotos, unas de posados, otras de robados, pero todas de una exquisita calidad que ya la querrían para ellos los paparazzi profesionales. Cierto es que l@s model@s presentes en el evento favorecieron mucho y bien esta labor. Incluso el cactus más bochornoso ofreció en dicha tesitura su mejor versión, aunque para ello tuviera que esconder sus prominentes abdominales y contener la respiración mientras esbozaba una creíble sonrisa.

Y que comentar del Tik Tok: de diez. Como de costumbre bastaron un par de ensayos y probaturas para que Mañicas y Alazanes demostraran sus innatas dotes artísticas con una asombrosa coordinación, ritmo y armonía similar a la de los juncos movidos por la sutil brisa. Cierto es también, que a algún cactus con cintura de roble macizo no lo doblaría ni el cierzo más virulento. Pero que nos quiten lo bailao, verdad?? Y es más: las animadas risotadas y la gozosa diversión que regalaron a los inmóviles espectadores que se deleitaban con el espectáculo no tenía precio. 

Llegó la hora de retornar, sin prisa, con terreno en suave descenso, disfrutando de cada pedalada, oteando la civilización en la lejanía y dejándonos atrapar y guiar por la llamada de la cerveza que ya nos aguardaba en La Barca. Irrumpimos en su terraza con el ansia e ímpetu con el que en el Medievo se asaltaban castillos tras un prolongado asedio. 

Con la jarra en la mano y los platos de patatas sobre las mesas esperando su trágico final procedimos a recitar los clásicos y legendarios brindis: “Esparmaños... ... que orificio os duele?... au, au, au” y “bici sin cerveza... no me entra en la cabeza”. Debimos de incordiar y enojar a las nubes con los bramidos pues a partir de ese instante abrió sus fauces y comenzó a escupir sobre nosotros todo el mal que llevaba dentro.

Lamentablemente hubo que finiquitar las tertulias antes de lo deseado y despedirnos con premura, agradeciéndonos mutuamente la jornada tan genial y formidable que habíamos disfrutado y compartido.
Así que cada planta a su maceta, pero como es de bien nacido ser agradecido, de nuevo: Gracias a tod@s por todo.

Hasta pronto (y que no se haga de rogar la próxima... ... Pensat i fet)

(Consciente de que soy un cactus que si se pincha con sus propias espinas se envenena, pido disculpas de antemano si algún/a compañer@ se ha sentido molest@ por alguna palabra o frase de este escrito. Nada más lejos de mi intención)



miércoles, 23 de marzo de 2022

19·02·2022

41. El Año de los Lodos

“Veo la cera y veo el barro, al fuego,
ésta ablandarse, aquél endurecerse,
que uno se rinde y otro se resiste”

(Lope de Vega)

Hubo un tiempo donde tal vez el barro se sublevó, donde sus demoniacos tentáculos dificultaron el transitar por los caminos, donde la arcilla en infame alianza con la lluvia se jactó de disfrutar con el padecimiento de carros, caballerizas y viandantes incapaces de vagar libremente y donde por causas insólitas pero cargadas de odio, ira y rencor  juró venganza contra esos seres concebidos con sus propios lodos según las mitologías más ancestrales. 

Mitología como la griega donde Prometeo creó a los hombres moldeándolos con barro a imagen de los Dioses porque según él faltaba un ser que fuera capaz de albergar dignamente el espíritu y que, mientras el resto de animales miraban inclinados a la tierra, a ellos les otorgó un rostro alzado y les ordenó que miraran al cielo y a las estrellas.
O como la Diosa china Nüwa que sintiéndose sola comenzó a crear animales y seres humanos valiéndose para estos últimos de arcilla del río Hwang-ho (río Madre) y agua de lluvia, dotándolos con piernas para que pudieran caminar erguidos y buscándoles en hermosura un parecido a ella misma.

Pero el barro no respeta ni perdona y aún siendo fruto de su propio ser, bien por despecho, bien por malicia innata o simplemente por locura, su cólera se cebó sobre los descendientes de los primeros hombres, los llamados homus (“tierra fértil”). En ciertas lides resultó vencedor alardeando de ello por doquier y de forma grotesca, engreída e insultante. Pero no todas las batallas cayeron de su lado, no siempre fue así, porque doblegar el arrojo, ímpetu y tesón de los Caballeros de la honorable Orden de los Alazanes no era cometido sencillo y asequible. 

Así lo cantaron juglares y trovadores y fluyó de boca en boca y de padres a hijos esta historia. Y he aquí algunas pinceladas y retales de ella: 

· 19 de Febrero del Año de los Lodos:

Amanecía y el cielo amenazante teñía de colores grisáceos tanto el horizonte como el destino de quien no se dejó amedrentar y estuvo dispuesto a cabalgar una vez más. La lluvia caída durante la noche y esos dardos líquidos que aún lanzaban las nubes mermaron la voluntad de algunos de nuestros héroes quienes, quizás con el criterio más cuerdo y sensato, optaron por mantener sus modelados corpachones en el calor del lecho emitiendo estruendosos, acompasados y molestos resoplidos. Pero otros, menos juiciosos y prudentes, no dudaron en plantar cara a la adversidad, se ataviaron con sus clásicos atuendos y decidieron cabalgar como estaba previsto hacia Perdiguera por el vedado de Peñaflor.

En avanzadilla partieron Sir Daniele, el Caballero de la eterna juventud, el inagotable y humeante explorador Javier Moskitt y el soriano sin frío Louis O´Gimen. Tiempo tuvo el hidalgo Fernán, mientras esperaba a Carlo el Campeador de la túnica negra, de cruzar unas palabras con Maese Paskal, quien había acudido al lugar de la quedada con su flamante carruaje a disculparse por no salir con sus fieles jinetes. Gesto que le honraba y mostraba una vez más el talante, dignidad y nobleza de este veterano gran guerrero.

Picando espuelas y fustigando con dureza a sus corceles no tardaron en alcanzar a los que trotaban en vanguardia para, una vez reagrupados, tomar aliento y relajar músculos. Las nubes esbozaron una burlona sonrisa antes de abrir sus fauces y descargar todo el mal que poseían dentro pero ellos, con su legendaria gallardía, hicieron frente a tal ofensa con las armas de la indiferencia y del buen humor. Más no tardó mucho en que otro implacable enemigo les borrara la sonrisa del rostro. Poco a poco de las entrañas de la tierra se fue formando el tan temido lodazal arcilloso quien, sin piedad alguna y con cruel alevosía, los esperó agazapado en la ascensión a la cota más alta de la ruta para trabar herraduras, pezuñas y patas de los fatigados caballos hasta el punto de paralizarlos e inmovilizarlos haciendo imposible la continuidad de la cabalgada. Les llevó más tiempo del deseado limpiar, adecentar y liberar a los malogrados corceles del repulsivo y mugriento adversario que esta vez sí había ganado la batalla. 

Resolvieron retornar a la villa, sin pesarles en exceso la decisión, puesto que carecía de sentido y lógica bregar contra lo imposible. Les quedaría la espinita clavada de no haber completado el trayecto pero tampoco era momento de flagelarse por ello. Tiempo habría. Al igual que tras la noche llega el día, que tras la oscuridad aparece la luz y que tras la tormenta viene la calma, tras el comprensible disgusto los envolvió una aureola de dicha y placer cuando se deleitaron con unos platos colmados de suculentas viandas de, por supuesto, rica y saludable dieta mediterránea, que sin demora engulleron para paliar cuanto antes la pesadumbre anterior. 
Y hubo más, puesto que a punto de despedirse y dividir los caminos hacia las correspondientes chozas de cada uno, alguien lanzó la incitadora frase en tono provocativo de: a que no hay huev... de parar en la taberna de la Barca a tomar una cerveza?? Creo que no es necesario relatar como acabó tal desafío.

A fin de cuentas y dándole la vuelta a la tortilla quizás no resultó tan aciago y funesto el perder la contienda contra el barro y la lluvia. Para nada.

· 26 de febrero del Año de los Lodos:

Por fortuna la lluvia les dio una tregua y por tanto la maléfica arcilla quedo huérfana de su inestimable y valiosa alianza por lo que, muy a su pesar, en esta ocasión tuvo que soportar estoicamente que los diecisiete Caballeros Alazanes que habían iniciado la correría la pisotearan sin contemplaciones desde el Parque del zigzag, a su paso por el cementerio del Burgo de Ebro, en la escalada a la Ermita de San Jorge y así hasta la Presa de Pina y el consiguiente camino de vuelta.

No siempre en el sorteo de la moneda ha de dar cruz, de cuando en cuando salía cara para gozo de nuestros héroes y eso se palpaba en los risueños rostros y en el ambiente festivo, incluso cuando tuvieron que acometer las rampas de extrema dureza que los elevaría hasta los blanquecinos muros de la ermita.
No hubo mejor forma de celebrar la victoria sobre el lodazal reseco e incapaz de plantar cara al constante martilleo que sufrió por las herraduras de los corceles cuando estos galopaban sobre él, que con una de esas danzas tan populares y afamadas que sin preparación ni ensayos previos solían practicar para agradecer al Dios cristiano, a los Dioses paganos y al destino para los menos creyentes en deidades, la buena ventura que les empapaba de salud y felicidad.

La bonanza del clima y la tranquilidad del trayecto dieron pie a tertulias y chácharas variopintas aunque el tema estrella fue el inicio de una nueva guerra no muy lejos de allí, de la invasión de un país a otro, de la destrucción, de masacres, muertes, éxodos, vejaciones y todo lo que ello conlleva. Un esperpento de añoranza de antiguos imperios, de nostálgicos reinos, de falsedades históricas, de demostraciones de fuerza, de expolio y apropiación de las riquezas ajenas, y lo peor de todo de defender hipócritamente estas viles actuaciones en nombre del pueblo, su identidad y bienestar y bajo la coraza de unas ideas políticas caducas y obsoletas que privan de libertades, oprimen al débil, acallan a opositores, eliminan disidentes y reparten miseria conjugando hoces, martillos, cruces retorcidas, grilletes y cadenas.

Quien lleva a cabo semejantes tropelías no puede descender de los hombres creados con barro a imagen y semejanza de los dioses. Ellos no lo hubieran permitido y ante esto seguro que estarían revolviéndose de rabia e impotencia en el Olimpo y en los demás santuarios míticos.

La taberna, ese centro de culto donde siempre finalizan las cabalgadas, fue testigo de celebraciones con cantos y bailes bajo la batuta y dirección de Sir Mike Lion que contagiaron a buena parte de los aldeanos allí presentes quienes no dudaron en participar con coros y palmas. “Ese, ese, ese es el mejor regalo que me puedes hacer... una sonrisa tuya” fueron las palabras que lanzó a los presentes este sinvergüenza grandullón, alma y pegamento de la tropa, y que al hidalgo Fernán le confirmó la valía de la firma de sus escritos afianzando así el puntal de su pensamiento y filosofía de vida:

“Un día sin una sonrisa, es un día perdido”

· 05 de Marzo del Año de los Lodos:

Tentar de nuevo a la suerte no era la opción más aconsejable y menos cuando la semana anterior había sido triunfal para los Caballeros y la lluvia daba la impresión de estar maquinando su cruda venganza. Quizás por mera advertencia o pretendiendo difundir claramente su amenaza, los días anteriores a la cabalgada dejó palpable su intención de guerrear contra nuestros jinetes dejando caer sutilmente sobre la villa y aledaños pequeñas muestras de su poder y empapando con sus cristalinas gotas chozas, caminos, terrenos y cuanto pudiera abarcar.

Por ello el Mariscal de Campo Gocha Glez planteó una ruta de las llamadas antibarro, sencilla y corta por si el empalagoso enemigo hacía acto de presencia con ganas de fiesta y les obligaba a retroceder o girar sobre sus pasos y humillados tener que retirarse con resignación. El destino no era otro que el conocido Puente de Clavería con la idea de retornar por esas novedosas calzadas de material duro y grisáceo que tanto agradecían las castigadas posaderas de los fornidos jinetes. 

Dicho y hecho iniciaron la marcha pasando en un suspiro de ligero trote a galope tendido. Tal fue el severo fustigamiento y flagelación al que sometieron a los corceles y la velocidad adquirida por momentos que en un verlo y no verlo se encontraron a media mañana con la práctica totalidad de las millas previstas ya consumidas. Y he aquí el dilema ... ...  ¿Retornar pronto al hogar a sabiendas del susto y disgusto que ello podría acarrear a la familia al ver entrar a las estilizadas figuras a estas horas tan poco corrientes o darse un merecido homenaje culinario a sabiendas que ello podría poner en entredicho y afectar a la cuidada apariencia atlética de la que tanto presumían?.

Costó, y mucho, decidirse. Tanto que la hueste se dividió salomónicamente y ambas opciones contaron con jinetes que las secundaron. 
Llámese buena fortuna la que disfrutaron los que, con buen criterio, optaron por volver al calor del hogar a disfrutar de la tierna acogida y de la entrañable compañía de la familia pues de esta forma se libraron de la tortuosa experiencia de digerir el platito de degustación que el tabernero les plantó sobre la mesa y que les vendió con aires de famoso chef francés: delicatessen de ave en dos texturas, clara y yema al punto, acompañadas de barritas de fécula salteadas en aceite con toque de sal y muestras de excelencias porcinas reconstruidas en su propio jugo. Para haberse matao. 

Sin poder evitar caer en la tentación y habiendo sucumbido irremediablemente al pecado de la gula no les quedó otra que, como era de esperar en estos abanderados de la glotonería, darlo todo en esta singular batalla para salir airosos y dejar el plato sin rastro alguno de lo que minutos antes allí se apiñaba.
Y como el mal ya estaba hecho, y el arrepentimiento era nulo e inútil, una vez devoradas las viandas y sin remordimiento alguno decidieron por fin huir del lugar del delito y volver a sus respectivas moradas en esos corceles que estupefactos habían visto minutos antes como los caballeros engullían los manjares mientras ellos esperaban amarrados fuera sabedores del esfuerzo extra que se les venía encima. Y nunca mejor dicho pues el sabor de la victoria está mal repartido: unos se llevan la gloria de la gordura mientras otros acarrean con el indeseable peso de ésta.

En fin, que librarse del barro esa semana... cierto es que se libraron, pero para caer en otro lodazal más sabroso y del que tuvieron serias dificultades para emerger de forma honorable y manteniendo un mínimo de dignidad.

· 12 de Marzo del Año de los Lodos:

La venganza se cuece a fuego lento y se sirve en plato frío. Confiados por la buena suerte de las últimas semanas, en las que habían sorteado casi milagrosamente los enfrentamientos con el fango en cualquiera de sus versiones, planificaron una ruta sin otear el cielo ni considerar los avisos y rumores que recibían del posible estado de los caminos por los que debían galopar. Garrafal error que lamentablemente pagarían con creces.

A priori el trayecto carecía de dificultades desmesuradas, sino más bien lo contrario: no muy larga y con escaso desnivel, iniciando la partida desde el Parque Grande hacia el Canal, Centrovía, Casa de los Cazadores, Paridera Barta, Ciudad Deportiva y vuelta por el CR-11. Cómoda y sencilla salvo por... ... ya se lo pueden imaginar vuestras mercedes. Cierto es que días antes las nubes habían vuelto a firmar unas páginas gloriosas en su gris historia descargando parte de su ser en forma de lluvia, que si no de forma torrencial si fue de manera persistente. Pero aún así todas las misivas recibidas por las palomas mensajeras al menos confirmaban una tregua durante la cabalgada. Quizás el mal ya estaba hecho, la trampa les aguardaba pacientemente, y once incaut@s jinetes cabalgaban hacia ella de forma cándida e ingenua. 

Lo que mal empieza... ... Para los supersticiosos y agoreros la caída del Mariscal Gocha Glez en los inicios de la correría fue un mal presagio de lo que se avecinaba. Otros vieron en este lastimoso lance el principio de la sutil venganza de su pringoso enemigo. Afortunadamente la curiosa manera que tuvo de desmontar de su corcel no trajo males mayores, salvo la desoladora imagen de este bravo Caballero en medio del charco al que fueron a parar sus huesos, afanándose por cobrar de nuevo la verticalidad y dejar de asemejarse a una madalena en un vaso de café con leche. Empapada y dolorida la dignidad pero inmaculado e impoluto el pundonor tuvo los honrosos arrestos de volver a cabalgar con aire marcial el resto de la jornada. Bravo por él, seguro que la mayoría hubiera regresado a la villa a por un baño caliente y de terciarse un reconstituyente y sensual masajito de su doncella.

Superada la primera adversidad continuaron con trote sosegado y apacible, entre chácharas, canturreos y sin obstáculos ni amenazas palpables hasta cerca de la mitad de la ruta cuando inesperadamente se vieron engullidos en un primer lodazal que se agarró a herraduras, patas e incluso estribos como la madre que abraza al hijo al partir a la guerra, obligándoles a desmontar, caminar acompañando a los corceles sobre el fango y una vez salvado el escollo movedizo escudriñar los aledaños en busca de palos, ramas e incluso cantos puntiagudos con los que liberarlos de tan pesada y viscosa carga.

Y no sería el primero, pero ya cabalgaban alertados y ojos avizores por lo que divisaron a tiempo la segunda encerrona que les tenía preparada el barro. No cayeron en la emboscada y con la sensatez que, de cuando en cuando, florece de las escasas neuronas que alguno de esos jinetes aún puede presumir de mantener, decidieron bordear el tramo más peliagudo y escabroso campo a través y por terreno firme y seco. A partir de ese punto el hidalgo Fernán decidió mantenerse en retaguardia y cerrando la partida. Ya lo había hecho en otras muchas ocasiones pero en ésta el motivo principal que prevalecía no era otro que el de salvaguardar su integridad física, resguardar su espalda y mantener una distancia prudencial con aquellos que bramaban improperios y le lanzaban miradas que nada tenían que ver con las que se regalan los tortolitos enamorados. En fin, él había propuesto esta ruta y ahora no le quedaba otra que encajar los golpes o al menos esquivarlos con su espectacular juego de cintura de reconocida fama.

El reloj de arena les advirtió del tiempo perdido y eso, unido a las celebraciones familiares y otros compromisos previstos que tenían algunos de los jinetes, decantó la balanza hacia la idea de volver sin acometer la parte inicial de la subida a La Muela por los pinos. Así que pensado y hecho retornaron por un trayecto más llevadero hasta la villa y una vez allí se fueron dispersando cada cual en busca de su, hoy si que si, añorado hogar. A pesar de que la tropa había menguado drásticamente cinco Alazanes mantuvieron viva la tradición de finalizar la correría en la terraza de una taberna y a la orden de Lady Marian Ligth procedieron al popular y castizo brindis: 

“Bici sin cerveza, no me entra en la cabeza”.

· 19 de Marzo del Año de los Lodos

La desazón se apoderó del hidalgo Fernán pues una semana más veía truncado su anhelo de cabalgar junto a sus compañeros de correrías. Sus obligaciones hacia los mercados de corte británico se lo impedían. En el ropero quedó esperándole su atuendo de la Orden y en la cuadra su jamelgo Scotty resoplaba de satisfacción al comprobar que se libraba de sufrir el peso de las lorzas de su amo sobre su lomo.

Los vio partir desde la atalaya más elevada de las murallas de la villa con añoranza, melancolía y una minúscula dosis de envidia. Sana, pero envidia. Hubiera rezado por ellos, pero no sabía. Hubiera suplicado a los dioses paganos fortuna para ellos, pero desconocía sus nombres mitológicos. Hubiera vendido su alma al diablo por cabalgar junto a ellos pero... ... pero igual, igual, exagero. Tampoco era para tanto, el año era largo y cabalgadas no iban a faltar. Alzó la vista, oteó el horizonte mientras se alejaban y creyó confiado en la buena ventura del destino marcado. 

Con júbilo y regocijo iba recibiendo de lugareños campechanos y confidentes creíbles las buenas nuevas: que si galopaban por el recorrido sin ningún incidente, que si seguían fielmente el mapa preparado por el Maese Paskal, que si ya habían pasado por Cadrete y María de Huerva, que si habían dejado atrás Mozota para entrar en Muel... ... Una sonrisa cruzó su rostro de este a oeste al recibir pruebas fidedignas del llamativo, acompasado y dinámico baile que habían brindado a los vecinos del lugar con la vistosa cascada del parque como telón de fondo. Buen escenario, buenos actores, buena danza... ... cuando los ingredientes son de calidad el guiso siempre sale sabroso y suculento.
Aprovecharon el descanso habitual para dar buena cuenta de las viandas que portaban y dedicar unos minutos a visitar la Ermita de la Fuente y contemplar los frescos del pintor más afamado y reconocido del Reino antes de regresar al jogar por el camino lindante de Mozota a Botorrita.

Por fin rebosó de tranquilidad absoluta al recibir una misiva del tabernero informándole de la presencia de sus añorados caballeros que, jarra de cerveza en mano y dando buena cuenta de los platos colmados de patatas que les había servido, compartían tertulia, bromas, risotadas, brindis y demás. Ahí recordó como firmaba anteriormente sus escritos:

 “Todo lo que ilumina debe permanecer ardiendo”.

Con la mirada fija hacia el cielo buscaba al sol que, además de alumbrar e irradiar calor, debía cegar y marchitar a ese barro que tantas penurias y avatares les había originado. Las nieblas matutinas quedaron atrás, las gélidas temperaturas pasaron al olvido y ya solo faltaba que el pringoso enemigo quedara sin vida o al menos aletargado hasta el inicio de un nuevo Año de los Lodos.

Le vino a la mente el recuerdo de una tablilla tallada a mano con la que se topó en un camino y en la que se podía leer:

“No te adentres en lodazales innecesarios pues la mancha del barro ultrajado permanecerá en ti, por siempre”


jueves, 17 de febrero de 2022

05·02·2022

40. El día de la Marmota

- Oye abuelo, hace tiempo que no me cuentas ninguna historia de los caballeros Alazanes. ¿Acaso dejaron de cabalgar?
- Para nada chiquet, todo lo contrario. Es más, se puede decir que durante semanas y semanas padecieron la curiosa sensación de revivir el Día de la marmota. 
Humm... ... por tu semblante entiendo que desconoces el significado de este dicho ¿verdad?. 
Te cuento:

El origen del Día de la marmota nace de la tradición de los agricultores y granjeros estadounidenses que pronostica la llegada de la primavera. 
Cada 2 de Febrero desde 1887 los habitantes de Punxsuatawney (Pensilvania) confían la predicción del tiempo para las próximas semanas a un roedor: la marmota.
 Al amanecer sacan al animal fuera de su madriguera, si el día es nublado y no se topa con su propia sombra la estación del frío acabará pronto. Por el contrario, si la mañana está despejada y el roedor sí ve su sombra y regresa al agujero el invierno se prolongará.

Esta fiesta local se convirtió con el tiempo en una expresión que refleja una situación que se repite una y otra vez, como caminando en círculos, aplicando a los problemas determinadas soluciones que suelen ser las mismas una y otra vez, insistiendo y reiterando comportamientos y formas de actuar hasta sentir que se vive en un eterno y recurrente... ... día de la marmota.

El hecho de vivir atrapados en el tiempo y que en cada cabalgada el contador se volvía a poner a cero les permitía aprender a servir a otros con pequeños actos cotidianos o con grandes gestos casi heroicos, de forma altruista, sin buscar satisfacer el propio ego y regodeándose de los pequeños placeres que les rodeaban.

Atrapados en el tiempo

Y así es como continuaron sus hazañas nuestros valerosos jinetes: sábado a sábado, una y otra vez, enarbolando por doquier todo y cuanto habían dedicado para forjar su leyenda: valentía, entereza, audacia, desvergüenza, integridad, aplomo, fortaleza, osadía, acogimiento, hospitalidad, altruismo, generosidad, hidalguía, alegría, júbilo, diversión, bailes, canturreos... ... y por supuesto una aureola de quijotismo y caballerosidad que los envolvía y protegía.

Semana a semana cambiaba la ruta, el número de Alazanes que participaban en las correrías, las inclemencias del tiempo y las incidencias particulares de cada jornada pero siempre se revivían situaciones similares: las risas en el punto de quedada, el ambiente festivo y jovial en la cabalgada, la solidaridad con los que trotaban en la retaguardia, el auxilio inmediato a quien desmontaba de su corcel de forma poco ortodoxa, las danzas con las que pretendían ahuyentar a la Dama de Hielo que tanto les torturaba con sus perversas y crueles armas: la niebla, el cierzo y las heladas matinales, los retratos de los miembros de la tropa y con otros jinetes hermanados de la Gran Hueste, las tertulias en las tabernas al finalizar la correría... ... 
Y así podría estar hasta secar el tintero y despuntar la pluma.

Pero sí chiquet, no dejaron de cabalgar:

Con el Año Nuevo, un 08 de Enero once valientes se obcecaron en quemar las últimas grasas saturadas ingeridas en Navidad y, como Pulgarcito en su cuento, dejar un rastro por los montes de Peñaflor, Villamayor y Alto de Campillo, aunque estos zampabollos más que de migas de pan iban marcando el camino con restos del roscón de Reyes. 
Siempre ha habido clases, pero mejor que se lo pregunten a los que en la emboscada que tenía la ruta les pesó con dureza el exceso de dulces de estos días. 
De los dulces... ... y de los salados.

El 15 de Enero, bajo un gélido manto que los cubría a temperaturas bajo cero, de nuevo 11 jinetes plantaron cara a las inclemencias y se reunieron en el asador de La Junquera para, tras retratarse con la mesnada de los Rider´s, iniciar una cabalgada por Vallobera y la senda Goya hasta el mirador de las Planas y desde allí y a galope tendido descender como si los persiguiera el diablo. 
Como cambia la historia cuando la crin del corcel apunta al suelo y no hacia las nubes y el peso de algunos caballeros se hace valer en caída libre.

Una semana después, el 22 de Enero, 18 de nuestros afamados héroes optaron por una ruta corta y sencilla para no castigar de nuevo a los nobles percherones: Torres de Berrellén por Monzalbarba, Utebo y Sobradiel. 
Tan factible y elemental era el recorrido que antes del protocolario pis-stop ya se habían salido del itinerario inicialmente marcado debido al lamentable estado en que la crecida del Ebro y sus riadas habían dejado parte de los caminos.
 Tan factible y elemental que en Torres se confundieron de trayecto y trotaron a la ida por el de vuelta o a la vuelta por el de ida... ... ni a ellos les quedó claro. Quizás la abusiva ingesta del elixir que portaba en la bota de piel Lord Danny Guantelete de Yeso les jugó una mala pasada.
 Tan factible y elemental que incluso llegaron a dudar de si llegarían a tiempo a la taberna para celebrar el cumpleaños de Sir Oskar Ambulanç. Por fortuna, y algo de sensatez a la hora de orientarse, el destino no les privó del festejo y el caballero de la montura dorada recibió su merecido homenaje.

Aún gozarían de una nueva correría este mes y el 29 de Enero 16 bravos jinetes se unieron al reto de superar con creces un auténtico rompepiernas y tomar al asalto la Loma de los Franceses  para retornar por Alfajarín, serpentear por unas sendas por las que les guió el guerrillero Javier Moskitt hasta la Puebla y desde allí a Pastriz y como no... ... a cervecear. 
En esta ocasión contaron con la agradable compañía de una nueva amazona, Lady Mar que junto a nuestra Lady Marian Light capitanearon a la tropa con la disciplina y marcialidad que se presupone a los miembros de la Honorable Orden de los Alazanes. 

De esta guisa entraron en el mes siguiente y un gélido 5 de Febrero marcaron como destino en el mapa el vértice geodésico de Hermenegildos en los montes de Zuera. 
12 guerreros coronaron la cima librando una batalla sin tregua ni cuartel contra el cierzo que los golpeaba a pecho descubierto y con toda la furia que era capaz de expeler pero incapaz de contener el sosegado y calmoso trote con el que paulatinamente y sin pausa cobraban metro a metro la escabrosa ascensión. 
Si no puedes con tu enemigo únete a él, debió pensar y por ello en el retorno los impulsó a velocidades vertiginosas de tal manera que las herraduras de los caballos parecían flotar sin ni tan siquiera rozar el camino. 
Aún así consumó su traidora venganza logrando que el Conde Fran de Cartagena rodara lastimosamente por el suelo tras caer junto a su potro desbocado. Por fortuna la lozanía y el vigor que da la juventud jugaba a su favor puesto que de ser la víctima algún otro entrado en años y sobrepasado de kilos posiblemente hubiera llegado a la cuadra de bote en bote y con magulladuras hasta en las pestañas.
 Para superar el mal trago no hay mejor medicina que unas buenas cervezas y unas patatas bravas que en esta ocasión corrieron a cargo de Sir Jesús Electric para celebrar el día de su ......gésimo cumpleaños, al que todos homenajearon tarareando el típico canturreo con las dulces y armoniosas voces que los han hecho tan célebres.

Y por último, y de momento, el 12 de Febrero 14 valerosos caballeros afrontaron una ruta de las de picar espuelas, amarrar con fuerza las trinchas y fustigar con ahínco al corcel. 
El destino no era otro que Jaulín recorriendo las villas de Cuarte, María y Muel hasta llegar al embalse de Mezalocha desde donde, tras dar buena cuenta de las pertinentes viandas y realizar una danza algo anárquica  para ahuyentar a los malos espíritus, acometer cinco kilómetros de ascensión con una parte final de gran rigor, exigencia y dureza, de las que hay que tirar de riñón y donde todo el aire que intentas aspirar te parece escaso e insuficiente.
 Por fin, tras dos años sin volver por allí, el Hidalgo Fernán pudo quitarse esa espinita que tenía clavada pues en la anterior ocasión no le quedó otra que desmontar y coronar a pie. No nos engañemos, tampoco subió como un ciervo en época de celo pero sí mucho mejor de lo que pensó en un principio. 
Quizás esta ruta haya que bautizarla como la Ruta de las Herraduras pues si a la ida fue Sir Louis O´Gimen quien sufrió una adversidad con la pezuña de su corcel y tuvo que cambiar de herradura, a la vuelta la desdicha y el infortunio se cebó con el Mariscal Gocha quien padeció una fatalidad similar. 
Al final de tan provechosa jornada solo cuatro desdichados, que parecían no tener choza a la que volver, fueron los únicos infelices que debieron sufrir el tormento de engullir unas gélidas cervezas y empacharse con unas patatas en la taberna de El Cazador. Pobrecitos.

- Bueno chiquet, ya es hora de irse a dormir
- Sabes abuelo... ... de más niño mis padres me contaban cuentos infantiles pero ahora prefiero tus batallitas de los Caballeros Alazanes.
- Pues entonces disfruta de lo que te hace feliz, por simple, elemental y humilde que te parezca porque una choza donde se ríe es mejor que un castillo donde se llora. Y hazlo una, otra, otra y otra vez, como si estuvieras atrapado en el tiempo, como hacían tus nuevos héroes reviviendo su eterno y particular Día de la Marmota.

"Hazte un favor y se feliz.
Con mucho, con poco,
con nada, con todo.
Pero hazte un favor, y se feliz"


jueves, 30 de diciembre de 2021

26·12·2021

39. Ruta de los Belenes

Cuento navideño: la señal

Un año más y como viene siendo preceptivo desde hace siglos los pastores organizaban una ruta por pueblos y aldeas colindantes a la villa en busca de los tradicionales belenes que por estas fechas montaban los lugareños en las plazas más céntricas. De Oriente se dice que llegaron los Reyes Magos para colmar de ofrendas al niño Jesús y de Oriente también llegó la lacra que por segundas navidades consecutivas estaba marcando la vida cotidiana, la salud e incluso la libertad de todos.

Nuestros pastorcillos ataviados con sus vestimentas blancas y bermellón y sus calzones negros se aferraban como nunca al espíritu navideño negándose a caer en la melancolía, la tristeza y el conformismo por lo que, sin mucho madrugar, se fueron reuniendo en el asador de la Fuente de la Junquera para iniciar la marcha. Este año buscaban algo especial, diferente, pero aún no tenían claro el qué. Quizás una señal.

Antes de partir incluso hubo tiempo para que aquél cabrito descarriado que vive en permanente guerra con las agujas del reloj recibiera una soberana tanda de collejas ganadas a pulso, pues en esta ocasión superó con creces su penoso récord, haciendo esperar al resto más de lo razonable y cortés. 

Acelerados, a buen ritmo, casi sin tiempo ni opción de disfrutar de la cháchara, del camino y del deseado sol que tan abandonados los tenía en las últimas semanas fueron devorando kilómetros como si tras los festines de la cena de Noche Buena y la comida de Navidad no hubieran quedado suficientemente saciados. Al final de la jornada hubo quien reconoció públicamente que durante la ruta había pagado los excesos de viandas que, o a presión o a palazos, había sido capaz de engullir. Por fortuna la piel es como la lycra y cede hasta límites insospechados.

Con tan solo un breve pis-stop iniciaron la subida más prolongada de la ruta. Eso sí, por buena pista, confortable y tendida, cuando se quisieron dar cuenta ya estaban en la entrada de Jaulín. Tras reponer fuerzas, y no precisamente con dulces y turrones como mandan los cánones, buscaron el primer belén del día. Los villancicos de unos y los bailes de otros amenizaron la parada pero el montaje del Nacimiento resultó decepcionante: figuritas escasas, descolocadas y un portal pobre y austero. No iba a ser de aquí de donde recibirían la esperada señal.

Sin más dilación los once pastorcillos decidieron partir hacia Mozota disfrutando como pocas veces con el desenfrenado y trepidante descenso que se postraba ante ellos. Lo que cuesta coronar y que pronto se acaba lo bueno cuando las lorzas, chichas, mollas y carnes prietas se lanzan en caída libre.

Tampoco en el belén de Mozota se podía decir que el consistorio había quemado las arcas del pueblo. El presupuesto les había dado para pasar un paño a los adornos del año anterior y poco más. Ni un real extra, que pena. Después de retratarse junto al peculiar árbol metálico y la miniatura del cervatillo blanco retomaron la marcha siendo conscientes que de allí también iban a salir con las manos vacías, sin el rayo de fe e ilusión que buscaban.

Les quedaba la esperanza de que la revelación anhelada les sorprendiera en Botorrita y hacia allí encaminaron sus pasos. Esta vez la sensatez le ganó la partida a la osadía y no cruzaron el río a las bravas como el año anterior sino que lo vadearon por la pasarela que amablemente les indicó una lugareña mientras corría hacia ellos prendada por la belleza natural de estos intrépidos pastorcillos o más bien como si se le quemaran las lentejas puestas en el fuego. A los pies de la otra ribera y para llegar al objetivo tenían que salvar el penúltimo escollo (el último nunca existe): un auténtico muro de esos que hay que tirar de riñón para coronar con dignidad.
 El  portal montado que se encontraron allí ya era otra cosa: figuras de un tamaño considerable y una esmerada decoración. Pero algo dañaba a la vista. Los barrotes que impedían la entrada lo convertían poco menos que en la celda de una prisión. No habían recorrido tantos kilómetros para adoran a un niño entre rejas. Este tampoco era el niño que debía trasmitirles aquella señal por la que idearon esta peregrinación. 

El retorno resultó un tanto caótico aunque ello tampoco les sorprendió pues no era la primera vez que se fraccionaba el rebaño, se perdía alguna oveja o el pastor más afamado a la par que respetado los llevaba por sendas embarradas, los hacía saltar vallas o les cambiaba el recorrido a su antojo. Pensado y hecho, claro que sí.

El destino les tenía preparada una grata sorpresa y por ello se dice que nunca es tarde si la dicha es buena. Parados en María de Huerva para reagrupar al tropel observaron un gran poste plantado en el cruce de caminos. En él, claveteados y remachados, habían flechas talladas de madera que señalaban hacia los diferentes destinos por los que se podían optar desde dicha encrucijada: “Belén a tantos km.”, “Portal navideño en esta dirección”, “Nacimiento en el pueblo tal, por aquí”... ... ... 
Pero lo que más les llamó la atención fue el tablón sobre el que estaba fijado un pergamino y en el que habían manuscritas unas líneas que rezaban así:

“Puedes tomar el camino que quieras, puedes seguir buscando por todos los pueblos que marcan estas flechas a ese niño que crees que te ha de devolver la esperanza y la ilusión de antaño en  estas fechas, la ingenuidad, inocencia y candidez de los más pequeños de la casa, la alegría, paz y el bienestar que expele el ambiente navideño. Pero no, ese niño no lo encontraras tomes el camino que tomes. Porque ese niño está más cerca de lo que crees, lo llevas dentro. Busca en tu interior, sácalo y disfrútalo. Ese niño eres tú.” 

Y comprendieron que esa era la señal.

FELIZ AÑO NUEVO


jueves, 23 de diciembre de 2021

18·12·2021

38. Alto de la Muela

Déjà vu en la niebla.

“El éxito surge de la lucha contra los obstáculos,
sin obstáculos no hay verdadero éxito.”

(Samuel Smiles)

Nadie era capaz de prever que algunos íbamos a ser víctimas de un peculiar déjà vu en el Alto de la Muela. Ese fenómeno, bautizado así por el investigador psíquico Émile Boirac en su libro “Lávenir des sciences psychiques”, nos hace tener la sensación de estar viviendo un evento o situación que ya se ha experimentado en el pasado y que nos resulta muy convincente y familiar. Tal vez por eso las desventuras y sufrimientos que estábamos padeciendo en la ruta del domingo resultaban idénticas a las del sábado y en un momento de lucidez reflexionabas y te decías a ti mismo: “esto ya lo hemos vivido “.

Pero como somos así de transgresores, desobedientes e infractores incluso al filo de la delincuencia, decidimos hundir en la miseria al francés y contradecir sus teorías pues en esta ocasión las sensaciones no se le podían atribuir a un sueño, a un falso recuerdo ni a una anomalía de la memoria. Eran reales, y vaya que si eran reales.
Con más firmeza nos aferramos al pensamiento de otro ilustre sabio, Ferdinand Noss Equien, el cual afirmaba que tropezar dos veces con la misma piedra nos es mala suerte: la primera vez puede serlo pero la segunda es ya una decisión propia.

Es mala suerte plantear para el sábado una ruta con los Alazanes dirección a la urbanización del Alto de La Muela, huyendo de los caminos lindantes a la ribera tan perjudicados con la violenta y descontrolada crecida del río y que el resultado de tal odisea no sea el previsto y deseado. 
Pretender ascender por la subida de los pinos y tener que desistir por el tumultuoso transitar de camiones que a velocidades vertiginosas e incluso temerarias auguraban riesgos innecesarios. 
Tener que tomar por ello la decisión de cambiar el trayecto y ascender por la carretera antigua, muy tendida y cómoda para satisfacción del grupo gravel con su líder a la cabeza marcando el ritmo. 
Pedalear con la idea de fundirnos y ocultarnos entre la niebla hasta dejarla a nuestros pies buscando el sol conforme ganáramos metros de desnivel y que éste no hiciera acto de presencia. 
Privarnos de la espectacular panorámica desde la cima y que en rutas anteriores dio la impresión de estar flotando subidos en una isla y sobre un mar de algodón. 
Acometer el descenso con pies y manos inertes, entumecidas y congeladas por la gélida humedad que como alfileres se clavaba hasta los huesos. 

Todo esto es mala suerte.

Es decisión propia presentarse el domingo para rodar en la quedada conjunta de SPQR y Finisher aún siendo sabedor que el destino volvía a ser el Alto de la Muela.
Participar en otra ruta de esas que fortalecen los lazos de unión, que hacen club y que deberían proliferar más. 
Acometer la ascensión por una vertiente distinta a la del día anterior y desconocida para muchos de nosotros y desde el inicio tener como compañera de viaje a la melosa, sobona y densa niebla que amenazaba con martillear y castigar nuestros portentosos cuerpos y nuestra quebradiza mentalidad. 
Rodar entre la bruma sin apenas visión, guiado por la descomunal silueta de mi ahijado y apreciando tan solo sombras difuminadas en el camino que bien podrían tratarse de los compañeros de correría como de Jack el destripador y otros criminales del Londres tenebroso de finales de siglo XIX. 
Comenzar el descenso con manos y pies torturados por la humedad cristalizada con la duda de: bajar a fuego, lo que supone más velocidad, más frío pero menos tiempo o bajar plácidamente con menos velocidad y por tanto menos frío pero más tiempo de suplicio. 
Arribar a María de Huerva y dilucidar como acabar la ruta, bien directos a Cuarte y de ahí al bar del embarcadero del Canal o bien, y como así lo afrontaron los más osados, por el barranco de Cabras y Valdeconsejo.

Todo esto son decisiones.

Después de leer hasta aquí... ... ¿¿ Déjà vu o tropezar dos veces con la misma piedra?? 

Por fortuna, tanto si es un recuerdo, un sueño, unas sensaciones, una jugada de la memoria o sencillamente unas vivencias reales que se repiten, el final ha sido, es y debe ser siempre el mismo: una mesa con sus preceptivas  jarras de cerveza y sus patatas y en torno a ella las animadas tertulias, inagotables chácharas, bromas sin fin, risas contagiosas y todos los condimentos necesarios para organizar un cotarro excepcional. 

Como el sábado, como el domingo, como el ayer y como el mañana. Porque sí, porque nos lo merecemos.

“Quien sabe lo que siembra,
no teme a lo que cosecha”


martes, 14 de diciembre de 2021

11·12·2021

37. Cabañas de Ebro

¿Quién dijo miedo?

Conforme avanzaba la semana las noticias sobre los desbordamientos e inundaciones por tierras riojanas tras la crecida de un Ebro alimentado en buena parte por el agua acumulada de la borrasca Barra y su vil azote al norte del país, eran cada vez más preocupantes.
Cuando lo más precavido hubiera sido cambiar la ruta prevista, lo más sensato rodar alejados de la ribera, lo más racional buscar un track anti-barro, lo más coherente no tentar la suerte... ¿Quién dijo miedo? Pues decidido: a Cabañas de Ebro que nos vamos.

Cierta ocasión un gran veterano, del cual omitiré por respeto que se llama Daniel, me dijo que los abuelos  se habían ganado el derecho de contar sus batallitas cuando, donde y ante quien quisieran y los más jóvenes, o los que estamos atravesando una segunda juventud, teníamos la obligación de escuchar, asentir, disfrutar y casi por obligación mostrar cara de embobamiento y fascinación.

Pero no es menos cierto que estos tiernos pipiolos jubilados tienen un don adquirido: la sabiduría que les da la experiencia. Por ello cuando el otro mozalbete felizmente retirado de la vida laboral, del cual también por respeto omitiremos su nombre (puedes estar tranquilo por eso Joaquín), afirmó categóricamente que NO había peligro, las dudas y los temores se volatilizaron como una margarita deshojada a cañonazos. La inquietud e incertidumbre se tornaron en ilusión y ánimos renovados. 

La única duda y recelo que ondeaba en el aire era la cantidad de valientes que se presentarían en la Pasarela del Voluntariado a las 09:00. Con esta tenebrosa y maquiavélica costumbre tan popular en las anteriores semanas de apuntarse a última hora del viernes, una vez más flotaba en el aire una enigmática aureola de misterio.  Aún no tengo claro si este nuevo hábito o moda es por mantener en vilo la paciencia de quien propone la ruta, por simple casualidad o por pura guasa y cruel cachondeo, pero sometido a tal tensión jamás recuperaré mi añorado y frondoso bosque capilar.

Los que entran por los que salen: 16 apuntados menos dos que se caen de la lista el mismo día, más uno que se apunta en la propia Pasarela, otros dos que se presentan sin apuntarse y un tercero que nos da alcance en la parte inicial del camino = 18 alazanes prestos y dispuestos... ¿Quien dijo miedo?

Mención especial para unos auténticos cracks como Robert, Santy y Javier JR. quienes mostraban por igual su poderío físico como su compañerismo y solidaridad y para Luis Javier quien con su coleta canosa al viento volvía una vez más a rodar con nosotros. 
Para detallazo el de Jose Luis que, acompañado de su juguetón cachorro albino, acudía al lugar de la quedada solamente para saludar a los compañeros que le reservan su sitio en la grupeta, con estima, afecto y hasta que sus problemillas físicos permitan su esperado regreso. Bien sabe que es así. 

Mientras Dani Spielberg calentaba su Camera Design Studio, Go-Pro Collection, Full Cinema y Special of the house con unas primeras tomas de las pardas y embarradas aguas del río iniciábamos la marcha buscando la sequedad y comodidad del asfalto por el que afortunadamente rodaríamos la gran parte del trayecto. 
En los primeros kilómetros elevar la mirada al horizonte no era muy tranquilizador pues un sombrío y encapotado nubarrón hacia el que nos dirigíamos no presagiaba nada halagüeño. Pero... ... ¿Quién dijo miedo?

Felizmente los dioses a los que encomendamos nuestro destino se dignaron a escuchar las plegarias y la siniestra amenaza se esfumó como por arte de magia. Gracias. La ofrenda de las cervezas se la dedicaríamos hoy a su divina compasión y misericordia.
Algo despistado debía deambular Eolo pues, desconocedor del buen hacer de sus parientes, él si que quiso ser protagonista tanto para bien en el raudo y fugaz regreso a Zaragoza como para mal en el cansino y agotador camino hacia Cabañas de Ebro. Aunque intentó vapulear a todos por igual se cebó especialmente con Toño, sabedor que llevaba muchas semanas sin rodar y por ello se le antojaba una presa más fácil. Pero no contaba con la tenacidad del caballero con voz de tenor de ópera y el escudo que le brindaron compañeros como Armando, Paco y Fer. 
Para entonces Miguelón, por una lamentable e inesperada avería en el desviador del plato, y Gocha, víctima de la dictadura del reloj, habían vuelto sobre sus pasos sin poder, muy a su pesar, completar la ruta.

Poco antes del destino nos topamos al fin con el cauce del Ebro en todo su esplendor, junto al cual navegamos en paralelo como un afluente más en busca de un punto en el que converger y fusionarnos en uno solo. Impresionaba comprobar in situ y en toda su magnitud el poder de la naturaleza. Llegamos a Cabañas buscando las ruinas del antiguo puerto fluvial y el dique de hormigón reforzado construido sobre él para hacer la foto de rigor con la crecida del río de fondo mientras los lugareños, con semblantes de auténtica angustia y justificada preocupación, empezaban a reforzar puertas y a tomar otras medidas preventivas ante las previsibles inundaciones. 

De la vuelta poco que contar. El mismo recorrido que a la ida pero con aire a favor, mucho asfalto y el barro justo y necesario para acreditar ante las autoridades pertinentes de cada cual la evidencia de la salida en bici. Eso sí, hubo quien hizo acopio de tal cantidad de fango que más parecía que acababa de realizar una prueba clásica de ciclocross belga, holandesa o vasca que una ruta asfaltada. Pero tranquila Maria Luz, que por respeto también omitiremos tu nombre.

En el bar y en esta ocasión la solemne ceremonia del brindis le correspondió a Oscar aprobando con una nota media-alta. Visto lo visto y oído lo oído algunos progresan adecuadamente como él pero otros... ... otros necesitan mejorar, y mucho.

Puede que esta crecida del Ebro no sea como la de 1643, la de 1775, la de 1871 o la más reciente de 1961 pero será la que guardaré en mi maltrecha memoria para contarla cuando, donde y ante quien quiera como buen abuelo narrador de batallitas que pretendo ser en un tiempo no muy lejano. Las otras ya se encargaron de relatarlas a sus nietos otros abuelos.

Pastillita y a dormir... ... que estas ya no son horas según que edades.

¿Quién dijo miedo?