Relatos y crónicas de las rutas con Btt Zaragoza, apuntes y reflexiones infumables o no tanto, versos propios que pretenden rimar y retales variopintos...
martes, 22 de junio de 2021
martes, 8 de junio de 2021
a veces la última llave
es la que abre la puerta.”
Cuando todo confluye para que el destino sea halagüeño la fortuna le sonríe con certeza. Y bonanza, gozo y satisfacción es lo que nos deparó la ruta de este domingo por el Parque Nacional de Ordesa y sus impresionantes miradores.
Aceptaron el reto 17 osados entre invitados de lujo, como demostrarían posteriormente, y compañeros del Club. Algunos de ellos se entremezclaron sin apenas conocerse o habiendo coincidido en contadas ocasiones, pero en un día como este los nombres de los grupos quedan archivados y solo hay una piña: Btt Zaragoza.
Por fortuna la lozanía del más jovenzuelo elevaba la media de edad del resto porque el que ya no estaba calvo del todo como un servidor la naturaleza le pronosticaba un final similar. Los había con la frente ampliada por entradas prometedoras mientras otros contaban con una única salida de escaso pelo. Y el que aún podía presumir de melena al viento la portaba con orgullo pero adornada con matices y tonos blanquecinos. Eso sí, al contrario que con Sansón, el secreto de nuestra fortaleza no reside en el pelaje. Menos mal.
Lugar de quedada: el parking de Broto donde algún mosquito zumbón no dudó en vociferar a los cuatro vientos: “si Enrique no llega tarde, llega Fer, pero uno de los dos seguro”. Y claro, así fue y así se volvió a cumplir la sentencia y la reprochable costumbre. Aunque no fue del todo culpa mía de poco iba a servir tratar de excusarme esta vez así que apechugué con la ofensa con resignada naturalidad. Cría fama y... ... ...
Con las monturas prestas y dispuestas iniciamos la marcha en grupos perfectamente organizados. O igual no fue exactamente así, tengo lagunas mentales y secuelas por el mal de altura que debí padecer. De aperitivo y para ir calentando piernas, pulmones y corazón tuvimos que digerir un primer “puertecito” de una docena de kilómetros por buen asfalto y transitando entre el pulmón verde que nos rodeaba y nos insuflaba el oxígeno que buena falta nos haría más adelante.
Tras un reagrupamiento para dar cuenta de las primeras viandas y algunos para airear el ciruelillo afrontamos el descenso desde Fanlo con la intención de disfrutarlo al máximo. Como cambia la película cuando, con el fiel aliado de nuestro sobrepeso, nos dejamos caer a velocidades vertiginosas agradeciendo la inestimable colaboración de esos kilos forjados con tesón y constancia desde tiempos remotos y que por el contrario cuando la rueda delantera apunta al cielo cuestan tanto de arrastrar.
Poco dura la alegría en casa del pobre y lo que ascendiendo se prolonga hasta la eternidad cuesta abajo pasa en un suspiro. Prácticamente y sin tiempo de recuperar nos vimos en Nerín con la imagen del autobús coronando la primera cima. Para los noveles en esta lid aquello ya nos parecía una elevación destacable. Ignorante de mí, no tardaría mucho en darme cuenta que tan solo era una liviana gota de agua en ese mar de tierra y rocas que parecía no tener fin. Con los oídos receptivos acepté de buen grado los sabios consejos de los que ya habían realizado esta ruta, alguno de ellos incluso varias veces y por recorridos diferentes: “no apretes, ves a tu ritmo, ojo que queda mucho... ...”. Eso es digno de aplauso y agradecimiento. Lo de “reserva algo para el final” es otro cantar: ¿Reservar?¿reservar el qué?, pero si a media ascensión los pedales ya giraban solos, por propia inercia, al límite y bajo mínimos. No se puede reservar de donde no hay ni para gastar.
Si algo se aprende en este tipo de rutas es el papel fundamental que juega la cabeza y la mentalidad. Por eso cuando frente a mí observé a una chica en bici con vestimenta de paseo dominguero y a ritmo de Verano azul y que a pesar de esforzarme por alcanzarla la misión me resultaba imposible un negro nubarrón envolvió las escasas neuronas sanas que aún me quedan. Por fortuna para mi dignidad, aunque algo tarde, los compañeros me abrieron los ojos: su bicicleta era eléctrica!!! Por segunda vez, ignorante de mí.
La dureza y exigencia del camino fue dejando un rosario de héroes separados en pequeños grupetes o diseminados en solitario, con puntuales y breves reagrupamientos en recovecos donde comichear algo, estirar las piernas, aligerar lastre y tras cuatro palabras reiniciar la ascensión. La visión de las largas e interminables rampas se repetía una y otra vez, de las cuales esperábamos con delirio que la que se divisaba en el horizonte fuera la última pero al llegar a su final y girar, la escena se reiteraba y entre los ojos se clavaba otra similar. Para la tocada moral del novel esta situación no ayudaba mucho.
Mano de santo fue el agua que sudaba de entre las rocas formando un riachuelo y que tras refrescarme con ella se llevó buena parte de mis males. Hubo algún compañero que incluso llenó el botellín y a día de hoy no hemos recibido ningún parte médico por gastroenteritis, buena señal.
Por fin fuimos llegando al cruce del primer mirador, el más espectacular según comentaron después los que subieron por la senda hasta él. No todos, unos porque ya lo conocían de visitas anteriores, otros porque llegaron con molestias físicas o agotamiento y alguno porque solo con divisar la obligada caminata que le esperaba declinó la invitación. Por tercera vez, ignorante de mí. Y esta, imperdonable.
Mientras esperábamos sobre el manto verdoso que se postraba a nuestros pies para continuar la correría, y que bien lo hubieran deseado para sí Heidi y su abuelo, el frío montañés de los más de 2000 metros de altura nos aguijoneaba sin compasión ni piedad. Entre la paz y el sosiego del momento, pero castigado por la baja temperatura, surgió como una visión el recuerdo del jersey de ganchillo de la abuela con su bufanda, gorro y manoplas a juego así como los calzoncillos bien subidos muy por encima de la cintura para no coger frío en los riñones a costa de sellar herméticamente la rajadura de las posaderas. ¿A quien no se los han colocado así alguna vez?
Los otros miradores sí que contaron con la visita de toda la tropa. Necesitaría folios y folios para describir el regalo que me ofreció la naturaleza desde ahí. Cuanto pudiera contar parecería poco. Hay que ir, saborear el momento y deleitarse con el lugar. No hay más.
Cortos también quedaron los avisos sobre la dificultad del descenso hasta el río Ara. Doce kilómetros de camino roto, pedregoso, martirizante y torturador que te va martilleando constantemente a ritmo de redoble de tambor, anestesiando pies y manos y engarrotando los dedos fijos e insensibles en las manetas de freno. Frenos que también padecieron lo suyo y que alguno desprendía una fragancia peculiar a tostadora vieja o sartén chamuscada. Con prudencia y sin incidentes nos fuimos reuniendo sobre el puente con la melodía de fondo del río y las notas de su danza sobre la rocas.
Lo peor ya había pasado, o casi todo. Faltaba la puntilla, la emboscada final. Mala sombra quien ideó semejante repecho para salir a la carretera. O estaba aburrido, tenía pocas luces o la diseñó como bien le vino y pudo. Lo verdaderamente decepcionante fue no tener un móvil a mano y poder plasmar para regocijo posterior y hasta la eternidad la imagen de ese puñetero mosquito, que había empezado la jornada con burla hacia mi, subiendo el rampón... ... andando!!! Se libró, cagüen tot.
Y hasta Broto como balas. Tras acondicionar las bicicletas en los respectivos coches se dio una de las imágenes del día cuando, ofreciendo y compartiendo comida, unos de pie y otros sentados en el suelo formando corros, más que un grupo de adultos que acababan de realizar una ruta ciclera parecíamos un grupo de Boys Scouts al final de una acampada o excursión por el campo. Tan solo faltó la guitarra y las típicas canciones pegadizas.
Despedidas, abrazos imaginarios y choques de puños para finalizar una jornada brillante y genial.
Si ayer me dices de repetir la ruta lo hubiera dudado y mucho. Pero hoy en frío, descansado, repuesto, y con el frasco de alcohol de romero vacío te digo que por supuesto que sí. Pero hoy no... ... ... (Ahí os la dejo botando).
“Fija tus ojos hacia delante
en lo que puedes hacer,
no hacia atrás
en lo que no puedes cambiar”
Mil gracias a todos por todo.
jueves, 3 de junio de 2021
miércoles, 26 de mayo de 2021
porque una de ellas te pinchó,
renunciar a todos tus sueños
porque uno de ellos no se realizó”
(El Principito)
A pesar de la más que holgada y tardía hora prevista para iniciar la cabalgada el innombrable hidalgo hizo alarde de nuevo de su falta de puntualidad. No tenía ni excusa ni perdón y menos habitando en una morada a tiro de arco del Azud del Ebro. En tiempo de batallas hubiera recibido un severo castigo: que menos que una docena de latigazos, uno por cada jinete que en esta jornada y por culpa suya tuvo que esperar ansioso la partida. Si de este aprendiz de juntador de palabras hubiera dependido con gusto le habría aplicado tal penitencia.
Partió la tropa dirección a Santa Isabel quedando rezagados Lord Gocha y el explorador Javier M´Oskitt junto al lumbreras anteriormente citado. Con prontitud darían alcance al resto, incluso antes de arribar a la pasarela, pues cuando el Brigada tensa las trinchas, oprime los estribos y marca su particular marcha castrense las millas se consumen fugazmente.
Con la reagrupación, y por fortuna, hubo tiempo para insuflar aire a los acelerados pulmones y relajar el apresurado bombeo de sangre. Pero el sosiego se zanjó con rapidez, se impuso la cadencia marcial y a un ritmo nada desdeñable este tropel de alazanes se personó en un visto y no visto en el Azud de Urdán. De Azud a Azud y por el... te la... ... nada, aquí no cuela la rima.
Un breve pis-stop, cuatro risotadas, trago de agua y de nuevo a colocar las posaderas en la silla de montar para reiniciar la galopada hacia el barrio del Comercio, Villanueva, calzada de Leciñena y vedado de Peñaflor. Un camino novedoso para la mayoría de los jinetes y por ello una grata sorpresa. Cuenta la leyenda que el Maestro Pascual dedicó parte de la semana a adecentar y limpiar de piedras, cantos y guijarros este flamante recorrido para deleitar a los caballeros. Quizás le faltó cargar en el carromato algún viaje más pero el que hace lo que puede no está obligado a más. Y menos para alguien que se desvive por la hueste como lo hace él.
Engullidos por el pinar que los rodeaba comenzaron la primera de las ascensiones del día y sin apenas percibir el sudor en el pelaje de los corceles se plantaron a los pies de la Atalaya donde antes de saborear las viandas que portaban invocaron a los dioses con la Danza del Gallo para que fueran bendecidos y santificados dichos manjares.
Con el zurrón de las fuerzas colmado y tras un efímero paso por la Ermita de San Cristóbal afrontaron el reto de más entidad y relevancia del libro de ruta de esta jornada: el Alto del Campillo. El sol, sabedor de la dureza de la escalada, fue benévolo y complaciente y se mantuvo en un segundo plano oculto tras las nubes para no atormentar en exceso a los guerreros. Incluso el aire atesoró bondad y generosidad menguando su ímpetu y el brío de ocasiones anteriores. En fila de uno y con la conocida complicidad entre jinete y corcel fueron coronando el desafío con bravura y arrojo y ya desde el mirador jalearon y llevaron en volandas en la última rampa al bragado y vigoroso hombretón venerado por todos por su ejemplar y modélica tenacidad.
Tanto el descenso como el trayecto de regreso a la villa discurrieron sin incidencias ni sobresaltos. Es más, con tanta placidez y bonanza que el caballero con más descaro y carente de vergüenza Lord Miguel (siempre “on” nunca “off”) y el innombrable peleado con la puntualidad se enfrascaron en la ardua labor de ensayar el bramido con el que relinchar y brindar jarra en mano al término de la ruta.
Y así se dispuso la ceremonia en torno a las mesas de la taberna de Santa Isabel mientras procedían a la merecida hidratación. Contaron con la estimable y agradecida colaboración del fornido y legendario guerrero Mamolar, quien debía plasmar sobre lienzo la imagen del brindis pero... ... ... quizás la emoción del momento le superó o quizás demasiada mano para tan fino pincel, el caso es que no pudo atinar el instante preciso que deseaban retratar. No será su mayor virtud pero tiene otras tantas más que hay que quererlo sí o sí.
Tras este desliz se regocijaron con la amena tertulia, donde Sir Daniele y su mano derecha Joaquín se afanaron en poner dientes largos y provocar sana envidia (¿sana?) con sus futuros proyectos de viajes y correrías. Un admirable espejo en el que vale la pena intentar reflejarse, si señor. No hubo tiempo para más así que regresaron a sus respectivas moradas con la ilusión y esperanza de que la semana volase los más rápidamente posible para reencontrarse de nuevo en la andanza del siguiente sábado y compartir flamantes aventuras frescas.
A pesar de lo narrado en este tostón no hicieron nada diferente ni especial de lo que ya venían practicando desde tiempos antiquísimos: salir a cabalgar como una hermandad, en un ambiente marcado por la fraternidad y la concordia, esquivando flechas y sin prestar atención a los dardos envenenados que pudieran caer sobre ellos. Porque la armonía, unión, camaradería y diversión, el compañerismo, compadraje, alborozo y entusiasmo, el buen ambiente, bullicio y jolgorio, así como las ganas de gozar de una afición común no son propiedad exclusiva de nadie ni nadie tiene la patente y potestad sobre estos valores y virtudes. Están ahí para uso, hábito y disfrute de todos y todos tenemos la libertad y la oportunidad de disponer y beneficiarnos de ellos.
“Que la paz sea con vuestras mercedes
pues dignos merecedores de ella sois
por vuestros actos, palabras y pensamientos”
lunes, 24 de mayo de 2021
Detrás de cada logro, hay otro desafío"
(Madre Teresa de Calcuta)
Un nuevo amanecer para una nueva andadura.
Porque así lo dispuso el destino, las tierras colindantes a la antigua Caesaraugusta iban a ser testigos de las correrías de una novedosa caballada de alazanes, equinos caracterizados por la tonalidad rojiza de su pelaje y con la que anhelaban tributar homenaje a la Hueste de caballería “BttZaragoza” a la cual pertenecían y cuyo color principal del estandarte y del atuendo era similar o al menos un tanto parejo.
Ya llevaban un par de semanas cabalgando por libre, con quedadas improvisadas y rutas sin planificar al detalle, sin trabas ni cortapisas. Pequeñas incursiones los jueves al atardecer y cabalgadas más distanciadas los sábados hasta que una vez forjado el grueso de la mesnada y por consenso decidieron airear la primicia y pregonar el alumbramiento del nuevo brote aflorado en el tronco del árbol común.
En la primera ruta transitaron por los montes de Villamayor, Alfajarín, subida al Toro (o casi) y ya dirección a Pastriz sufrieron la ira del enemigo más aborrecido y despreciable de estos lares, el cierzo, quien los abofeteada vilmente de frente con la ilusa esperanza de retardar al máximo su tradicional comparecencia en la taberna. Todo quedó ahí, en una estéril tentativa pues a estos bravos jinetes no hay quien los frene cuando olfatean el inconfundible aroma de la cerveza servida en jarra gélida.
Una semana después una docena de alazanes encaminaron su galope hacia San Juan de Mozarrifar y Cueva de Colandrea con un puntual despiste en la lectura de mapa y brújula y una menos sorprendente emboscada en el terreno inexplorado (no me lo puedo creer...). Aunque lo peor llegaría tras el baile como ofrenda prometida a los dioses y ya de camino de vuelta con la caída del fiel escudero Dani con quien el infortunio se cebó mezquinamente después de estar toda la ruta en la zaga guardando las espaldas y amparando al resto de la tropa. Semejante batacazo tan solo se saldó con la fractura de un dedo pero fue suficiente para truncar los ánimos de una jornada que hasta ese momento discurría sencillamente genial.
Ahí estuvo resolutiva una vez más la gran Capitana enviando una paloma mensajera a su paladín más querido, el cual con la celeridad y presteza del mítico caballo alado Pegasus acudió con su carruaje al socorro y rescate del herido. Es un portento y pronto volverá a trotar junto a los jinetes que ya gimotean su ausencia..
Y llegó el día. Con el beneplácito y aprobación del alto estamento y la nobleza que rigen los designios de la Hueste corrieron la voz y publicaron en los diversos tablones el bando que proclamaba la primera ruta oficial de los Alazanes. Un hormigueo de ilusión callejeaba por las entrañas de más de uno de los 16 jinetes que para este evento habían confirmado su asistencia. Caballeros veteranos, junto a otros no tanto y ciertas caras nuevas. Pero eso sí con ausencias de guerreros de renombre por diferentes causas: viajes, celebraciones, secuelas de caídas y enfermedades comunes. Desde establos dispares repartidos por toda la villa acudieron a la Fuente de La Junquera, lugar emblemático y habitual de quedada, con las cinchas, arreos, correas, estribos y herraduras en perfecto estado de revisión así como con las sillas, mantillas, espuelas, polainas y demás equipamientos escrupulosamente pulcros y lustrosos como bien se merecía la ocasión.
La ruta corta y divertida como así había hecho saber y pronosticado el Maestro Pascual. Los caminos y sus dificultades se encargaron de dividir el escuadrón en pelotones definidos y en formación escalonada pero que, como mandan las leyes de caballería no escritas, se reagrupaban en los puntos señalados, cuando no estaban a la vista unos de otros o la distancia entre ellos se dilataba más de lo deseado. Con prontitud y pasados los Vales de Cadrete comenzó el terreno ascendente, sin excesivo desnivel pero que unido a los tramos de sube y baja iban mermando las fuerzas en un continuado desgaste hasta llegar a los pies de la cuesta más pronunciada. Ahí sí que sí, picando espuela, apretando estribos, amarrando trinchas y triando la trayectoria menos áspera, abrupta y pedregosa conquistaron la cumbre para desde allí deleitarse con la preciosa estampa que les ofrecía la naturaleza desde la Plana de Lobaco.
La vuelta vertiginosa como buenos potros desbocados, pero eso sí, con conocimiento y responsabilidad. Si algo caracteriza el carácter del caballo alazán es su gran valentía, elevada energía, privilegiada inteligencia y su comportamiento equilibrado y amigable. Es por todo ello por lo que se crea un vínculo de confianza mutua con sus cuidadores y caballistas formando binomios en perfecta sintonía. Todo este nexo y simbiosis entre montura y jinete, corcel y caballero, quedó patente y de manifiesto durante la cabalgada. Porque así debía ser y así fue.
Ni que decir donde finalizó la jornada verdad?. Pues sí, en la terraza, jarra en mano y brindando por todo y por todos a la voz de:
“Volvemos de una pieza,
con dignidad y entereza.
Bici sin cerveza,
no me entra en la cabeza”
miércoles, 5 de mayo de 2021
nuestro enemigo más fuerte, el miedo a nosotros mismos,
la cosa más fácil, equivocarnos,
la peor derrota, el desaliento,
los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor,
las sensaciones más gratas, la buena conciencia,
el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos
y la disposición para hacer el bien.”
Al igual que el capitán del barco que emite palabras de aliento a la marinería ante un inminente naufragio y es desoído y desatendido e incluso recriminado y culpado de la previsible tragedia, así te llegas a sentir cuando en un escrito anterior con el que tan solo buscas limar asperezas y ensalzar las virtudes que hay que defender a capa y espada, apartando todo aquello que perjudica, lo único que se crea es confrontación y hostilidad por aquellos que buscan mal intención donde no la hay, que releen entrelíneas con lupa rastreando indicios molestos, que adulteran sin sentido comentarios, tergiversan expresiones y confunden el alma del texto porque lo ojean a través de un prisma tan oscuro como el ambiente creado.
En ocasiones nos ciega de tal manera “nuestra realidad” que nos enfrascamos en una absurda caza de brujas buscando culpables para justificar nuestros propios errores propiciando una innecesaria purga y el desmembramiento de la fortaleza que nos unía. Metidos de pleno es esa espiral de despropósitos el desenlace no puede ser nada halagüeño y las secuelas se avecinan desalentadoras y desagradables para todos. Hay situaciones que son como el eco: si no nos gusta lo que estamos recibiendo, fijémonos en lo que estamos emitiendo. Después de mirarnos al espejo y con la mente abierta y despejada ya podremos juzgar con convicción los sonidos del resto.
Por fortuna la gran mayoría entendió con prontitud y claridad el propósito de ese alegato, quizás porque fue leído con la mejor de las predisposiciones y captando la idea general y global que se quería transmitir con él. Sin más, sin doble lectura, tal y como fue redactado.
Ese desconsuelo y amargura, desengaño y revés se vio apaciguado y mitigado por la cantidad de notas recibidas, aplaudiendo tanto el mensaje en sí como las palabras utilizadas para expresarlo, con respeto, delicadeza y esmero, salpicado con gotas de ironía y gracia, pero jamás con desaires, menosprecios, ofensas ni gestos o alusiones malintencionadas.
Mi más sincero y profundo agradecimiento a todos ellos por las vibraciones positivas que me han obsequiado y mis disculpas para quien dudó de la buena fé con la que fue concebido el texto por no haber sido capaz de trasmitirles, con la transparencia deseada, la idea reconciliadora pretendida.
las cosas que ves cambian también”
martes, 20 de abril de 2021
“Todo lo que ilumina debe permanecer ardiendo”.
No fue complicado de explicar: todo aquello que suma, lo positivo, auténtico y válido, lo ilusionante, satisfactorio, grato, provechoso y ventajoso, lo que engrandece, ennoblece, honra y hace prosperar, lo que crea esperanza, optimismo y confianza... ... por todo esto y mucho más así es por lo que hay que afanarse y batirse en duelo para defenderlo y protegerlo.
En ocasiones cuando se navega en aguas embravecidas, turbulentas y tormentosas la solución no está en buscar otras más tranquilas, mansas y plácidas sino en fortalecer y reforzar el barco en el que tantas batallas hemos librado y tanta gloria nos ha dado y no en desguazarlo, desmantelarlo ni mutilarlo.
Por el contrario, con todo aquello que resta no hay que perder ni un granito del reloj de arena, tan solo dejar que se debilite, se consuma y se desvanezca hasta que en el recuerdo solo queden sus cenizas y la imagen del humo disipándose como un mal sueño.
Todo lo demás, lo que no ilumina, lo que no ha de permanecer ardiendo, no me interesa, no lo acepto ni lo comparto.
No soy más que un simple aprendiz de juntador de palabras en versión barata y de rebajas, con más defectos que virtudes (por suerte) y estoy completamente seguro que también el menos indicado para dar consejos a nadie pero si dejo en el aire una reflexión para quien haya tenido el valor, la fortaleza y la resistencia de leer este tostón hasta aquí: rectificar es de sabios y el sabio que rectifica, ese sabio, ese sí merece el aplauso y el reconocimiento de todos pues su rectificación será alabada y enaltecida. No hay sabio más loable y admirado que el que lejos de creerse dueño de la razón absoluta rectifica a tiempo sus errores.
Y quien dice sabios... ...
“No comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo.”
Personas así suman e iluminan y por ello hay que arroparlas y preservarlas.
Tik Tok: Como en rutas anteriores pudimos deleitar a los asistentes con el gracejo natural que la genética nos ha otorgado para la danza y el baile. Con la dulzura y elegancia en los movimientos y la armonía y sincronización a la hora de enlazar los pasos nos convertimos una vez más en la envidia de cisnes, garzas y pavos reales.
Pero el Tik Tok es más que eso. Es el lapso de tiempo en el que miembros de todos los grupos participan juntos en una función, en el que actores y espectadores funden sus sonrisas, en el que unos pierden la vergüenza (si alguna vez la tuvieron) para que todos puedan gozar, saborear y regocijarse, aunque tan solo sea por unos minutos, de un acto conjunto sabedores que en breve bajará el telón y reiniciaran la marcha separados.
Momentos así suman e iluminan y por ello hay que ensalzarlos y evocarlos.
La cerveza: con la Barca atestada de babor a estribor y de proa a popa por marineros y pasaje la última parada cambió de ubicación. Pero no así las tradiciones. En torno a mesas separadas, juntos pero no revueltos, pisándonos las palabras y con los oídos aturdidos por el vocerío, fueron el júbilo, las risas, la diversión y la algarabía las que se adueñaron de las entrañas y del espíritu de los sedientos ruteros. Y al grito ensordecedor de: “Esparmaños... que agujeros os duele?” y su consabida respuesta: “au au au!!!” concluyó la quedada de otro sábado, una vez más espléndida y genial.
Los finales de ruta así suman e iluminan y por ello deben permanecer en el recuerdo y repetirse hasta la saciedad.
La primavera cayó en sus inicios con la contundencia y firmeza del mazo sobre el yunque y con todas sus esencias, fragancias, colorido y sonoridad sobre el último grupo de la ruta despertando y liberando en éstos la oxitocina, dopamina, serotonina, noradrenalina y feromonas, o lo que es lo mismo las hormonas del amor, del placer y la motivación, del estado de ánimo, del alivio y de la atracción.
El resultado se puede considerar altamente lamentable pues lo que empezó con comentarios sobre las Mama Chicho y las azafatas del Un, dos, tres, la cháchara fue elevando el tono de forma soez y ordinaria, sobre todo para un abanderado de la timidez y el retraimiento como un servidor, hasta el punto de que el más joven y en teoría alocado del grupo giraba la cabeza con gestos negacionistas totalmente avergonzado, mientras el responsable solo podía articular una y otra vez la misma frase: “que he hecho yo para que me haya tocado rodar con estos ...”. Para colofón nuestra visión se vio dañada con la imagen que sorprendió a todos de un striptease inmoral e indecente del hombre más calmo y sosegado que bajo la mascarilla y su tupida barba esbozaba una pícara sonrisa.
Espero que a quien corresponda tome las medidas pertinentes para que situaciones así no las tengamos que volver a padecer. Por fortuna al alcanzar al grupo de delante tanto desenfreno y libertinaje se transformó en cánticos, jotas, bromas, chascarrillos, chistes y tertulias de todo tipo montando un cotarro de lo más reconfortante, divertido y agradable.
Ambientes así suman e iluminan y por ello hay que mantenerlos vivos.
sábado, 10 de abril de 2021
10·04·2021
Aún sin conocerte te estoy agradecido.
Luz del faro que guía al bajel amigo
dando paz entre aguas tormentosas,
décadas de penalidades y alegrías
con tu brillo timonea bien orientado.
Vil vejez traidora arribada sin aviso
mástiles que desvanecen su fortaleza
velas rasgadas mostrando su penuria,
más ahí unido a él estás tú navegando.
Palabras compartidas a babor y estribor
endulzando siempre la perpetua sonrisa
aliento que a todo marinero nos contagia,
tú eres la venerada causante, bien lo sé yo.
Aún sin conocerte te estoy agradecido.
Dedicada a un amigo, compañero de rutas, pedales, fatigas, palabras y tertulias pero sobretodo a su mujer en el 45 Aniversario de boda. Agradecido por cuanto sé que has hecho por él en momentos complicados.
Felicidades.
jueves, 25 de marzo de 2021
19·12·2020
17. Trilogía: “EL CONJURO DEL HECHICERO”
PARTE III
“Ellos son los que se adentran
en lo desconocido y lo conquistan,
son los que alcanzaron las más altas cimas,
son los que se criaron escuchando hazañas
y ahora escriben las suyas.”
Entrados ya en el último mes del año y palpando las deseadas Navidades el conjuro comenzó a dar su fruto para sorpresa de todos. De las hojas de la hiedra supuraba una savia jamás vista por su color y textura, la cual fue cuidadosamente recolectada y envasada como si de polvo de oro se tratara. Cierto es que incluso podían estar frente al tesoro más deseado y valioso: una vacuna con la que hacer frente al poder de la parca y a su mortífero aliado invisible.
Tan solo faltaba profesar actos
de Fé: ofrecer esta nueva esperanza a dioses cristianos, paganos y mitológicos.
Partieron un 19 de Diciembre rumbo al Toro Sagrado de Alfajarín para mostrarle
agradecimiento y demandarle su legendaria fortaleza en un ritual con el cual en
otras épocas habrían sido víctimas de la Inquisición. El ambiente en el punto
de salida era especialmente jocoso y elegante pues el que más y el que menos
había adornado su montura con aderezos navideños y se había ataviado con sus
mejores túnicas y gorros roji-blancos típicos de estas fechas. Ni el torturante
frío gélido que se cebaba con ellos ni la persistente niebla que los
aguijoneaba con su humedad eran capaces de borrar las sonrisas de las caras ni
de apagar el brillo de ilusión que desprendían sus ojos. No tardaron en divisar
las ruinas del castillo musulmán y abriéndose paso a través de la bruma cerrada
culminaron la ascensión reagrupándose a los pies de la majestuosa silueta del animal
mítico protagonista de la ofrenda. Con el baile previsto realizado y el
propósito de la ruta consumado era hora de retornar a la aldea por la Alfranca
y la pasarela del Bicentenario a un ritmo asfixiante para la mayoría de los
corceles.
Una semana después, el 26 de
Diciembre, y por ser la última cabalgada del año decidieron hacer un guiño a la
doctrina cristiana y santificar la savia de la esperanza en la Ermita de San
Jorge. No podían esperar al 23 de Abril, fecha de su festividad, cuando los
lugareños se dirigen en procesión hasta allí para asistir a una misa tras la
cual el sacerdote bendice los campos del municipio y los nobles y señores de la
villa invitan a pan y vino a los asistentes. Previamente debieron ascender y
transitar por los molinos del Parque eólico Arias, esos que tan bien le habrían
servido de fuente de locura a Don Quijote. A partir de ahí, camino llano y
trote ligero hasta el cementerio del Burgo donde comienza la escalada hacia la
Ermita con unas rampas finales del 20% en las que hay que apretar los estribos,
echar el cuerpo hacia delante y no levantar las posaderas de la silla de montar.
Una vez coronada la cumbre, mientras los potros recuperaban el resuello y antes
de bendecir la pócima sagrada, los valerosos jinetes disfrutaron de las admirables
vistas que les ofrecía el paisaje.
Con el comienzo del nuevo año
las cabalgadas previstas para proseguir con las ofrendas sufrieron un penoso
revés por culpa de las inclemencias del tiempo. La ruta de los Belenes del 2 de
Enero se vio truncada por el agua-nieve que se posaba sobre los bravos
guerreros que, aun siendo conocedores de la que se avecinaba, ensillaron sus
monturas y galoparon hasta que el barrizal les imposibilitó la marcha. No hay
mal que por bien no venga y no hay contrariedad que no se pueda endulzar.
Merced a esta retirada a tiempo tuvieron la fortuna de poder empapuzarse con un
chocolate caldeado y engullir unos churros recién hechos cortesía de la
pariente de un fiel seguidor de la hueste tricolor.
No corrió mejor ventura la ruta
señalada para una semana después, el 9 de Enero, hacia la Cueva Encantada. La
villa, como prácticamente todo el Reino, amaneció con un manto blanco radiante
de considerable espesor fruto de una nevada histórica que sorprendió a propios
y fascinó a extraños.
Por fin el 16 de Enero los
establos se desocuparon y las herraduras volvieron a bailar con brío esta vez
por Miralbueno, Garrapinillos, camino de Bárboles, Torre Medina y puente de
Clavería. Tampoco iba a resultar un transitar sobre pétalos de rosas. El
incordiante y engorroso cierzo no quiso perderse la función e incluso osó actuar
activamente en ella. Pero ni él ni cien vientos más poseen la fuerza suficiente
para frenar a nuestros actores principales. Debían realizar el ritual pagano
del Fuego en la Pirotecnia y nada lo iba a impedir.
Persistente en su intento juró
venganza una semana después, el 23 de Enero, mientras nuestros caballeros
cabalgaban por las sendas del río Gállego, San Juan de Mozarrifar, la Cartuja y
Valdegurriana. Pero poco podía hacer ante la veteranía de estos paladines y su
maestría, destreza y pericia en el arte de parapetarse y guardarse ante sus
acometidas.
Barro, nieve, cierzo... ... Aún
faltaba un cuarto invitado detestado: la lluvia. Y esta se presentó sin ser
convocada el 30 de Enero. Las nubes que aligeraron su carga durante la noche y
la previsión al alba forzaron a tomar la infeliz pero acertada decisión de
cancelar la partida que debía poner rumbo hacia Peñaflor, la Ermita de san
Cristóbal y la Cuesta del Fraile. Más que anularla simplemente se pospuso una
semana y el 6 de Febrero iniciaron la ruta bajo una fina ducha de minúsculas
gotas casi imperceptibles que formaban
fastidiosos lodazales a su paso. Les aguardaba una idílica ascensión entre
pinares y vegetación típica del bosque mediterráneo y tras coronar la cumbre no
sin esfuerzo, afán y sacrificio brindaron la savia milagrosa para recibir su
bendición. Trotando de retorno al hogar transitaron por las inmediaciones de la
Cartuja de Nuestra Señora de Aula Dei, uno de los conjuntos más importantes del
Reino tanto por su arquitectura como por las obras de arte que encierran sus
muros. Rodeada por una muralla de ladrillo y cubierta por teja árabe se
deleitaron con la imagen de la sobria Iglesia central, la gran plaza
ajardinada, el claustro donde se ubica el cementerio, la hospedería, las
capillas privadas, el refectorio, la biblioteca y las celdas individuales de
los monjes cartujos con su dormitorio, oratorio, estudio, comedor, huerto,
taller y solana.
En esta peculiar ronda por
castillos, ermitas, iglesias y demás no podían ni debían faltar a la cita con
el emplazamiento más alto de la antigua Caesaraugusta: Santa Bárbara. Por ello
un 13 de Febrero y tras espolear sus monturas por los galachos de Juslibol,
Alfocea, Cantarranas, Rosales, Montecanal y Valdespartera se plantaron a los
pies de la pronunciada y escabrosa senda que los encarrilaría hasta los restos
de la fortaleza construida con obra de tapial y piedra y que posteriormente
sería reformada para edificar sobre ella la Ermita que se presentaba ante sus
ojos con grandes pérdidas de material y aspecto ruinoso. La desazón se apoderó
de ellos al ser testigos de lo que es capaz el ser humano en nefasta alianza
con la naturaleza. No había tiempo para lamentos y una vez practicada la
solemne ceremonia iniciaron la vuelta por la Cartuja y el camino de la
Alfranca.
El elenco de lugares por donde
debían peregrinar estaba a punto de concluir y así el 20 de Febrero bajo una
túnica sombría y grisácea que iría cediendo ante el empuje de los destellos
solares partieron en busca de la Cueva Encantada por el barranco de San Juan en
las proximidades de Alfajarín. Asegurando los pasos con cautela y precaución se
dejaron guiar por la estrechez del acotado sendero en el que tan solo había
espacio para una montura. Asegurando firmemente la riendas ante el incesante
zigzagueo y enfundados entre las lomas del barranco hallaron por fin el objetivo
de la ruta: la cueva. Y allí mismo depositaron unas gotas de la esencia
milagrosa con la esperanza de que el encantamiento del lugar contagiara su
poder. La vuelta, jubilosa y optimista por haber cumplido con el cometido de su
misión, la concluyeron por los términos de La Puebla de Alfindén y Villamayor.
Ya solo faltaba celebrarlo y
para ello decidieron retornar al primer destino de la correría para cerrar el
círculo y clausurar el propósito de tantas andanzas, aventuras y desventuras:
el Toro de Alfajarín. Pero esta vez se presentaba la jornada de forma diferente
pues no hay forma mejor de festejar una conquista o una victoria que frente a
un suculento y ostentoso menú de genuina dieta mediterránea. Por custodiar fielmente
la imagen de la hueste no pregonaré más detalles. Lo que fue digno de alabar
fue la perfecta organización tanto de los preparativos como del acto en sí.
Tras una pacífica invasión de la plaza de Pastriz y el buen hacer de la taberna
la jornada de hermandad finalizó envueltos en una nebulosa de fraternidad y
amistad que superó cualquier expectativa.
Durante meses obraron tal
y como sus principios así le marcaban. El germen de esperanza ya estaba
difundido por doquier y el conjuro del Hechicero ya estaba concluido. El resto
no dependía de ellos, los creyentes debían suplicar en sus rezos y los paganos
encomendarse al destino.
Pero el final de esta
lacra, o no, será otra historia, o no.
“Empieza haciendo lo necesario,
después lo
posible,
y de repente te
encontrarás
haciendo lo
imposible”
(San Francisco de Asís)
FIN
sábado, 20 de marzo de 2021
20·03·2021
16. Cuando aquí pasa algo.
“Desde su origen castellano,
habiendo atravesado diferentes tierras
y moldeado sinuosos paisajes, el Jalón
ya prácticamente desgastado tras sus andanzas,
se une al Ebro en Torres de Berrellén.”
Cuando el invierno quiere morir atizando sus últimos coletazos mientras se
consume entre sus postreras ascuas, cuando de sus cenizas la primavera pretende
renacer un año más impregnando el ambiente de aroma fresco y fragancia floral,
cuando el sol se empeña en hacer visible y palpable su presencia rociando de
calidez cuanto yace a sus pies, cuando el cierzo como único aliado del
agonizante invierno trata de evitarlo a toda costa... ... aquí pasa algo!!
Cuando por más que el viento nos intenta frenar tan solo logra aminorar nuestro
ritmo, cuando se da por vencido y en su afán de rehabilitarse nos impulsa en un
retorno presuroso, cuando las sendas teñidas de un manto verdoso aceitunado nos
protegen de tan molesto compañero de viaje, cuando las vistas del río Jalón con
su desembocadura, cauce, embarcadero y paradores emiten sensaciones placenteras y
confortables... ... aquí pasa algo!!
Cuando a pesar de las inclemencias de la tierna brisa que nos azota la cabeza
del locuelo gigantón no para de ingeniar nuevas campanadas y ofrendas, cuando
la Capitana recibe un más que meritorio homenaje por la Coral biciclera bien
instruidos por el nuevo dúo Pimpinela, cuando el baile del Tik Tok triunfa en
la primera toma y sin ensayo previo, cuando la guerrera dando muestra de su
fortaleza sobrelleva con su perpetua sonrisa una contractura que incluso le
impide respirar con normalidad aumentando así su leyenda particular... ... aquí
pasa algo!!
Cuando el Líder nos instruye con la maestría de un pedagogo de renombre sobre
la hipótesis del trenecito, cuando poco después un compañero con la teoría
aprendida pretende pasar a la práctica abalanzándose sobre su víctima más
próxima con disimulo y alevosía fingiendo un desplome casual, cuando esta
anécdota se salda con un cesto repleto de sinceras y profundas carcajadas,
cuando semejante jolgorio elimina nubarrones y libera tensión, cuando (tomo
prestadas estas sabias palabras) el bosque esconde secretos que solo los
asistentes son conocedores de ellos... ... aquí pasa algo!!
Cuando un compañero comparece por una senda imaginaria fuera del track, cuando
para adornar el pastel con una guinda lujosa lo hace con la cadena rota, cuando
todos paran a ofrecer su ayuda unos dando un rodeo para llegar hasta el
desafortunado protagonista del incidente mientras un friki disparatado salta la
acequia creyéndose Spiderman, cuando entre todos y gracias a los extensos y
completísimos conocimientos de mecánica se solventa la contrariedad de forma
rauda y efectiva... ... aquí pasa algo!!
Cuando esta vez sí hay tiempo para la preceptiva cerveza y unas patatas fogosas
gentileza del cumpleañero (gracias), cuando aunque sea en mesas separadas
converge tanta tropa a la par mostrando semblantes dichosos y encantados
rodeados de una aureola de bienestar y satisfacción... ... aquí pasa algo!!
Y lo que pasa no es novedoso, para nada. Es algo que siempre hemos tenido y que
NO se había perdido ni olvidado. Quizás estaba sedado y adormilado o arrestado
en una celda de incomprensión e incertidumbre. Quizás el momento de juzgar ya
debe pasar, quizás rebuscar en el pozo turbio de las causas no es lo preferible
porque nadie tiene la única verdad ni la razón absoluta.
Es el momento de mantener vivo, despierto y avispado lo regenerado hoy. Es el
momento de finiquitar este gris invierno y renacer con la primavera que seguro
nos brindará fortuna, bonanza, concordia y fraternidad.
Como esta semana debía haber sido la más grande para los valencianos, en
recuerdo hacia ellos y antes de que me salte la primera lagrimilla me despido
en el idioma de mi terreta deseando que os unáis conmigo al grito de:
¡¡¡ Vixca la mare que us va parir a tots !!!








