domingo, 25 de julio de 2021

24·07·2021

25. Forjando su historia

Va por vosotros pero que los dioses os pillen confesados.

Asomado en el mirador de su alcoba y con la mirada perdida en el horizonte vio llegar al mensajero cubierto de polvo y, al igual que su caballo, al borde de la extenuación. Llevaba tiempo esperando ansiosamente noticias desde su retiro espiritual donde disfrutaba del merecido letargo estival.

Con prontitud la misiva que portaba el sofocado correo recaló en sus manos y sin dilación fracturó el sello lacrado. Una vez aposentado cómodamente en su mullida poltrona se dispuso a leerla:

"A la atención de Lord Paskual, ilustre y noble Maestre de la Honorable Orden de los Alazanes:

Como bien es conocedor vuestra merced, en estas últimas semanas no he tenido la fortuna de poder cabalgar con nuestros bravos caballeros al ser requeridos mis servicios de vigilancia y protección por los comerciantes y mercaderes de la villa. Más aún así confidentes e informadores han tenido a bien mantenerme debidamente al día sobre las andanzas, aventuras y desventuras de nuestra tropa.

Pero antes considero obligado recordar la correría del 19 de Junio, la última organizada por su distinguida persona (con la estimable colaboración del prestigioso cartógrafo Sir David Divad) y en la que galopamos por la Ruta de las Ermitas junto a compañeros de los diferentes clanes de la Gran Hueste. Jinetes de los Riders, Finisher, China Chana, SPQR y Principiantes se unieron a esta aventura de forma espontánea para nuestro gozo y regocijo. Un orgullo comprobar que ya somos considerados uno más de la distinguida Hermandad y que tenemos el reconocimiento de la mayoría.

La ruta espectacular, con el paso por la Ermita de Nuestra Señora del Pueyo en Villamayor, vedado de Peñaflor, la tradicional ascensión a la Atalaya, el paso por Leciñena, las escaladas hasta el Santuario de la Virgen de Magallón, Ermita de Nuestra Señora de Asteruelas y cuantas aparecieron en el camino.

Ya de vuelta fuimos alumnos aventajados de una enseñanza magistral impartida por vuestra merced sobre cómo descabalgar de la montura como a uno bien le viene o le da la gana aunque no sea de la forma más usual y por ello acabe besando el suelo. Lección que raudos pusieron en práctica los más jovenzuelos pues ellos también acabaron rodando pendiente abajo y de paso arrastrando a un familiar formando así un amasijo irreconocible de jinetes y monturas que incluso llegó a agrietar la armadura de uno de los corceles.

Por fortuna no hubo que lamentar ninguna lesión de gravedad pero este incidente, unido a algún otro infortunio y despiste más, impidió a la mayoría poder hacer la preceptiva parada en la taberna pues la arena del reloj nunca se detiene y había que regresar al hogar sin tiempo para brindar, engullir la gélida cerveza y darle un buen tiento a las patatas de costumbre.

Quede tranquilo Maestre Paskual, pues tras esta ruta y en las posteriores semanas los caminos, sotos, veredas, montes, cerros, sendas y calzadas lindantes a la Villa también contaron con la presencia de nuestros Alazanes.

Cierto es que con ausencias notables, unos por obligaciones o necesidades familiares o laborales, otros por estar vagando por las costas mediterráneas o por los pueblos de montaña del interior, otros disfrutando de la codiciada licencia vacacional, alguno por andar festejando con la dueña de su corazón mientras que algún otro rondaba a la dama de sus sueños por tierras extremeñas y el resto por motivos más insólitos y peculiares. Como Lord Henryke quien tuvo que acompañar, apoyar e instruir a su primogénito en los Torneos y Justas organizadas por la nobleza en los que participaba  defendiendo el estandarte de su familia. O también como el Conde Armand de Puendeluna quien anduvo visitando las tierras y posesiones de su feudo en las Cinco Villas para controlar en primera persona las reformas habidas en su palacete.

El 26 de Junio y sometidos bajo la férrea disciplina castrense del Mariscal de Campo Gocha nuestros caballeros dirigieron su galope por la Vallobera Larga hacia las sendas de Goya para una vez culminada la ascensión recorrer las Planas hasta el mirador, desde allí deleitarse con la espectacular panorámica que se presentaba ante ellos y retornar por Cadrete. ¡¡¡Ay la Vallobera!!! esa ladera prolongada a la par que tendida y que tan buenos recuerdos le traen a más de uno, como los de aquella ocasión en la que entre risotadas y carcajadas debido a ciertas chácharas primaverales, calenturientas y subiditas de tono acabaron rebautizándola como “ruta de las Ga ... viotas”.

Pocos eran e hicieron lo que saben hacer los pocos: dejar el pabellón de la Orden bien alto. Junto a esos dos gloriosos veteranos que se niegan a compartir con el resto la fórmula mágica del elixir de la juventud eterna cabalgaron el Man of Arms Humbert, el hombre sin hambre que ya ha aprendido a dar buena cuenta de las viandas que porta, el infalible Centurión Jorgini con su regio porte marcial y bastión imposible de doblegar, el terremoto indomable Javier M´Oskitt capaz de obsequiarnos con su dulce y meloso refunfuño mientras cabalga sin manos y el bravo berserker vikingo Mamolar a quien los infelices mosquitos tomaron como presa fácil.

Pobre de ellos. Mala elección pues desconocían la leyenda sobre este guerrero que fue capaz de hacer llorar a una roca al caer sobre ella. Una y otra vez trataron de penetrar su piel de acero sin el resultado anhelado. Al tiempo un viajero aventurero venido de las tierras norte-africanas comentaba la extraña aparición por allí de una plaga de minúsculas moscas negras las cuales observándolas de cerca estaban todas melladas, desdentadas o con los colmillos romos y desportillados. Curioso. ¿Quizás eran las mismas que emigraron en busca de víctimas más tiernas?

El 03 de Julio de nuevo siete Alazanes partieron de sus establos. De nuevo siete pero no los mismos siete, los que salen por los que entran. Para esta ocasión sepa vuestra merced que Sir Pak O´Inés retornó de su exilio voluntario por fondeaderos, acantilados y playas del litoral para honrarnos con su grata presencia y fluida verborrea en la nueva cabalgada. Es más, se dignó a preparar la ruta por los Vales Esteparios, esas extensiones de suaves relieves y espacios abiertos en tonos ocres, blanquecinos, plomizos y pardos que bajo una estricta climatología origina una elevada aridez pero de alto valor ecológico por la singularidad de las especies vegetales y animales que las habitan adaptadas a ese medio tan exigente. Bien es sabedor vuestra merced todo sobre estos páramos.

Cría fama y échate a dormir. Muy a su pesar, los otros jinetes eran perfectos conocedores de la de Sir Pak O´Inés por lo que el temor a las trampas, vallas, túneles, cadenas, barrizales, cumbres inalcanzables de no ser a pie, sendas intransitables y demás, los envolvió como una niebla angustiosa. Por fortuna contaban con la presencia del talismán de la Orden, Lady Marian Ligth, quien con su templanza y serena sonrisa apaciguó todo canguelo y desconfianza. Y así, una vez superado todo recelo y resquemor, el entorno se iluminó con el júbilo, regodeo y entusiasmo habitual hasta alcanzar el vértice geodésico marcado como objetivo principal de la correría.

El 10 de Julio quedará marcado en el Archivo de la Orden como el día del retorno a los caminos del Caballero del guantelete de yeso Sir Danniel Guss una vez finalizó su travesía personal por el túnel del desasosiego y la desesperación. Doloroso camino solo paliado en parte por el ánimo y apoyo que pudo percibir de todos nosotros, a quienes nos alentaba la ilusión de volver a cabalgar junto a este fiel paladín y noble defensor de nuestros ideales.

Junto a él otra grata reaparición. Quien sabe si de verdad fue por el desdichado infortunio de su mujer que la obligaba a estar postrada en el camastro de su chabola, o como mucho me temo porque la amenaza vertida sutilmente de que o volvía o nos veríamos obligados a ir a por él surtió el efecto deseado, el caso es que Lord Miguel Lion participó con su gracejo natural en esta cabalgada.

Tuvieron a bien pensar en el convaleciente, preparar un trayecto cómodo y trotar a un ritmo placentero hasta la Presa de Pina para volver por Alfajarín. Eso sí, desistieron de la idea inicial de ascender a la Cueva Encantada pues ya para entonces las posaderas de Danniel Guss estaban para pocos encantos.

No sé si hago bien en contarle a vuestra merced que todas sus aflicciones y dolencias se fueron difuminando milagrosamente hasta esfumarse por completo conforme los tragos de cerveza circulaban por su gaznate como almas perseguidas por el Diablo. Mano de Santo si bien es cierto y necesario apuntillar que fue preciso ocupar de jarras vacías toda la mesa del bar Begoña de Santa Isabel para que este prodigio mágico viera la luz.

Y por fin llegó el 17 de Julio, fecha en la que había sido relevado de mis obligaciones con el mercadillo de corte británico y pude disfrutar de la ruta junto a mis jinetes añorados. También contamos con Sir Louis Jim Eno, el soriano con la agenda más saturada que la de cuantos nobles y señores feudales pueda conocer vuestra merced, con el rayo centelleante Jesús Electry y su corcel Flash y con el alma libre Álvaro, un escudero sin rumbo fijo, conversación multi-temática y semblante de tan buen zagal que es imposible llamarle la atención ni someter a castigo alguno.

Remontamos el Ebro hasta Torres de Berrellén acompañados siempre por la música que afloraba de un insólito y chocante artefacto que portaba Lord Miguel Lion prendido en su armadura. Todo baile sobre las monturas, hechos más significativos y escenas pintorescas como la del brindis del final de la cabalgada quedarían grabados para la posteridad por nuestros artistas del lienzo y pincel.

Y poco más le puedo contar a vuestra merced sobre las andanzas, aventuras y desventuras de sus nobles caballeros de la Orden de los Alazanes acaecidas en estas últimas jornadas en las que tanto se le ha echado de menos.

Sin más papiro sobre el que escribir, con el tintero vacío y las plumas con las puntas quebradas se despide su humilde servidor:

Hidalgo Fernán del Turia”

Satisfecho con las noticias recibidas, el ilustre Lord Paskual pudo descansar tranquilo mientras en su mente inquieta ya planeaba la ruta de la siguiente semana en la que, satisfechos ya sus compromisos familiares (con cuñados incluidos), podría volver a galopar arropado por esos jinetes que tanto aprecio, respeto y admiración le procesan.

Y así siguieron los Alazanes forjando su historia y marcando su destino, sin hacer ruido, medio en la sombra, sin necesidad de estar en primera línea y sin grandes pretensiones. Les bastaba con el apoyo y el trato fraternal recibido por la Hermandad Btt Zgz. Y eso ya lo tenían.

“Cuando los obstáculos aparezcan

cambia el camino para alcanzar la meta,

pero no cambies tu decisión de llegar hasta allí”

(Zig Ziglar. Alabama, 1926/2012)

                                                                                   

martes, 22 de junio de 2021

12·06·2021

24. Ni un segundo perdido

“Ni un segundo perdido.
El tiempo es demasiado exiguo y preciado  
para dejarlo volar entre minucias y necedades.
Un segundo perdido,
es un paso menos en nuestro camino.”

“Memorias de la ironía”, Noss Equien Nikuando. 
(Donanfer Sanfort, 1965)

12 de Junio: el mismo día en el que en 1295 el Papa Bonifacio VII nombró a Jaime II rey de Cerdeña y Córcega, en el que en 1898 Filipinas declaró su independencia de España o en el que el Imperio romano celebraba el sexto día de ofrendas en honor de Vesta (diosa del hogar y símbolo de la fidelidad), los Alazanes partieron raudos al llamamiento de auxilio de la población de Rodén. Ni un segundo perdido en otros menesteres.

Se trataba de una minúscula aldea de escasa población marcada por las tragedias, asesinatos, incendios y epidemias además de otras desdichas, infortunios y fatalidades similares que ni cronistas, trovadores y juglares eran capaces de narrar. Quizás por ello los testimonios que aseguraban escuchar llantos y lamentos en los alrededores se multiplicaban creando un halo de inquietud, congoja y pavor.
 
Asesorados por sacerdotes, teólogos y eruditos partieron con la esperanza de ser portadores de la solución que disipara tal temor y canguelo. La cabalgada la iniciaron 15 valientes aunque en las proximidades de La Cartuja Lady Marina y su entrañable compañero de mil batallas Arthur regresaron por el Canal a la Villa. Al día siguiente les esperaba una hazaña que rozaría la heroicidad: la Jorgeada.

Entre las jornadas anteriores y la que nos ocupa habían recuperado a ilustres caballeros como Sir Miguel Lion tras su merecido descanso y quien organizó con esmero la anterior correría a la Ermita de Peramán, Javier M´Oskitt tras expiar sus pecados y redimirse de sus delitos, el Maestre Pascual ya sin efectos secundarios de la pócima mágica y Lady Marian Ligth: para la milicia era todo un lujo galopar junto a la Capitana Jefa y su templado paladín David Alado. No era habitual, sino más bien complicado, ver que ambos ensillaran sus cabalgaduras en la misma correría y que juntos brindaran su grata presencia y placentera compañía al resto de jinetes. Lo dicho: todo un lujo, azar o destino afortunado.

Repetían gloriosos guerreros como el oso de Ordesa Lord Joaquín quien agrandó su leyenda el domingo anterior en la subida a los miradores del Parque Natural, el hombre de armas Humberto con sus dotes innatas para el baile sincronizado, Sir Carmelo de quien se decía que tenía igual de peligro con las palabras que al galope, Sir Jesusel Ectrica con su potro dotado de una fuerza extra de origen desconocido. Y más, alguno más.

El que, como ejemplar y distinguido Caballero andante que era, antepuso las Leyes de Caballería a la cabalgada fue Louis Jim Eno acudiendo a la llamada de amparo y salvaguardia de su dama cacereña. Ni un segundo perdido en otros menesteres. Vamos, ni medio.

El camino hacia El Burgo y Fuentes de Ebro transcurrió sin incidencias reseñables y a trote ligero, reservando fuerzas y con tan sólo una parada para regar los hierbajos del margen del camino y ser pasto y pienso de los despreciables mosquitos que se lanzaban impetuosamente y hambrientos ante la visión de tal cantidad de carne fresca junta.

A partir de ahí el desnivel se iba elevando de forma constante y tendida con el benévolo sol conteniendo su cólera veraniega y con una suave brisa que los escoltaba haciendo más placentero el transitar por ese desierto estepario sin una sombra en la que parapetarse.

No tardaron en divisar el montículo coronado por lo que se asemejaba a una acrópolis griega pero de influencia islámica, mudéjar y gótica, en el que destacaban los restos del castillo y de la Iglesia de San Martín. El caserío estaba construido sin ladrillos, en piedra de yeso blanca y traslucida tipo alabastro parecida al mármol y que por ello desprendían ciertos reflejos que le daban una luminosidad peculiar. No era de extrañar que los edificios que resistían en pie en semejante paisaje fantasmagórico y espectral se hubieran convertido en el hogar de espíritus y almas en pena. 

No hay mejor manera de batallar contra el enemigo que con el buche lleno así que compartieron las hogazas de pan, el embutido variado, las cuñas de queso curado, los fastuosos chuletones, las verduras braseadas y los frutos secos, todo ello bien regado con vino del terreno. Puede que ese no fuera el menú pero soñar es gratis.

Y ahora sí, había llegado el momento del ritual ceremonioso con el que liberar a los atemorizados aldeanos del mal que pesaba sobre ellos. Dispuestos en dos hileras para abarcar más espacio y tras un breve ensayo comenzaron la solemne liturgia moviendo brazos y manos de forma acompasada y al ritmo marcado por las voces que la dirigían:
¡¡¡ En haut ... ... en bas ... ... á gauche ... ... á droit ... ... 
en haut, en bas, á gauche, á droit !!!

finalizando esta con un anárquico movimiento circular con el que terminar de espantar a las ánimas perversas.

Abandonaron el lugar con el sincero agradecimiento de los habitantes, los cuales estaban convencidos de que semejante danza daría los frutos deseados. Quizás la necesidad y la esperanza superaban a la razón. Los Alazanes no lo tenían tan claro, para nada, pero ya nadie les quitaría el ocurrente, cómico y festivo momento con el que habían gozado y disfrutado allí. Ni un segundo perdido, un paso más en el camino.

Durante la vuelta por el Canal la cuadrilla se dividió. Los más belicosos y batalladores espolearon a sus monturas para adiestrarlas en el noble arte de la guerra a caballo mientras el resto preferían un trote más llevadero y tolerable. A alguno que decía conocer bien su cuerpo, pero que como quedó demostrado no tanto como él creía, le vino de perlas este ritmo más liviano. Al final y ya en la taberna tuvo que admitir que no se puede cabalgar sin dar buena cuenta de las viandas y tragar agua cada cierto tiempo. Ya le quedó claro la ley de oro: comer sin hambre y beber sin sed. 
 
Aún tuvieron ocasión de cruzarse de nuevo con el fascinante personaje de cuerpo escombro desnudo que ya les impactó semanas antes en la ruta de Torrecilla- Pedregosa. Esta vez al menos portaba sus virtudes o miserias tapadas con un calzón enrollado sobre sí mismo a modo de tanga ibicenco artesano. Hubo quien pensó que podría tratarse de una señal de mal augurio y quien por el contrario prefirió creer que podría tratarse de un talismán de buenaventura, eso sí, algo cochambroso y doloroso para la vista.

Con el reagrupamiento en la taberna, los primeros jinetes en llegar se vieron en la solidaria obligación de engullir una segunda cerveza para poder brindar con el resto. El compañerismo rezuma por los poros en este tipo de situaciones, verdad?. Falto de memoria, rebosante de generosidad y agradecimiento o dueño de un corazón enorme Lord Miguel Lion volvió a invitar a las papas por su próximo cumpleaños. 

Y con la espuma aún pegada al bigote y los corceles descansados retornaron a sus respectivas chozas satisfechos y dichosos. Ni un segundo perdido, un ladrillo más en el muro de nuestra fortaleza.

“No mires el reloj, haz lo que él hace: sigue adelante.”


martes, 8 de junio de 2021

06·06·2021

23. Miradores del Parque Nacional de Ordesa

“Nunca te rindas,

a veces la última llave

es la que abre la puerta.”

Cuando todo confluye para que el destino sea halagüeño la fortuna le sonríe con certeza. Y bonanza, gozo y satisfacción es lo que nos deparó la ruta de este domingo por el Parque Nacional de Ordesa y sus impresionantes miradores.

Aceptaron el reto 17 osados entre invitados de lujo, como demostrarían posteriormente, y compañeros del Club. Algunos de ellos se entremezclaron sin apenas conocerse o habiendo coincidido en contadas ocasiones, pero en un día como este los nombres de los grupos quedan archivados y solo hay una piña: Btt Zaragoza.

Por fortuna la lozanía del más jovenzuelo elevaba la media de edad del resto porque el que ya no estaba calvo del todo como un servidor la naturaleza le pronosticaba un final similar. Los había con la frente ampliada por entradas prometedoras mientras otros contaban con una única salida de escaso pelo. Y el que aún podía presumir de melena al viento la portaba con orgullo pero adornada con matices y tonos blanquecinos. Eso sí, al contrario que con Sansón, el secreto de nuestra fortaleza no reside en el pelaje. Menos mal.

Lugar de quedada: el parking de Broto donde algún mosquito zumbón no dudó en vociferar a los cuatro vientos: “si Enrique no llega tarde, llega Fer, pero uno de los dos seguro”. Y claro, así fue y así se volvió a cumplir la sentencia y la reprochable costumbre. Aunque no fue del todo culpa mía de poco iba a servir tratar de excusarme esta vez así que apechugué con la ofensa con resignada naturalidad. Cría fama y... ... ...

Con las monturas prestas y dispuestas iniciamos la marcha en grupos perfectamente organizados. O igual no fue exactamente así, tengo lagunas mentales y secuelas por el mal de altura que debí padecer. De aperitivo y para ir calentando piernas, pulmones y corazón tuvimos que digerir un primer “puertecito” de una docena de kilómetros por buen asfalto y transitando entre el pulmón verde que nos rodeaba y nos insuflaba el oxígeno que buena falta nos haría más adelante.

Tras un reagrupamiento para dar cuenta de las primeras viandas y algunos para airear el ciruelillo afrontamos el descenso desde Fanlo con la intención de disfrutarlo al máximo. Como cambia la película cuando, con el fiel aliado de nuestro sobrepeso, nos dejamos caer a velocidades vertiginosas agradeciendo la inestimable colaboración de esos kilos forjados con tesón y constancia desde tiempos remotos y que por el contrario cuando la rueda delantera apunta al cielo cuestan tanto de arrastrar.

Poco dura la alegría en casa del pobre y lo que ascendiendo se prolonga hasta la eternidad cuesta abajo pasa en un suspiro. Prácticamente y sin tiempo de recuperar nos vimos en Nerín con la imagen del autobús coronando la primera cima. Para los noveles en esta lid aquello ya nos parecía una elevación destacable. Ignorante de mí, no tardaría mucho en darme cuenta que tan solo era una liviana gota de agua en ese mar de tierra y rocas que parecía no tener fin. Con los oídos receptivos acepté de buen grado los sabios consejos de los que ya habían realizado esta ruta, alguno de ellos incluso varias veces y por recorridos diferentes: “no apretes, ves a tu ritmo, ojo que queda mucho... ...”. Eso es digno de aplauso y agradecimiento. Lo de “reserva algo para el final” es otro cantar: ¿Reservar?¿reservar el qué?, pero si a media ascensión los pedales ya giraban solos, por propia inercia, al límite y bajo mínimos. No se puede reservar de donde no hay ni para gastar.

Si algo se aprende en este tipo de rutas es el papel fundamental que juega la cabeza y la mentalidad. Por eso cuando frente a mí observé a una chica en bici con vestimenta de paseo dominguero y a ritmo de Verano azul y que a pesar de esforzarme por alcanzarla la misión me resultaba imposible un negro nubarrón envolvió las escasas neuronas sanas que aún me quedan. Por fortuna para mi dignidad, aunque algo tarde, los compañeros me abrieron los ojos: su bicicleta era eléctrica!!! Por segunda vez, ignorante de mí.

La dureza y exigencia del camino fue dejando un rosario de héroes separados en pequeños grupetes o diseminados en solitario, con puntuales y breves reagrupamientos en recovecos donde comichear algo, estirar las piernas, aligerar lastre y tras cuatro palabras reiniciar la ascensión. La visión de las largas e interminables rampas se repetía una y otra vez, de las cuales esperábamos con delirio que la que se divisaba en el horizonte fuera la última pero al llegar a su final y girar, la escena se reiteraba y entre los ojos se clavaba otra similar. Para la tocada moral del novel esta situación no ayudaba mucho.

Mano de santo fue el agua que sudaba de entre las rocas formando un riachuelo y que tras refrescarme con ella se llevó buena parte de mis males. Hubo algún compañero que incluso llenó el botellín y a día de hoy no hemos recibido ningún parte médico por gastroenteritis, buena señal.

Por fin fuimos llegando al cruce del primer mirador, el más espectacular según comentaron después los que subieron por la senda hasta él. No todos, unos porque ya lo conocían de visitas anteriores, otros porque llegaron con molestias físicas o agotamiento y alguno porque solo con divisar la obligada caminata que le esperaba declinó la invitación. Por tercera vez, ignorante de mí. Y esta, imperdonable.

Mientras esperábamos sobre el manto verdoso que se postraba a nuestros pies para continuar la correría, y que bien lo hubieran deseado para sí Heidi y su abuelo, el frío montañés de los más de 2000 metros de altura nos aguijoneaba sin compasión ni piedad. Entre la paz y el sosiego del momento, pero castigado por la baja temperatura, surgió como una visión el recuerdo del jersey de ganchillo de la abuela con su bufanda, gorro y manoplas a juego así como los calzoncillos bien subidos muy por encima de la cintura para no coger frío en los riñones a costa de sellar herméticamente la rajadura de las posaderas. ¿A quien no se los han colocado así alguna vez?

Los otros miradores sí que contaron con la visita de toda la tropa. Necesitaría folios y folios para describir el regalo que me ofreció la naturaleza desde ahí. Cuanto pudiera contar parecería poco. Hay que ir, saborear el momento y deleitarse con el lugar. No hay más.

Cortos también quedaron los avisos sobre la dificultad del descenso hasta el río Ara. Doce kilómetros de camino roto, pedregoso, martirizante y torturador que te va martilleando constantemente a ritmo de redoble de tambor, anestesiando pies y manos y engarrotando los dedos fijos e insensibles en las manetas de freno. Frenos que también padecieron lo suyo y que alguno desprendía una fragancia peculiar a tostadora vieja o sartén chamuscada. Con prudencia y sin incidentes nos fuimos reuniendo sobre el puente con la melodía de fondo del río y las notas de su danza sobre la rocas.

Lo peor ya había pasado, o casi todo. Faltaba la puntilla, la emboscada final. Mala sombra quien ideó semejante repecho para salir a la carretera. O estaba aburrido, tenía pocas luces o la diseñó como bien le vino y pudo. Lo verdaderamente decepcionante fue no tener un móvil a mano y poder plasmar para regocijo posterior y hasta la eternidad la imagen de ese puñetero mosquito, que había empezado la jornada con burla hacia mi, subiendo el rampón... ... andando!!! Se libró, cagüen tot.

Y hasta Broto como balas. Tras acondicionar las bicicletas en los respectivos coches se dio una de las imágenes del día cuando, ofreciendo y compartiendo comida, unos de pie y otros sentados en el suelo formando corros, más que un grupo de adultos que acababan de realizar una ruta ciclera parecíamos un grupo de Boys Scouts al final de una acampada o excursión por el campo. Tan solo faltó la guitarra y las típicas canciones pegadizas.

Despedidas, abrazos imaginarios y choques de puños para finalizar una jornada brillante y genial.

Si ayer me dices de repetir la ruta lo hubiera dudado y mucho. Pero hoy en frío, descansado, repuesto, y con el frasco de alcohol de romero vacío te digo que por supuesto que sí. Pero hoy no... ... ... (Ahí os la dejo botando).

 “Fija tus ojos hacia delante

en lo que puedes hacer,

no hacia atrás

en lo que no puedes cambiar”

 Mi felicitación y reconocimiento a todos los compañeros que lograron hacer de este un día inolvidable y el agradecimiento especial a Paco, una vez más y de corazón, por sacar adelante y de forma impecable cuanto nos propone.

Mil gracias a todos por todo. 


jueves, 3 de junio de 2021

 

29·05·2021

22. Mañana estaré triste, hoy no.

El 28 de Mayo de 722 tuvo lugar la Batalla de Covadonga en un paraje próximo a Cangas de Onís, uno de los accesos a los Picos de Europa en la Cordillera Cantábrica más impresionantes y bellos. Una cruenta escaramuza que enfrentó a las tropas musulmanas y a las del levantamiento astur-godo encabezado por Pelayo. Para unos supone el nacimiento del Reino de Asturias y la primera derrota del Islam en Hispania mientras que para algún cronista musulmán tan solo fue una retirada de la montañas astures pues allí no había más que treinta asnos salvajes que poco daño podían causarles.

Mito o realidad, historia o leyenda nuestros alazanes decidieron en esta jornada tan próxima al aniversario de la batalla rendir homenaje a los bravos batalladores que defendieron su tierra con coraje y honor.

Para ello el Mariscal de Campo Gocha, haciendo uso de sus consabidas dotes y aptitudes en cartografía militar, acondicionó una ruta exigente desde sus inicios en el Campo de tiro donde arqueros y ballesteros entrenaban con persistencia su puntería. A partir de ese punto de partida planificó la correría para cabalgar por el camino de la Estepa, el de Valdelareina, zona de Valdepino, pista de Torrecilla a Mediana, vértice geodésico Pedregosa, barranco de Valdevarés, Parque eólico Arias y vuelta a la Villa por el Canal. 

La tropa reclutada en esta ocasión era menor que en otras correrías por causas dispares pero a su vez justificadas y disculpables:

Los caballeros  Miguel Lion y Pac O´Ines, quienes con la licencia y autorización pertinente se desplazaron a las costas mediterráneas a explorar nuevos territorios y a disfrutar de una merecida tregua y descanso a orilla del mar, sobre la arena de la playa y bajo el amparo del rey Sol.

El Maestro Pascual, quien recibió del druida venido de una indomable aldea de la Galia cuyo morador más famoso era un tal Asterix, una dosis de su célebre poción mágica. Tal fue su inquietud y temor hacia el poder del brebaje que con buen tino optó por permanecer en su choza y no humillar en la ruta al resto de jinetes.

El indomable Javier M´Oskitt, a quien los trabajos forzosos a los que fue sometido como condena, de vete tú a saber que delito había cometido, le pasaron factura. De que magnitud sería la pena y el castigo así como la tortura y el suplicio infligido que fue capaz de privar a este travieso rebelde de su pasión por galopar sin cadenas por nuestros montes.

El hombre sin frío Louis Jim Eno, quien ante amenazas externas tuvo la necesidad de viajar hacia su añorada tierra soriana para fortalecer las murallas de su castillo, reforzar sus defensas y robustecer pilares y bóvedas. Seguro que no volvería de vacío, pues ante algún homenaje gastronómico seguro que se vería obligado a lidiar con su reconocido y popular esfuerzo y tesón.

El fiel escudero Daniel Guss, todavía mermado con la mano embutida en el guantelete de yeso y con la desesperación de tener en el establo a su rocín y no poder montarlo. Por contra la cara del animal era de alivio, bienestar e incluso descaro al ser consciente de que en un tiempo se libraría de soportar el sobrepeso del otro animalito. Aún así, y como bravo guerrero que es, se las ingenió para poder trotar con un potro más dócil y doméstico en el picadero de su rancho y de esta guisa mantener firmes y consistentes los glúteos y un tono físico al menos aceptable.
  
Hubo más ausencias igualmente comprensibles y que estuvieron en el pensamiento de la tropa, los cuales pueden estar tranquilos pues seguro que en próximos relatos verán reflejadas sus hazañas y aventuras. 

Trotando hacia el punto de quedada al Mariscal Gocha y al hidalgo Fer (ojo, que suenen las campanas porque por esta vez, y que sirva de precedente, sí fue puntual) se les unió el ilustre paladín y gran valedor de la causa David Al•Lado montando a su inseparable corcel Pegasus, el primer caballo que según la mitología griega llegó a convivir entre los dioses y al que Zeus nombró portador del rayo y del trueno.

De verdadero placer y regocijo les resultó la parada para saludar al genuino Sir Arthur King. Que más se puede comentar sobre él que no se haya dicho ya: puro, natural, auténtico... y sobretodo admirado y respetado por toda la Hueste de BttZaragoza.

Ya reunidos y a toque de corneta  iniciaron la partida con Lord Daniele comandando el séquito. El jinete de las mil batallas, el que tenía engañado al resto con su edad o el que selló un pacto de juventud eterna con dioses o tal vez con demonios porque su férreo galopar sobrepasaba lo meramente humano y terrenal.

Junto a él repetía cabalgada el letrado educador Luisja Vier quien aparcaba sus funciones académicas con las que culturizar a los infantes de la villa para, coleta albina al viento, enfrascarse en las lides y andanzas de los alazanes.

Sería imperdonable no mencionar al caballero inglés Lord Eduard Catalí. ¡¡¡Ayyyy Eduard, Eduard, Eduard!!! Camino del punto geodésico Pedregosa sufrió un percance con una de las herraduras de su caballo, la cual requería ser sustituida. Hasta ahí bien, a cualquiera le podía pasar. Pero cuando a las preguntas de: Tenazas? pujavante? escofina? ramplones? herradura de repuesto?... recibían la negativa por respuesta los semblantes se tornaban pálidos y acongojados y solo recobraban la sonrisa cuando el propio caballero inglés sembraba entre todos su peculiar humor británico. Por fortuna y con una buena dosis de maña y otra tanta de fuerza el Mariscal pudo solventar el infortunio y ya superada la angustia del mal trago reanudaron la correría.

Tampoco les vino mal semejante parón pues con ello y por decisión consensuada se libraron de la ascensión más penosa y exigente. Dieron buena cuenta de las viandas para posteriormente cumplir con el preceptivo posado grupal. El legendario berserker vikingo Mamolar se afanó durante la semana en tocar el piano, el arpa y el laúd con el honorable empeño de afilar sus rollizos dedos y así solventar el desliz de la ruta anterior. Y vaya que si lo consiguió pues la imagen en el lienzo quedó en esta ocasión perfectamente estampada.  

Camino de vuelta se dieron de bruces con un personaje totalmente desnudo, salido de la nada y caminando por el monte. Podía ser una víctima de bandoleros al que hubieran asaltado, un apasionado amante del sol o simplemente un provocador. Al no recibir ninguna petición de auxilio optaron por descartar el atraco así que aplicaron una de las leyes plasmadas en el manuscrito de su código de caballería: la estupidez y la provocación se batallan con la ignorancia y la indiferencia, por lo que pasaron de largo dejando al susodicho que aireara sus vergüenzas con libertad y alegría... o pena, porque lucir semejante cuerpo escombro cubriéndose el apéndice varonil tan solo con un retal más diminuto que el pañuelo de una dama de la nobleza no es para alardear ni presumir de figura escultural.

Ya por fin arribaron a la taberna del cantinero de cuna oriental. Lord Enrique, al que sus evidentes y más que constatadas fuerzas esta jornada le jugaron una mala pasada, recobró de forma casi milagrosa el aliento y su habitual y risueño semblante tan solo con la imagen de la jarra helada frente a él. Contra ese espumoso enemigo todos se envalentonaban por igual. Brindis, saludo al guerrillero Jorgini renqueante de una lesión y bien acompañado, despedida y cada cual a su choza.

Una más y seguían sumando.

“Mañana estaré triste, mañana.
Hoy no, hoy estoy alegre
y todos los días por más amargos que sean,
yo digo:
Mañana estaré triste, hoy no.”

(Poema encontrado en una pared del dormitorio de los niños del campo de Auschwitz)  


miércoles, 26 de mayo de 2021

22·05·2021

21. Camina hacia tu sueño.

“Es una locura odiar a todas las rosas

porque una de ellas te pinchó,

renunciar a todos tus sueños

porque uno de ellos no se realizó”

              (El Principito)

 Esta nueva quedada fue planificada por el Maestro a una hora inusual para evitar la rima fácil que tanta guasa, chufla y chascarrillo da de sí. La predicción del chamán auguraba buen tiempo y siguiendo esta vez su consejo el atuendo invernal y el ropaje cortavientos o bien quedó en el ropero de la choza o presto acabó en las alforjas de la montura.

A pesar de la más que holgada y tardía hora prevista para iniciar la cabalgada el innombrable hidalgo hizo alarde de nuevo de su falta de puntualidad. No tenía ni excusa ni perdón y menos habitando en una morada a tiro de arco del Azud del Ebro. En tiempo de batallas hubiera recibido un severo castigo: que menos que una docena de latigazos, uno por cada jinete que en esta jornada y por culpa suya tuvo que esperar ansioso la partida. Si de este aprendiz de juntador de palabras hubiera dependido con gusto le habría aplicado tal penitencia.

Partió la tropa dirección a Santa Isabel quedando rezagados Lord Gocha y el explorador Javier M´Oskitt junto al lumbreras anteriormente citado. Con prontitud darían alcance al resto, incluso antes de arribar a la pasarela, pues cuando el Brigada tensa las trinchas, oprime los estribos y marca su particular marcha castrense las millas se consumen fugazmente.

Con la reagrupación, y por fortuna, hubo tiempo para insuflar aire a los acelerados pulmones y relajar el apresurado bombeo de sangre. Pero el sosiego se zanjó con rapidez, se impuso la cadencia marcial y a un ritmo nada desdeñable este tropel de alazanes se personó en un visto y no visto en el Azud de Urdán. De Azud a Azud y por el... te la... ... nada, aquí no cuela la rima.

Un breve pis-stop, cuatro risotadas, trago de agua y de nuevo a colocar las posaderas en la silla de montar para reiniciar la galopada hacia el barrio del Comercio, Villanueva, calzada de Leciñena y vedado de Peñaflor. Un camino novedoso para la mayoría de los jinetes y por ello una grata sorpresa. Cuenta la leyenda que el Maestro Pascual dedicó parte de la semana a adecentar y limpiar de piedras, cantos y guijarros este flamante recorrido para deleitar a los caballeros. Quizás le faltó cargar en el carromato algún viaje más pero el que hace lo que puede no está obligado a más. Y menos para alguien que se desvive por la hueste como lo hace él.

Engullidos por el pinar que los rodeaba comenzaron la primera de las ascensiones del día y sin apenas percibir el sudor en el pelaje de los corceles se plantaron a los pies de la Atalaya donde antes de saborear las viandas que portaban invocaron a los dioses con la Danza del Gallo para que fueran bendecidos y santificados dichos manjares.

Con el zurrón de las fuerzas colmado y tras un efímero paso por la Ermita de San Cristóbal afrontaron el reto de más entidad y relevancia del libro de ruta de esta jornada: el Alto del Campillo. El sol, sabedor de la dureza de la escalada, fue benévolo y complaciente y se mantuvo en un segundo plano oculto tras las nubes para no atormentar en exceso a los guerreros. Incluso el aire atesoró bondad y generosidad menguando su ímpetu y el brío de ocasiones anteriores. En fila de uno y con la conocida complicidad entre jinete y corcel fueron coronando el desafío con bravura y arrojo y ya desde el mirador jalearon y llevaron en volandas en la última rampa al bragado y vigoroso hombretón venerado por todos por su ejemplar y modélica tenacidad.

Tanto el descenso como el trayecto de regreso a la villa discurrieron sin incidencias ni sobresaltos. Es más, con tanta placidez y bonanza que el caballero con más descaro y carente de vergüenza Lord Miguel (siempre “on” nunca “off”) y el innombrable peleado con la puntualidad se enfrascaron en la ardua labor de ensayar el bramido con el que relinchar y brindar jarra en mano al término de la ruta.

Y así se dispuso la ceremonia en torno a las mesas de la taberna de Santa Isabel mientras procedían a la merecida hidratación. Contaron con la estimable y agradecida colaboración del fornido y legendario guerrero Mamolar, quien debía plasmar sobre lienzo la imagen del brindis pero... ... ... quizás la emoción del momento le superó o quizás demasiada mano para tan fino pincel, el caso es que no pudo atinar el instante preciso que deseaban retratar. No será su mayor virtud pero tiene otras tantas más que hay que quererlo sí o sí.

Tras este desliz se regocijaron con la amena tertulia, donde Sir Daniele y su mano derecha Joaquín se afanaron en poner dientes largos y provocar sana envidia (¿sana?) con sus futuros proyectos de viajes y correrías. Un admirable espejo en el que vale la pena intentar reflejarse, si señor. No hubo tiempo para más así que regresaron a sus respectivas moradas con la ilusión y esperanza de que la semana volase los más rápidamente posible para reencontrarse de nuevo en la andanza del siguiente sábado y compartir flamantes aventuras frescas.

A pesar de lo narrado en este tostón no hicieron nada diferente ni especial de lo que ya venían practicando desde tiempos antiquísimos: salir a cabalgar como una hermandad, en un ambiente marcado por la fraternidad y la concordia, esquivando flechas y sin prestar atención a los dardos envenenados que pudieran caer sobre ellos. Porque la armonía, unión, camaradería y diversión, el compañerismo, compadraje, alborozo y entusiasmo, el buen ambiente, bullicio y jolgorio, así como las ganas de gozar de una afición común no son propiedad exclusiva de nadie ni nadie tiene la patente y potestad sobre estos valores y virtudes. Están ahí para uso, hábito y disfrute de todos y todos tenemos la libertad y la oportunidad de disponer y beneficiarnos de ellos.

“Que la paz sea con vuestras mercedes

pues dignos merecedores de ella sois

por vuestros actos, palabras y pensamientos”


lunes, 24 de mayo de 2021

15·05·2021

20. Alazanes: raíz y brotes verdes.

“Detrás de cada línea de llegada, hay una de partida.

  Detrás de cada logro, hay otro desafío"

 (Madre Teresa de Calcuta)

Un nuevo amanecer para una nueva andadura.

Porque así lo dispuso el destino, las tierras colindantes a la antigua Caesaraugusta iban a ser testigos de las correrías de una novedosa caballada de alazanes, equinos caracterizados por la tonalidad rojiza de su pelaje y con la que anhelaban tributar homenaje a la Hueste de caballería “BttZaragoza” a la cual pertenecían y cuyo color principal del estandarte y del atuendo era similar o al menos un tanto parejo.

Ya llevaban un par de semanas cabalgando por libre, con quedadas improvisadas y rutas sin planificar al detalle, sin trabas ni cortapisas. Pequeñas incursiones los jueves al atardecer y cabalgadas más distanciadas los sábados hasta que una vez forjado el grueso de la mesnada y por consenso decidieron airear la primicia y pregonar el alumbramiento del nuevo brote aflorado en el tronco del árbol común.

En la primera ruta transitaron por los montes de Villamayor, Alfajarín, subida al Toro (o casi) y ya dirección a Pastriz sufrieron la ira del enemigo más aborrecido y despreciable de estos lares, el cierzo, quien los abofeteada vilmente de frente con la ilusa esperanza de retardar al máximo su tradicional comparecencia en la taberna. Todo quedó ahí, en una estéril tentativa pues a estos bravos jinetes no hay quien los frene cuando olfatean el inconfundible aroma de la cerveza servida en jarra gélida.

Una semana después una docena de alazanes encaminaron su galope hacia San Juan de Mozarrifar y Cueva de Colandrea con un puntual despiste en la lectura de mapa y brújula y una menos sorprendente emboscada en el terreno inexplorado (no me lo puedo creer...). Aunque lo peor llegaría tras el baile como ofrenda prometida a los dioses y ya de camino de vuelta con la caída del fiel escudero Dani con quien el infortunio se cebó mezquinamente después de estar toda la ruta en la zaga guardando las espaldas y amparando al resto de la tropa. Semejante batacazo tan solo se saldó con la fractura de un dedo pero fue suficiente para truncar los ánimos de una jornada que hasta ese momento discurría sencillamente genial.

Ahí estuvo resolutiva una vez más la gran Capitana enviando una paloma mensajera a su paladín más querido, el cual con la celeridad y presteza del mítico caballo alado Pegasus acudió con su carruaje al socorro y rescate del herido. Es un portento y pronto volverá a trotar junto a los jinetes que ya gimotean su ausencia..

Y llegó el día. Con el beneplácito y aprobación del alto estamento y la nobleza que rigen los designios de la Hueste corrieron la voz y publicaron en los diversos tablones el bando que proclamaba la primera ruta oficial de los Alazanes. Un hormigueo de ilusión callejeaba por las entrañas de más de uno de los 16 jinetes que para este evento habían confirmado su asistencia. Caballeros veteranos, junto a otros no tanto y ciertas caras nuevas. Pero eso sí con ausencias de guerreros de renombre por diferentes causas: viajes, celebraciones, secuelas de caídas y enfermedades comunes. Desde establos dispares repartidos por toda la villa acudieron a la Fuente de La Junquera, lugar emblemático y habitual de quedada, con las cinchas, arreos, correas, estribos y herraduras en perfecto estado de revisión así como con las sillas, mantillas, espuelas, polainas y demás equipamientos escrupulosamente pulcros y lustrosos como bien se merecía la ocasión.

La ruta corta y divertida como así había hecho saber y pronosticado el Maestro Pascual. Los caminos y sus dificultades se encargaron de dividir el escuadrón en pelotones definidos y en formación escalonada pero que, como mandan las leyes de caballería no escritas, se reagrupaban en los puntos señalados, cuando no estaban a la vista unos de otros o la distancia entre ellos se dilataba más de lo deseado. Con prontitud y pasados los Vales de Cadrete comenzó el terreno ascendente, sin excesivo desnivel pero que unido a los tramos de sube y baja iban mermando las fuerzas en un continuado desgaste hasta llegar a los pies de la cuesta más pronunciada. Ahí sí que sí, picando espuela, apretando estribos, amarrando trinchas y triando la trayectoria menos áspera, abrupta y pedregosa conquistaron la cumbre para desde allí deleitarse con la preciosa estampa que les ofrecía la naturaleza desde la Plana de Lobaco.

La vuelta vertiginosa como buenos potros desbocados, pero eso sí, con conocimiento y responsabilidad. Si algo caracteriza el carácter del caballo alazán es su gran valentía, elevada energía, privilegiada inteligencia y su comportamiento equilibrado y amigable. Es por todo ello por lo que se crea un vínculo de confianza mutua con sus cuidadores y caballistas formando binomios en perfecta sintonía. Todo este nexo y simbiosis entre montura y jinete, corcel y caballero, quedó patente y de manifiesto durante la cabalgada. Porque así debía ser y así fue.

Ni que decir donde finalizó la jornada verdad?. Pues sí, en la terraza, jarra en mano y brindando por todo y por todos a la voz de:

“Volvemos de una pieza,

con dignidad y entereza.

Bici sin cerveza,

no me entra en la cabeza”


miércoles, 5 de mayo de 2021

05·05·2021

“Los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones,

nuestro enemigo más fuerte, el miedo a nosotros mismos,

la cosa más fácil, equivocarnos,

la peor derrota, el desaliento,

los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor,

las sensaciones más gratas, la buena conciencia,

el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos

y la disposición para hacer el bien.”

 (Extraído de “El Quijote de la Mancha”, Miguel de Cervantes)

 Percibes parte tristeza y pesadumbre, parte frustración y decepción cuando aprecias que tu mensaje no solo no ha calado ni se ha interpretado como era tu voluntad y anhelo sino que, tras ser distorsionado y convertido en un fiasco, se ha volteado en tu contra.

Al igual que el capitán del barco que emite palabras de aliento a la marinería ante un inminente naufragio y es desoído y desatendido e incluso recriminado y culpado de la previsible tragedia, así te llegas a sentir cuando en un escrito anterior con el que tan solo buscas limar asperezas y ensalzar las virtudes que hay que defender a capa y espada, apartando todo aquello que perjudica, lo único que se crea es confrontación y hostilidad por aquellos que buscan mal intención donde no la hay, que releen entrelíneas con lupa rastreando indicios molestos, que adulteran sin sentido comentarios, tergiversan expresiones y confunden el alma del texto porque lo ojean a través de un prisma tan oscuro como el ambiente creado.

En ocasiones nos ciega de tal manera “nuestra realidad” que nos enfrascamos en una absurda caza de brujas buscando culpables para justificar nuestros propios errores propiciando una innecesaria purga y el desmembramiento de la fortaleza que nos unía. Metidos de pleno es esa espiral de despropósitos el desenlace no puede ser nada halagüeño y las secuelas se avecinan desalentadoras y desagradables para todos. Hay situaciones que son como el eco: si no nos gusta lo que estamos recibiendo, fijémonos en lo que estamos emitiendo.  Después de mirarnos al espejo y con la mente abierta y despejada ya podremos juzgar con convicción los sonidos del resto.

Por fortuna la gran mayoría entendió con prontitud y claridad el propósito de ese alegato, quizás porque fue leído con la mejor de las predisposiciones y captando la idea general y global que se quería transmitir con él. Sin más, sin doble lectura, tal y como fue redactado.

Ese desconsuelo y amargura, desengaño y revés se vio apaciguado y mitigado por la cantidad de notas recibidas, aplaudiendo tanto el mensaje en sí como las palabras utilizadas para expresarlo, con respeto, delicadeza y esmero, salpicado con gotas de ironía y gracia, pero jamás con desaires, menosprecios, ofensas ni gestos o alusiones malintencionadas.

Mi más sincero y profundo agradecimiento a todos ellos por las vibraciones positivas que me han obsequiado y mis disculpas para quien dudó de la buena fé con la que fue concebido el texto por no haber sido capaz de trasmitirles, con la transparencia deseada, la idea reconciliadora pretendida.

 “Cuando cambias el modo en que ves las cosas,

las cosas que ves cambian también”

 (Wayne Dyer)


martes, 20 de abril de 2021

 

20·04·2021

Hace bien poco un compañero me preguntó con curiosidad sobre el sentido, significado y autoría de la frase que utilizo como firma en el foro, en comentarios, estados y otros escritos: 

“Todo lo que ilumina debe permanecer ardiendo”.

No fue complicado de explicar: todo aquello que suma, lo positivo, auténtico y válido, lo ilusionante, satisfactorio, grato, provechoso y ventajoso, lo que engrandece, ennoblece, honra y hace prosperar, lo que crea esperanza, optimismo y confianza... ...  por todo esto y mucho más así es por lo que hay que afanarse y batirse en duelo para defenderlo y protegerlo.

En ocasiones cuando se navega en aguas embravecidas, turbulentas y tormentosas la solución no está en buscar otras más tranquilas, mansas y plácidas sino en fortalecer y reforzar el barco en el que tantas batallas hemos librado y tanta gloria nos ha dado y no en desguazarlo, desmantelarlo ni mutilarlo.

Por el contrario, con todo aquello que resta no hay que perder ni un granito del reloj de arena, tan solo dejar que se debilite, se consuma y se desvanezca hasta que en el recuerdo solo queden sus cenizas y la imagen del humo disipándose como un mal sueño.

Todo lo demás, lo que no ilumina, lo que no ha de permanecer ardiendo, no me interesa, no lo acepto ni lo comparto.

No soy más que un simple aprendiz de juntador de palabras en versión barata y de rebajas, con más defectos que virtudes (por suerte) y estoy completamente seguro que también el menos indicado para dar consejos a nadie pero si dejo en el aire una reflexión para quien haya tenido el valor, la fortaleza y la resistencia de leer este tostón hasta aquí: rectificar es de sabios y el sabio que rectifica, ese sabio, ese sí merece el aplauso y el reconocimiento de todos pues su rectificación será alabada y enaltecida. No hay sabio más loable y admirado que el que lejos de creerse dueño de la razón absoluta rectifica a tiempo sus errores.

Y quien dice sabios... ...

“No comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo.”

(Voltaire)


17·04·2021

19. Villamayor - Petrusos - Balsa salada de Alfajarín

Lugar de quedada, el Azud. Con los participantes de la ruta ya reunidos se formaron los grupos con el asentimiento y la conformidad de todos así como con el beneplácito del Maestro Pascual, ese comandante que te sabe llevar atado pero sin apretar el nudo, amarrado pero sin llegar a asfixiarte, guiándote con soltura pero sin soltarte la mano. El liderazgo se gana, no se impone y el Maestro sabe bien como gestionarlo. El es así y por eso cuenta con la admiración y el respeto de todos nosotros. Ni un ceño fruncido ni una mala cara, todo sonrisa y semblante de felicidad. Y ya si alguna vez fuéramos capaces de completar un track suyo sería elevado al altar de los Supremos.

 Personas así suman e iluminan y por ello hay que arroparlas y preservarlas.

Tik Tok: Como en rutas anteriores pudimos deleitar a los asistentes con el gracejo natural que la genética nos ha otorgado para la danza y el baile. Con la dulzura y elegancia en los movimientos y la armonía y sincronización a la hora de enlazar los pasos nos convertimos una vez más en la envidia de cisnes, garzas y pavos reales.

Pero el Tik Tok es más que eso. Es el lapso de tiempo en el que miembros de todos los grupos participan juntos en una función, en el que actores y espectadores funden sus sonrisas, en el que unos pierden la vergüenza (si alguna vez la tuvieron) para que todos puedan gozar, saborear y regocijarse, aunque tan solo sea por unos minutos, de un acto conjunto sabedores que en breve bajará el telón y reiniciaran la marcha separados.

Momentos así suman e iluminan y por ello hay que ensalzarlos y evocarlos.

La cerveza: con la Barca atestada de babor a estribor y de proa a popa por marineros y pasaje la última parada cambió de ubicación. Pero no así las tradiciones. En torno a mesas separadas, juntos pero no revueltos, pisándonos las palabras y con los oídos aturdidos por el vocerío, fueron el júbilo, las risas, la diversión y la algarabía las que se adueñaron de las entrañas y del espíritu de los sedientos ruteros. Y al grito ensordecedor de: “Esparmaños... que agujeros os duele?” y su consabida respuesta: “au au au!!!” concluyó la quedada de otro sábado, una vez más espléndida y genial.

Los finales de ruta así suman e iluminan y por ello deben permanecer en el recuerdo y repetirse hasta la saciedad.



27·03·2021

18. Vallobera Larga, camino de la Virgen de la Dorleta. 

La primavera cayó en sus inicios con la contundencia y firmeza del mazo sobre el yunque y con todas sus esencias, fragancias, colorido y sonoridad sobre el último grupo de la ruta despertando y liberando en éstos la oxitocina, dopamina, serotonina, noradrenalina y feromonas, o lo que es lo mismo las hormonas del amor, del placer y la motivación, del estado de ánimo, del alivio y de la atracción.

 El resultado se puede considerar altamente lamentable pues lo que empezó con comentarios sobre las Mama Chicho y las azafatas del Un, dos, tres, la cháchara fue elevando el tono de forma soez y ordinaria, sobre todo para un abanderado de la timidez y el retraimiento como un servidor, hasta el punto de que el más joven y en teoría alocado del grupo giraba la cabeza con gestos negacionistas totalmente avergonzado, mientras el responsable solo podía articular una y otra vez la misma frase: “que he hecho yo para que me haya tocado rodar con estos ...”. Para colofón nuestra visión se vio dañada con la imagen que sorprendió a todos de un striptease inmoral e indecente del hombre más calmo y sosegado que bajo la mascarilla y su tupida barba esbozaba una pícara sonrisa.

Espero que a quien corresponda tome las medidas pertinentes para que situaciones así no las tengamos que volver a padecer. Por fortuna al alcanzar al grupo de delante tanto desenfreno y libertinaje se transformó en cánticos, jotas, bromas, chascarrillos, chistes y tertulias de todo tipo montando un cotarro de lo más reconfortante, divertido y agradable.

Ambientes así suman e iluminan y por ello hay que mantenerlos vivos.


sábado, 10 de abril de 2021

10·04·2021

Aún sin conocerte te estoy agradecido.

 

Luz del faro que guía al bajel amigo

dando paz entre aguas tormentosas,

décadas de penalidades y alegrías

con tu brillo timonea bien orientado.

 

Vil vejez traidora arribada sin aviso

mástiles que desvanecen su fortaleza

velas rasgadas mostrando su penuria,

más ahí unido a él estás tú navegando.

 

Palabras compartidas a babor y estribor

endulzando siempre la perpetua sonrisa

aliento que a todo marinero nos contagia,

tú eres la venerada causante, bien lo sé yo.

 

Aún sin conocerte te estoy agradecido.

 

Dedicada a un amigo, compañero de rutas, pedales, fatigas, palabras y tertulias pero sobretodo a su mujer en el 45 Aniversario de boda. Agradecido por cuanto sé que has hecho por él en momentos complicados.

Felicidades.


jueves, 25 de marzo de 2021

19·12·2020

17. Trilogía: “EL CONJURO DEL HECHICERO”

PARTE  III

“Ellos son los que se adentran

en lo desconocido y lo conquistan,

son los que alcanzaron las más altas cimas,

son los que se criaron escuchando hazañas

y ahora escriben las suyas.”

 

Entrados ya en el último mes del año y palpando las deseadas Navidades el conjuro comenzó a dar su fruto para sorpresa de todos. De las hojas de la hiedra supuraba una savia jamás vista por su color y textura, la cual fue cuidadosamente recolectada y envasada como si de polvo de oro se tratara. Cierto es que incluso podían estar frente al tesoro más deseado y valioso: una vacuna con la que hacer frente al poder de la parca y a su mortífero aliado invisible.

Tan solo faltaba profesar actos de Fé: ofrecer esta nueva esperanza a dioses cristianos, paganos y mitológicos. Partieron un 19 de Diciembre rumbo al Toro Sagrado de Alfajarín para mostrarle agradecimiento y demandarle su legendaria fortaleza en un ritual con el cual en otras épocas habrían sido víctimas de la Inquisición. El ambiente en el punto de salida era especialmente jocoso y elegante pues el que más y el que menos había adornado su montura con aderezos navideños y se había ataviado con sus mejores túnicas y gorros roji-blancos típicos de estas fechas. Ni el torturante frío gélido que se cebaba con ellos ni la persistente niebla que los aguijoneaba con su humedad eran capaces de borrar las sonrisas de las caras ni de apagar el brillo de ilusión que desprendían sus ojos. No tardaron en divisar las ruinas del castillo musulmán y abriéndose paso a través de la bruma cerrada culminaron la ascensión reagrupándose a los pies de la majestuosa silueta del animal mítico protagonista de la ofrenda. Con el baile previsto realizado y el propósito de la ruta consumado era hora de retornar a la aldea por la Alfranca y la pasarela del Bicentenario a un ritmo asfixiante para la mayoría de los corceles.

Una semana después, el 26 de Diciembre, y por ser la última cabalgada del año decidieron hacer un guiño a la doctrina cristiana y santificar la savia de la esperanza en la Ermita de San Jorge. No podían esperar al 23 de Abril, fecha de su festividad, cuando los lugareños se dirigen en procesión hasta allí para asistir a una misa tras la cual el sacerdote bendice los campos del municipio y los nobles y señores de la villa invitan a pan y vino a los asistentes. Previamente debieron ascender y transitar por los molinos del Parque eólico Arias, esos que tan bien le habrían servido de fuente de locura a Don Quijote. A partir de ahí, camino llano y trote ligero hasta el cementerio del Burgo donde comienza la escalada hacia la Ermita con unas rampas finales del 20% en las que hay que apretar los estribos, echar el cuerpo hacia delante y no levantar las posaderas de la silla de montar. Una vez coronada la cumbre, mientras los potros recuperaban el resuello y antes de bendecir la pócima sagrada, los valerosos jinetes disfrutaron de las admirables vistas que les ofrecía el paisaje.

Con el comienzo del nuevo año las cabalgadas previstas para proseguir con las ofrendas sufrieron un penoso revés por culpa de las inclemencias del tiempo. La ruta de los Belenes del 2 de Enero se vio truncada por el agua-nieve que se posaba sobre los bravos guerreros que, aun siendo conocedores de la que se avecinaba, ensillaron sus monturas y galoparon hasta que el barrizal les imposibilitó la marcha. No hay mal que por bien no venga y no hay contrariedad que no se pueda endulzar. Merced a esta retirada a tiempo tuvieron la fortuna de poder empapuzarse con un chocolate caldeado y engullir unos churros recién hechos cortesía de la pariente de un fiel seguidor de la hueste tricolor.

No corrió mejor ventura la ruta señalada para una semana después, el 9 de Enero, hacia la Cueva Encantada. La villa, como prácticamente todo el Reino, amaneció con un manto blanco radiante de considerable espesor fruto de una nevada histórica que sorprendió a propios y fascinó a extraños.

Por fin el 16 de Enero los establos se desocuparon y las herraduras volvieron a bailar con brío esta vez por Miralbueno, Garrapinillos, camino de Bárboles, Torre Medina y puente de Clavería. Tampoco iba a resultar un transitar sobre pétalos de rosas. El incordiante y engorroso cierzo no quiso perderse la función e incluso osó actuar activamente en ella. Pero ni él ni cien vientos más poseen la fuerza suficiente para frenar a nuestros actores principales. Debían realizar el ritual pagano del Fuego en la Pirotecnia y nada lo iba a impedir.

Persistente en su intento juró venganza una semana después, el 23 de Enero, mientras nuestros caballeros cabalgaban por las sendas del río Gállego, San Juan de Mozarrifar, la Cartuja y Valdegurriana. Pero poco podía hacer ante la veteranía de estos paladines y su maestría, destreza y pericia en el arte de parapetarse y guardarse ante sus acometidas.

Barro, nieve, cierzo... ... Aún faltaba un cuarto invitado detestado: la lluvia. Y esta se presentó sin ser convocada el 30 de Enero. Las nubes que aligeraron su carga durante la noche y la previsión al alba forzaron a tomar la infeliz pero acertada decisión de cancelar la partida que debía poner rumbo hacia Peñaflor, la Ermita de san Cristóbal y la Cuesta del Fraile. Más que anularla simplemente se pospuso una semana y el 6 de Febrero iniciaron la ruta bajo una fina ducha de minúsculas gotas casi imperceptibles  que formaban fastidiosos lodazales a su paso. Les aguardaba una idílica ascensión entre pinares y vegetación típica del bosque mediterráneo y tras coronar la cumbre no sin esfuerzo, afán y sacrificio brindaron la savia milagrosa para recibir su bendición. Trotando de retorno al hogar transitaron por las inmediaciones de la Cartuja de Nuestra Señora de Aula Dei, uno de los conjuntos más importantes del Reino tanto por su arquitectura como por las obras de arte que encierran sus muros. Rodeada por una muralla de ladrillo y cubierta por teja árabe se deleitaron con la imagen de la sobria Iglesia central, la gran plaza ajardinada, el claustro donde se ubica el cementerio, la hospedería, las capillas privadas, el refectorio, la biblioteca y las celdas individuales de los monjes cartujos con su dormitorio, oratorio, estudio, comedor, huerto, taller y solana.

En esta peculiar ronda por castillos, ermitas, iglesias y demás no podían ni debían faltar a la cita con el emplazamiento más alto de la antigua Caesaraugusta: Santa Bárbara. Por ello un 13 de Febrero y tras espolear sus monturas por los galachos de Juslibol, Alfocea, Cantarranas, Rosales, Montecanal y Valdespartera se plantaron a los pies de la pronunciada y escabrosa senda que los encarrilaría hasta los restos de la fortaleza construida con obra de tapial y piedra y que posteriormente sería reformada para edificar sobre ella la Ermita que se presentaba ante sus ojos con grandes pérdidas de material y aspecto ruinoso. La desazón se apoderó de ellos al ser testigos de lo que es capaz el ser humano en nefasta alianza con la naturaleza. No había tiempo para lamentos y una vez practicada la solemne ceremonia iniciaron la vuelta por la Cartuja y el camino de la Alfranca.

El elenco de lugares por donde debían peregrinar estaba a punto de concluir y así el 20 de Febrero bajo una túnica sombría y grisácea que iría cediendo ante el empuje de los destellos solares partieron en busca de la Cueva Encantada por el barranco de San Juan en las proximidades de Alfajarín. Asegurando los pasos con cautela y precaución se dejaron guiar por la estrechez del acotado sendero en el que tan solo había espacio para una montura. Asegurando firmemente la riendas ante el incesante zigzagueo y enfundados entre las lomas del barranco hallaron por fin el objetivo de la ruta: la cueva. Y allí mismo depositaron unas gotas de la esencia milagrosa con la esperanza de que el encantamiento del lugar contagiara su poder. La vuelta, jubilosa y optimista por haber cumplido con el cometido de su misión, la concluyeron por los términos de La Puebla de Alfindén y Villamayor.

Ya solo faltaba celebrarlo y para ello decidieron retornar al primer destino de la correría para cerrar el círculo y clausurar el propósito de tantas andanzas, aventuras y desventuras: el Toro de Alfajarín. Pero esta vez se presentaba la jornada de forma diferente pues no hay forma mejor de festejar una conquista o una victoria que frente a un suculento y ostentoso menú de genuina dieta mediterránea. Por custodiar fielmente la imagen de la hueste no pregonaré más detalles. Lo que fue digno de alabar fue la perfecta organización tanto de los preparativos como del acto en sí. Tras una pacífica invasión de la plaza de Pastriz y el buen hacer de la taberna la jornada de hermandad finalizó envueltos en una nebulosa de fraternidad y amistad que superó cualquier expectativa.

Durante meses obraron tal y como sus principios así le marcaban. El germen de esperanza ya estaba difundido por doquier y el conjuro del Hechicero ya estaba concluido. El resto no dependía de ellos, los creyentes debían suplicar en sus rezos y los paganos encomendarse al destino.

Pero el final de esta lacra, o no, será otra historia, o no.


“Empieza haciendo lo necesario,

después lo posible,

y de repente te encontrarás

haciendo lo imposible”

(San Francisco de Asís)

FIN

“La mejor manera para predecir nuestro futuro es crearlo”

(Dr. Forrest C. Shaklee)