Relatos y crónicas de las rutas con Btt Zaragoza, apuntes y reflexiones infumables o no tanto, versos propios que pretenden rimar y retales variopintos...
jueves, 19 de agosto de 2021
jueves, 12 de agosto de 2021
martes, 3 de agosto de 2021
domingo, 25 de julio de 2021
Asomado en el mirador de su alcoba y con la mirada perdida en el horizonte vio llegar al mensajero cubierto de polvo y, al igual que su caballo, al borde de la extenuación. Llevaba tiempo esperando ansiosamente noticias desde su retiro espiritual donde disfrutaba del merecido letargo estival.
Con prontitud la misiva que portaba el sofocado correo recaló en sus manos y sin dilación fracturó el sello lacrado. Una vez aposentado cómodamente en su mullida poltrona se dispuso a leerla:
"A la atención de Lord Paskual, ilustre y noble Maestre de la Honorable Orden de los Alazanes:
Como bien es conocedor vuestra merced, en estas últimas semanas no he tenido la fortuna de poder cabalgar con nuestros bravos caballeros al ser requeridos mis servicios de vigilancia y protección por los comerciantes y mercaderes de la villa. Más aún así confidentes e informadores han tenido a bien mantenerme debidamente al día sobre las andanzas, aventuras y desventuras de nuestra tropa.
Pero antes considero obligado recordar la correría del 19 de Junio, la última organizada por su distinguida persona (con la estimable colaboración del prestigioso cartógrafo Sir David Divad) y en la que galopamos por la Ruta de las Ermitas junto a compañeros de los diferentes clanes de la Gran Hueste. Jinetes de los Riders, Finisher, China Chana, SPQR y Principiantes se unieron a esta aventura de forma espontánea para nuestro gozo y regocijo. Un orgullo comprobar que ya somos considerados uno más de la distinguida Hermandad y que tenemos el reconocimiento de la mayoría.
La ruta espectacular, con el paso por la Ermita de Nuestra Señora del Pueyo en Villamayor, vedado de Peñaflor, la tradicional ascensión a la Atalaya, el paso por Leciñena, las escaladas hasta el Santuario de la Virgen de Magallón, Ermita de Nuestra Señora de Asteruelas y cuantas aparecieron en el camino.
Ya de vuelta fuimos alumnos aventajados de una enseñanza magistral impartida por vuestra merced sobre cómo descabalgar de la montura como a uno bien le viene o le da la gana aunque no sea de la forma más usual y por ello acabe besando el suelo. Lección que raudos pusieron en práctica los más jovenzuelos pues ellos también acabaron rodando pendiente abajo y de paso arrastrando a un familiar formando así un amasijo irreconocible de jinetes y monturas que incluso llegó a agrietar la armadura de uno de los corceles.
Por fortuna no hubo que lamentar ninguna lesión de gravedad pero este incidente, unido a algún otro infortunio y despiste más, impidió a la mayoría poder hacer la preceptiva parada en la taberna pues la arena del reloj nunca se detiene y había que regresar al hogar sin tiempo para brindar, engullir la gélida cerveza y darle un buen tiento a las patatas de costumbre.
Quede tranquilo Maestre Paskual, pues tras esta ruta y en las posteriores semanas los caminos, sotos, veredas, montes, cerros, sendas y calzadas lindantes a la Villa también contaron con la presencia de nuestros Alazanes.
Cierto es que con ausencias notables, unos por obligaciones o necesidades familiares o laborales, otros por estar vagando por las costas mediterráneas o por los pueblos de montaña del interior, otros disfrutando de la codiciada licencia vacacional, alguno por andar festejando con la dueña de su corazón mientras que algún otro rondaba a la dama de sus sueños por tierras extremeñas y el resto por motivos más insólitos y peculiares. Como Lord Henryke quien tuvo que acompañar, apoyar e instruir a su primogénito en los Torneos y Justas organizadas por la nobleza en los que participaba defendiendo el estandarte de su familia. O también como el Conde Armand de Puendeluna quien anduvo visitando las tierras y posesiones de su feudo en las Cinco Villas para controlar en primera persona las reformas habidas en su palacete.
El 26 de Junio y sometidos bajo la férrea disciplina castrense del Mariscal de Campo Gocha nuestros caballeros dirigieron su galope por la Vallobera Larga hacia las sendas de Goya para una vez culminada la ascensión recorrer las Planas hasta el mirador, desde allí deleitarse con la espectacular panorámica que se presentaba ante ellos y retornar por Cadrete. ¡¡¡Ay la Vallobera!!! esa ladera prolongada a la par que tendida y que tan buenos recuerdos le traen a más de uno, como los de aquella ocasión en la que entre risotadas y carcajadas debido a ciertas chácharas primaverales, calenturientas y subiditas de tono acabaron rebautizándola como “ruta de las Ga ... viotas”.
Pocos eran e hicieron lo que saben hacer los pocos: dejar el pabellón de la Orden bien alto. Junto a esos dos gloriosos veteranos que se niegan a compartir con el resto la fórmula mágica del elixir de la juventud eterna cabalgaron el Man of Arms Humbert, el hombre sin hambre que ya ha aprendido a dar buena cuenta de las viandas que porta, el infalible Centurión Jorgini con su regio porte marcial y bastión imposible de doblegar, el terremoto indomable Javier M´Oskitt capaz de obsequiarnos con su dulce y meloso refunfuño mientras cabalga sin manos y el bravo berserker vikingo Mamolar a quien los infelices mosquitos tomaron como presa fácil.
Pobre de ellos. Mala elección pues desconocían la leyenda sobre este guerrero que fue capaz de hacer llorar a una roca al caer sobre ella. Una y otra vez trataron de penetrar su piel de acero sin el resultado anhelado. Al tiempo un viajero aventurero venido de las tierras norte-africanas comentaba la extraña aparición por allí de una plaga de minúsculas moscas negras las cuales observándolas de cerca estaban todas melladas, desdentadas o con los colmillos romos y desportillados. Curioso. ¿Quizás eran las mismas que emigraron en busca de víctimas más tiernas?
El 03 de Julio de nuevo siete Alazanes partieron de sus establos. De nuevo siete pero no los mismos siete, los que salen por los que entran. Para esta ocasión sepa vuestra merced que Sir Pak O´Inés retornó de su exilio voluntario por fondeaderos, acantilados y playas del litoral para honrarnos con su grata presencia y fluida verborrea en la nueva cabalgada. Es más, se dignó a preparar la ruta por los Vales Esteparios, esas extensiones de suaves relieves y espacios abiertos en tonos ocres, blanquecinos, plomizos y pardos que bajo una estricta climatología origina una elevada aridez pero de alto valor ecológico por la singularidad de las especies vegetales y animales que las habitan adaptadas a ese medio tan exigente. Bien es sabedor vuestra merced todo sobre estos páramos.
Cría fama y échate a dormir. Muy a su pesar, los otros jinetes eran perfectos conocedores de la de Sir Pak O´Inés por lo que el temor a las trampas, vallas, túneles, cadenas, barrizales, cumbres inalcanzables de no ser a pie, sendas intransitables y demás, los envolvió como una niebla angustiosa. Por fortuna contaban con la presencia del talismán de la Orden, Lady Marian Ligth, quien con su templanza y serena sonrisa apaciguó todo canguelo y desconfianza. Y así, una vez superado todo recelo y resquemor, el entorno se iluminó con el júbilo, regodeo y entusiasmo habitual hasta alcanzar el vértice geodésico marcado como objetivo principal de la correría.
El 10 de Julio quedará marcado en el Archivo de la Orden como el día del retorno a los caminos del Caballero del guantelete de yeso Sir Danniel Guss una vez finalizó su travesía personal por el túnel del desasosiego y la desesperación. Doloroso camino solo paliado en parte por el ánimo y apoyo que pudo percibir de todos nosotros, a quienes nos alentaba la ilusión de volver a cabalgar junto a este fiel paladín y noble defensor de nuestros ideales.
Junto a él otra grata reaparición. Quien sabe si de verdad fue por el desdichado infortunio de su mujer que la obligaba a estar postrada en el camastro de su chabola, o como mucho me temo porque la amenaza vertida sutilmente de que o volvía o nos veríamos obligados a ir a por él surtió el efecto deseado, el caso es que Lord Miguel Lion participó con su gracejo natural en esta cabalgada.
Tuvieron a bien pensar en el convaleciente, preparar un trayecto cómodo y trotar a un ritmo placentero hasta la Presa de Pina para volver por Alfajarín. Eso sí, desistieron de la idea inicial de ascender a la Cueva Encantada pues ya para entonces las posaderas de Danniel Guss estaban para pocos encantos.
No sé si hago bien en contarle a vuestra merced que todas sus aflicciones y dolencias se fueron difuminando milagrosamente hasta esfumarse por completo conforme los tragos de cerveza circulaban por su gaznate como almas perseguidas por el Diablo. Mano de Santo si bien es cierto y necesario apuntillar que fue preciso ocupar de jarras vacías toda la mesa del bar Begoña de Santa Isabel para que este prodigio mágico viera la luz.
Y por fin llegó el 17 de Julio, fecha en la que había sido relevado de mis obligaciones con el mercadillo de corte británico y pude disfrutar de la ruta junto a mis jinetes añorados. También contamos con Sir Louis Jim Eno, el soriano con la agenda más saturada que la de cuantos nobles y señores feudales pueda conocer vuestra merced, con el rayo centelleante Jesús Electry y su corcel Flash y con el alma libre Álvaro, un escudero sin rumbo fijo, conversación multi-temática y semblante de tan buen zagal que es imposible llamarle la atención ni someter a castigo alguno.
Remontamos el Ebro hasta Torres de Berrellén acompañados siempre por la música que afloraba de un insólito y chocante artefacto que portaba Lord Miguel Lion prendido en su armadura. Todo baile sobre las monturas, hechos más significativos y escenas pintorescas como la del brindis del final de la cabalgada quedarían grabados para la posteridad por nuestros artistas del lienzo y pincel.
Y poco más le puedo contar a vuestra merced sobre las andanzas, aventuras y desventuras de sus nobles caballeros de la Orden de los Alazanes acaecidas en estas últimas jornadas en las que tanto se le ha echado de menos.
Sin más papiro sobre el que escribir, con el tintero vacío y las plumas con las puntas quebradas se despide su humilde servidor:
Hidalgo Fernán del Turia”
Satisfecho con las noticias recibidas, el ilustre Lord Paskual pudo descansar tranquilo mientras en su mente inquieta ya planeaba la ruta de la siguiente semana en la que, satisfechos ya sus compromisos familiares (con cuñados incluidos), podría volver a galopar arropado por esos jinetes que tanto aprecio, respeto y admiración le procesan.
Y así siguieron los Alazanes forjando su historia y marcando su destino, sin hacer ruido, medio en la sombra, sin necesidad de estar en primera línea y sin grandes pretensiones. Les bastaba con el apoyo y el trato fraternal recibido por la Hermandad Btt Zgz. Y eso ya lo tenían.
“Cuando los obstáculos aparezcan
cambia el camino para alcanzar la meta,
pero no cambies tu decisión de llegar hasta allí”
(Zig Ziglar. Alabama, 1926/2012)
martes, 22 de junio de 2021
martes, 8 de junio de 2021
a veces la última llave
es la que abre la puerta.”
Cuando todo confluye para que el destino sea halagüeño la fortuna le sonríe con certeza. Y bonanza, gozo y satisfacción es lo que nos deparó la ruta de este domingo por el Parque Nacional de Ordesa y sus impresionantes miradores.
Aceptaron el reto 17 osados entre invitados de lujo, como demostrarían posteriormente, y compañeros del Club. Algunos de ellos se entremezclaron sin apenas conocerse o habiendo coincidido en contadas ocasiones, pero en un día como este los nombres de los grupos quedan archivados y solo hay una piña: Btt Zaragoza.
Por fortuna la lozanía del más jovenzuelo elevaba la media de edad del resto porque el que ya no estaba calvo del todo como un servidor la naturaleza le pronosticaba un final similar. Los había con la frente ampliada por entradas prometedoras mientras otros contaban con una única salida de escaso pelo. Y el que aún podía presumir de melena al viento la portaba con orgullo pero adornada con matices y tonos blanquecinos. Eso sí, al contrario que con Sansón, el secreto de nuestra fortaleza no reside en el pelaje. Menos mal.
Lugar de quedada: el parking de Broto donde algún mosquito zumbón no dudó en vociferar a los cuatro vientos: “si Enrique no llega tarde, llega Fer, pero uno de los dos seguro”. Y claro, así fue y así se volvió a cumplir la sentencia y la reprochable costumbre. Aunque no fue del todo culpa mía de poco iba a servir tratar de excusarme esta vez así que apechugué con la ofensa con resignada naturalidad. Cría fama y... ... ...
Con las monturas prestas y dispuestas iniciamos la marcha en grupos perfectamente organizados. O igual no fue exactamente así, tengo lagunas mentales y secuelas por el mal de altura que debí padecer. De aperitivo y para ir calentando piernas, pulmones y corazón tuvimos que digerir un primer “puertecito” de una docena de kilómetros por buen asfalto y transitando entre el pulmón verde que nos rodeaba y nos insuflaba el oxígeno que buena falta nos haría más adelante.
Tras un reagrupamiento para dar cuenta de las primeras viandas y algunos para airear el ciruelillo afrontamos el descenso desde Fanlo con la intención de disfrutarlo al máximo. Como cambia la película cuando, con el fiel aliado de nuestro sobrepeso, nos dejamos caer a velocidades vertiginosas agradeciendo la inestimable colaboración de esos kilos forjados con tesón y constancia desde tiempos remotos y que por el contrario cuando la rueda delantera apunta al cielo cuestan tanto de arrastrar.
Poco dura la alegría en casa del pobre y lo que ascendiendo se prolonga hasta la eternidad cuesta abajo pasa en un suspiro. Prácticamente y sin tiempo de recuperar nos vimos en Nerín con la imagen del autobús coronando la primera cima. Para los noveles en esta lid aquello ya nos parecía una elevación destacable. Ignorante de mí, no tardaría mucho en darme cuenta que tan solo era una liviana gota de agua en ese mar de tierra y rocas que parecía no tener fin. Con los oídos receptivos acepté de buen grado los sabios consejos de los que ya habían realizado esta ruta, alguno de ellos incluso varias veces y por recorridos diferentes: “no apretes, ves a tu ritmo, ojo que queda mucho... ...”. Eso es digno de aplauso y agradecimiento. Lo de “reserva algo para el final” es otro cantar: ¿Reservar?¿reservar el qué?, pero si a media ascensión los pedales ya giraban solos, por propia inercia, al límite y bajo mínimos. No se puede reservar de donde no hay ni para gastar.
Si algo se aprende en este tipo de rutas es el papel fundamental que juega la cabeza y la mentalidad. Por eso cuando frente a mí observé a una chica en bici con vestimenta de paseo dominguero y a ritmo de Verano azul y que a pesar de esforzarme por alcanzarla la misión me resultaba imposible un negro nubarrón envolvió las escasas neuronas sanas que aún me quedan. Por fortuna para mi dignidad, aunque algo tarde, los compañeros me abrieron los ojos: su bicicleta era eléctrica!!! Por segunda vez, ignorante de mí.
La dureza y exigencia del camino fue dejando un rosario de héroes separados en pequeños grupetes o diseminados en solitario, con puntuales y breves reagrupamientos en recovecos donde comichear algo, estirar las piernas, aligerar lastre y tras cuatro palabras reiniciar la ascensión. La visión de las largas e interminables rampas se repetía una y otra vez, de las cuales esperábamos con delirio que la que se divisaba en el horizonte fuera la última pero al llegar a su final y girar, la escena se reiteraba y entre los ojos se clavaba otra similar. Para la tocada moral del novel esta situación no ayudaba mucho.
Mano de santo fue el agua que sudaba de entre las rocas formando un riachuelo y que tras refrescarme con ella se llevó buena parte de mis males. Hubo algún compañero que incluso llenó el botellín y a día de hoy no hemos recibido ningún parte médico por gastroenteritis, buena señal.
Por fin fuimos llegando al cruce del primer mirador, el más espectacular según comentaron después los que subieron por la senda hasta él. No todos, unos porque ya lo conocían de visitas anteriores, otros porque llegaron con molestias físicas o agotamiento y alguno porque solo con divisar la obligada caminata que le esperaba declinó la invitación. Por tercera vez, ignorante de mí. Y esta, imperdonable.
Mientras esperábamos sobre el manto verdoso que se postraba a nuestros pies para continuar la correría, y que bien lo hubieran deseado para sí Heidi y su abuelo, el frío montañés de los más de 2000 metros de altura nos aguijoneaba sin compasión ni piedad. Entre la paz y el sosiego del momento, pero castigado por la baja temperatura, surgió como una visión el recuerdo del jersey de ganchillo de la abuela con su bufanda, gorro y manoplas a juego así como los calzoncillos bien subidos muy por encima de la cintura para no coger frío en los riñones a costa de sellar herméticamente la rajadura de las posaderas. ¿A quien no se los han colocado así alguna vez?
Los otros miradores sí que contaron con la visita de toda la tropa. Necesitaría folios y folios para describir el regalo que me ofreció la naturaleza desde ahí. Cuanto pudiera contar parecería poco. Hay que ir, saborear el momento y deleitarse con el lugar. No hay más.
Cortos también quedaron los avisos sobre la dificultad del descenso hasta el río Ara. Doce kilómetros de camino roto, pedregoso, martirizante y torturador que te va martilleando constantemente a ritmo de redoble de tambor, anestesiando pies y manos y engarrotando los dedos fijos e insensibles en las manetas de freno. Frenos que también padecieron lo suyo y que alguno desprendía una fragancia peculiar a tostadora vieja o sartén chamuscada. Con prudencia y sin incidentes nos fuimos reuniendo sobre el puente con la melodía de fondo del río y las notas de su danza sobre la rocas.
Lo peor ya había pasado, o casi todo. Faltaba la puntilla, la emboscada final. Mala sombra quien ideó semejante repecho para salir a la carretera. O estaba aburrido, tenía pocas luces o la diseñó como bien le vino y pudo. Lo verdaderamente decepcionante fue no tener un móvil a mano y poder plasmar para regocijo posterior y hasta la eternidad la imagen de ese puñetero mosquito, que había empezado la jornada con burla hacia mi, subiendo el rampón... ... andando!!! Se libró, cagüen tot.
Y hasta Broto como balas. Tras acondicionar las bicicletas en los respectivos coches se dio una de las imágenes del día cuando, ofreciendo y compartiendo comida, unos de pie y otros sentados en el suelo formando corros, más que un grupo de adultos que acababan de realizar una ruta ciclera parecíamos un grupo de Boys Scouts al final de una acampada o excursión por el campo. Tan solo faltó la guitarra y las típicas canciones pegadizas.
Despedidas, abrazos imaginarios y choques de puños para finalizar una jornada brillante y genial.
Si ayer me dices de repetir la ruta lo hubiera dudado y mucho. Pero hoy en frío, descansado, repuesto, y con el frasco de alcohol de romero vacío te digo que por supuesto que sí. Pero hoy no... ... ... (Ahí os la dejo botando).
“Fija tus ojos hacia delante
en lo que puedes hacer,
no hacia atrás
en lo que no puedes cambiar”
Mil gracias a todos por todo.
jueves, 3 de junio de 2021
miércoles, 26 de mayo de 2021
porque una de ellas te pinchó,
renunciar a todos tus sueños
porque uno de ellos no se realizó”
(El Principito)
A pesar de la más que holgada y tardía hora prevista para iniciar la cabalgada el innombrable hidalgo hizo alarde de nuevo de su falta de puntualidad. No tenía ni excusa ni perdón y menos habitando en una morada a tiro de arco del Azud del Ebro. En tiempo de batallas hubiera recibido un severo castigo: que menos que una docena de latigazos, uno por cada jinete que en esta jornada y por culpa suya tuvo que esperar ansioso la partida. Si de este aprendiz de juntador de palabras hubiera dependido con gusto le habría aplicado tal penitencia.
Partió la tropa dirección a Santa Isabel quedando rezagados Lord Gocha y el explorador Javier M´Oskitt junto al lumbreras anteriormente citado. Con prontitud darían alcance al resto, incluso antes de arribar a la pasarela, pues cuando el Brigada tensa las trinchas, oprime los estribos y marca su particular marcha castrense las millas se consumen fugazmente.
Con la reagrupación, y por fortuna, hubo tiempo para insuflar aire a los acelerados pulmones y relajar el apresurado bombeo de sangre. Pero el sosiego se zanjó con rapidez, se impuso la cadencia marcial y a un ritmo nada desdeñable este tropel de alazanes se personó en un visto y no visto en el Azud de Urdán. De Azud a Azud y por el... te la... ... nada, aquí no cuela la rima.
Un breve pis-stop, cuatro risotadas, trago de agua y de nuevo a colocar las posaderas en la silla de montar para reiniciar la galopada hacia el barrio del Comercio, Villanueva, calzada de Leciñena y vedado de Peñaflor. Un camino novedoso para la mayoría de los jinetes y por ello una grata sorpresa. Cuenta la leyenda que el Maestro Pascual dedicó parte de la semana a adecentar y limpiar de piedras, cantos y guijarros este flamante recorrido para deleitar a los caballeros. Quizás le faltó cargar en el carromato algún viaje más pero el que hace lo que puede no está obligado a más. Y menos para alguien que se desvive por la hueste como lo hace él.
Engullidos por el pinar que los rodeaba comenzaron la primera de las ascensiones del día y sin apenas percibir el sudor en el pelaje de los corceles se plantaron a los pies de la Atalaya donde antes de saborear las viandas que portaban invocaron a los dioses con la Danza del Gallo para que fueran bendecidos y santificados dichos manjares.
Con el zurrón de las fuerzas colmado y tras un efímero paso por la Ermita de San Cristóbal afrontaron el reto de más entidad y relevancia del libro de ruta de esta jornada: el Alto del Campillo. El sol, sabedor de la dureza de la escalada, fue benévolo y complaciente y se mantuvo en un segundo plano oculto tras las nubes para no atormentar en exceso a los guerreros. Incluso el aire atesoró bondad y generosidad menguando su ímpetu y el brío de ocasiones anteriores. En fila de uno y con la conocida complicidad entre jinete y corcel fueron coronando el desafío con bravura y arrojo y ya desde el mirador jalearon y llevaron en volandas en la última rampa al bragado y vigoroso hombretón venerado por todos por su ejemplar y modélica tenacidad.
Tanto el descenso como el trayecto de regreso a la villa discurrieron sin incidencias ni sobresaltos. Es más, con tanta placidez y bonanza que el caballero con más descaro y carente de vergüenza Lord Miguel (siempre “on” nunca “off”) y el innombrable peleado con la puntualidad se enfrascaron en la ardua labor de ensayar el bramido con el que relinchar y brindar jarra en mano al término de la ruta.
Y así se dispuso la ceremonia en torno a las mesas de la taberna de Santa Isabel mientras procedían a la merecida hidratación. Contaron con la estimable y agradecida colaboración del fornido y legendario guerrero Mamolar, quien debía plasmar sobre lienzo la imagen del brindis pero... ... ... quizás la emoción del momento le superó o quizás demasiada mano para tan fino pincel, el caso es que no pudo atinar el instante preciso que deseaban retratar. No será su mayor virtud pero tiene otras tantas más que hay que quererlo sí o sí.
Tras este desliz se regocijaron con la amena tertulia, donde Sir Daniele y su mano derecha Joaquín se afanaron en poner dientes largos y provocar sana envidia (¿sana?) con sus futuros proyectos de viajes y correrías. Un admirable espejo en el que vale la pena intentar reflejarse, si señor. No hubo tiempo para más así que regresaron a sus respectivas moradas con la ilusión y esperanza de que la semana volase los más rápidamente posible para reencontrarse de nuevo en la andanza del siguiente sábado y compartir flamantes aventuras frescas.
A pesar de lo narrado en este tostón no hicieron nada diferente ni especial de lo que ya venían practicando desde tiempos antiquísimos: salir a cabalgar como una hermandad, en un ambiente marcado por la fraternidad y la concordia, esquivando flechas y sin prestar atención a los dardos envenenados que pudieran caer sobre ellos. Porque la armonía, unión, camaradería y diversión, el compañerismo, compadraje, alborozo y entusiasmo, el buen ambiente, bullicio y jolgorio, así como las ganas de gozar de una afición común no son propiedad exclusiva de nadie ni nadie tiene la patente y potestad sobre estos valores y virtudes. Están ahí para uso, hábito y disfrute de todos y todos tenemos la libertad y la oportunidad de disponer y beneficiarnos de ellos.
“Que la paz sea con vuestras mercedes
pues dignos merecedores de ella sois
por vuestros actos, palabras y pensamientos”
lunes, 24 de mayo de 2021
Detrás de cada logro, hay otro desafío"
(Madre Teresa de Calcuta)
Un nuevo amanecer para una nueva andadura.
Porque así lo dispuso el destino, las tierras colindantes a la antigua Caesaraugusta iban a ser testigos de las correrías de una novedosa caballada de alazanes, equinos caracterizados por la tonalidad rojiza de su pelaje y con la que anhelaban tributar homenaje a la Hueste de caballería “BttZaragoza” a la cual pertenecían y cuyo color principal del estandarte y del atuendo era similar o al menos un tanto parejo.
Ya llevaban un par de semanas cabalgando por libre, con quedadas improvisadas y rutas sin planificar al detalle, sin trabas ni cortapisas. Pequeñas incursiones los jueves al atardecer y cabalgadas más distanciadas los sábados hasta que una vez forjado el grueso de la mesnada y por consenso decidieron airear la primicia y pregonar el alumbramiento del nuevo brote aflorado en el tronco del árbol común.
En la primera ruta transitaron por los montes de Villamayor, Alfajarín, subida al Toro (o casi) y ya dirección a Pastriz sufrieron la ira del enemigo más aborrecido y despreciable de estos lares, el cierzo, quien los abofeteada vilmente de frente con la ilusa esperanza de retardar al máximo su tradicional comparecencia en la taberna. Todo quedó ahí, en una estéril tentativa pues a estos bravos jinetes no hay quien los frene cuando olfatean el inconfundible aroma de la cerveza servida en jarra gélida.
Una semana después una docena de alazanes encaminaron su galope hacia San Juan de Mozarrifar y Cueva de Colandrea con un puntual despiste en la lectura de mapa y brújula y una menos sorprendente emboscada en el terreno inexplorado (no me lo puedo creer...). Aunque lo peor llegaría tras el baile como ofrenda prometida a los dioses y ya de camino de vuelta con la caída del fiel escudero Dani con quien el infortunio se cebó mezquinamente después de estar toda la ruta en la zaga guardando las espaldas y amparando al resto de la tropa. Semejante batacazo tan solo se saldó con la fractura de un dedo pero fue suficiente para truncar los ánimos de una jornada que hasta ese momento discurría sencillamente genial.
Ahí estuvo resolutiva una vez más la gran Capitana enviando una paloma mensajera a su paladín más querido, el cual con la celeridad y presteza del mítico caballo alado Pegasus acudió con su carruaje al socorro y rescate del herido. Es un portento y pronto volverá a trotar junto a los jinetes que ya gimotean su ausencia..
Y llegó el día. Con el beneplácito y aprobación del alto estamento y la nobleza que rigen los designios de la Hueste corrieron la voz y publicaron en los diversos tablones el bando que proclamaba la primera ruta oficial de los Alazanes. Un hormigueo de ilusión callejeaba por las entrañas de más de uno de los 16 jinetes que para este evento habían confirmado su asistencia. Caballeros veteranos, junto a otros no tanto y ciertas caras nuevas. Pero eso sí con ausencias de guerreros de renombre por diferentes causas: viajes, celebraciones, secuelas de caídas y enfermedades comunes. Desde establos dispares repartidos por toda la villa acudieron a la Fuente de La Junquera, lugar emblemático y habitual de quedada, con las cinchas, arreos, correas, estribos y herraduras en perfecto estado de revisión así como con las sillas, mantillas, espuelas, polainas y demás equipamientos escrupulosamente pulcros y lustrosos como bien se merecía la ocasión.
La ruta corta y divertida como así había hecho saber y pronosticado el Maestro Pascual. Los caminos y sus dificultades se encargaron de dividir el escuadrón en pelotones definidos y en formación escalonada pero que, como mandan las leyes de caballería no escritas, se reagrupaban en los puntos señalados, cuando no estaban a la vista unos de otros o la distancia entre ellos se dilataba más de lo deseado. Con prontitud y pasados los Vales de Cadrete comenzó el terreno ascendente, sin excesivo desnivel pero que unido a los tramos de sube y baja iban mermando las fuerzas en un continuado desgaste hasta llegar a los pies de la cuesta más pronunciada. Ahí sí que sí, picando espuela, apretando estribos, amarrando trinchas y triando la trayectoria menos áspera, abrupta y pedregosa conquistaron la cumbre para desde allí deleitarse con la preciosa estampa que les ofrecía la naturaleza desde la Plana de Lobaco.
La vuelta vertiginosa como buenos potros desbocados, pero eso sí, con conocimiento y responsabilidad. Si algo caracteriza el carácter del caballo alazán es su gran valentía, elevada energía, privilegiada inteligencia y su comportamiento equilibrado y amigable. Es por todo ello por lo que se crea un vínculo de confianza mutua con sus cuidadores y caballistas formando binomios en perfecta sintonía. Todo este nexo y simbiosis entre montura y jinete, corcel y caballero, quedó patente y de manifiesto durante la cabalgada. Porque así debía ser y así fue.
Ni que decir donde finalizó la jornada verdad?. Pues sí, en la terraza, jarra en mano y brindando por todo y por todos a la voz de:
“Volvemos de una pieza,
con dignidad y entereza.
Bici sin cerveza,
no me entra en la cabeza”





